
Siempre digo que los dirigentes políticos no hablan por sus discursos, sino por sus presupuestos. Y este Día Internacional de la Mujer nos encuentra en un país en el que por primera vez existe un Presupuesto Nacional que incorpora la perspectiva de género de manera transversal. Estamos hablando, más específicamente, de un 3,4% del PIB destinado a prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres y personas LGTBI+.
Se trata, por supuesto, de contar con un Presidente con el suficiente compromiso político como para transformar la lucha contra la violencia de género en una cuestión de Estado pero, sobre todo, de un hecho histórico: nunca tuvimos tantas feministas ocupando cargos y empujando por lo mismo como en este momento.
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Este Presupuesto nace de un señalamiento que los feminismos venimos manifestando hace años y es que las políticas públicas no son indiferentes al género. Por lo que la forma de diseñarlas, implementarlas, más el presupuesto que se les asigna, impacta directamente en la actividad económica, la distribución de los ingresos, la infraestructura, los servicios públicos, y por lo tanto, las brechas de desigualdad.
Quienes tenemos la enorme responsabilidad de gobernar y decidimos llevar la igualdad de género como bandera, sabemos que no alcanza con el diseño de políticas públicas adecuadas, sino que es fundamental la asignación de un presupuesto acorde para llevarlas adelante. En ese sentido, contar con un Presupuesto de esta índole es central para cerrar las brechas, como también para ordenar prioridades y visibilizar las acciones que contribuyen a avanzar en este camino hacia una sociedad más igualitaria.
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Sin dudas el Presupuesto 2021, junto con la reciente y tan peleada ley de IVE, se suma a una serie de hitos feministas por los cuales celebrar en un día como hoy, pero no debemos distraernos: en Argentina cada 23 horas ocurre un femicidio. Y si bien se están generando programas e iniciativas para revertir y palear esta situación, durante la pandemia del COVID-19 aumentó la pobreza que afecta principalmente a las mujeres y disidencias, como también la sobrecarga por las tareas domésticas y de cuidado que sufrimos a diario.
La pandemia nos sacó de las calles, encerró a muchas de nosotras con sus agresores y acrecentó la emergencia feminista, pero a pesar de ella volvimos y pusimos el cuerpo con todos los cuidados necesarios. Porque si hay algo que sabemos las feministas que gobernamos, es que antes que nada somos feministas. Y vivir una vida feminista significa estar siempre atentas, luchando codo a codo, sabiendo que nada se nos regala y que debemos seguir trabajando, sin cansancio y sin olvidarnos de las bases, por esa realidad con mayor dignidad, igualdad y autonomía que tanto soñamos y que hoy seguimos construyendo.
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