Palabras que inspiran para superar las diferencias

Joe Biden, en su primer mensaje, apuntó a la búsqueda de la unidad nacional en su país, claramente dividido por una grieta cultural y económica más que importantes

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El presidente Biden apuntó sus primeras palabras a atender la recesión profunda en la que se encuentra su economía (Reuters)
El presidente Biden apuntó sus primeras palabras a atender la recesión profunda en la que se encuentra su economía (Reuters)

Una buena y primera lección para los argentinos que venimos trabajando, con entusiasmo, la original grieta política convirtiéndola, a enorme velocidad, en grieta económica (pobreza y desigualdad) y cultural (presiones de las minorías militantes y activas).

Dos ejemplos: la grieta social marcada por el aumento de 10 puntos porcentuales de la pobreza entre el segundo trimestre de 2019 y de 2020 (el presidente Alberto Fernández lo anticipó como consecuencia de la pandemia) y la ampliación de la grieta cultural, marcada -por ejemplo - por la decisión del Gobierno Nacional de requerir, para participar de un salón nacional de artes, identificarse con una o más, de 18 opciones de género de las que cuatro son de sexo.

¿Cómo no va a ser discriminar exigir a un artista, para concursar, identificarse con opciones que pueden ser – según el gobierno nacional - mujer, transgénero, homosexual, marica, travesti, hombre, etc,? (sic). ¿No sería más lógico y respetuoso, no preguntar otra cosa que el nombre y apellido para poder inscribirse? ¿Y el INADI no hará nada? ¿Por qué hay que declarar al Estado cómo me percibo?

Joe Biden apuntó a la crisis sanitaria de los EEUU que tal vez sea, en términos comparados, la mayor del planeta desarrollado y sin duda de su historia. ¿No se deberían aprovechar esas palabras para reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra crisis que no es pequeña?

Para algunos profesionales, aparte de la DISPO en la que todos coinciden, sólo cabe esperar la vacuna. Una espera angustiante que castiga a muchos países y a nosotros, particularmente por cierto entusiasmo que ha demostrado ser novato. ¿No sería oportuno “refrescar ideas” y abrir un debate, más allá de las legítimas convicciones personales, sobre otras posibilidades que sí se están llevando a cabo? ¿O se va a cultivar la grieta sanitaria?

Todas las grietas se sellan con el diálogo honesto a la búsqueda de soluciones. Y lo único que disuelve grietas es pensar en términos de futuro.

La crisis económica

También el presidente Biden apuntó sus palabras a atender la recesión profunda en la que se encuentra su economía. Sin duda, la Argentina está en una dimensión mucho más grave y más significativa -una estanflación que si se mira con honestidad, dejando de lado intervalos de pura deuda, lleva más de cuatro décadas- y además la debe enfrentar con menos instrumentos y, sobre todo, con un escenario de enojos que impiden cualquier reflexión en profundidad.

¿Si empezarámos una reunión con la pregunta “usted que haría” y usted, quiénes supone que estarían peor o mejor, después de aplicar las medidas propuestas? Honestidad intelectual, por ahora, también escasa.

Invecq Domecq Lanau IIF Recesiones Argentina EEUU
Fuente: Invecq Domecq Lanau IIF Recesiones Argentina EEUU

Los primeros pasos de Biden incluyen una propuesta orgánica de enfrentamiento al covid-19 y un programa de recuperación económica mucho más enérgico que lo esperado. Ambas cosas son lo común a todos los países del planeta que sufren con cierta impotencia el ataque de un virus minúsculo muy contagioso y de peligrosa letalidad, que se ha montado sobre una escena económica muy lejana a las grandes tasas de crecimiento, de los incrementos de la productividad y de avances en materia social, que fueron la nota mundial de décadas pasadas. El bienestar de largo plazo no abundaba antes de la pandemia.

Aquel escenario venturoso del pasado occidental en los últimos años estaba aletargado. Y no fue el mejor escenario para soportar los impactos de una pandemia. El covid-19 le asestó a las economías y a la sociedades, un golpe importante del que no será factible una emergencia rápida.

Los bancos centrales de muchos países flexibilizaron sus políticas monetarias para paliar los efectos de la crisis sanitaria (Reuters)
Los bancos centrales de muchos países flexibilizaron sus políticas monetarias para paliar los efectos de la crisis sanitaria (Reuters)

La respuesta de los países ha sido básicamente aumentar el gasto público, las ayudas y compensaciones en un escenario de crecimiento golpeado y riesgos de empleo. En la Argentina se ha hecho lo mismo y tal vez menos de lo necesario, aunque lo posible escasea.

Sustitución de producción nacional

A esta altura deberíamos volcarnos a reflexiones más concretas haciendo lo imposible por escuchar tanto en lo que tiene que ver con la pandemia y tratamiento, como en lo que tiene que ver con la actividad.

Un ejemplo pequeño de lo poco atentos y proactivos que estamos. En la provincia de Córdoba hay una fábrica de jeringas que podría producir 2 millones de unidades por mes con 30 empleados. Está parada. Le falta capital. Por eso se están importando a precios mayores al costo que podría producir esta empresa si le contrataran entregas y le financiaran el capital de trabajo. Ni hablar de la diferencia en el costo social de 30 empleos cordobeses comparados con demandar trabajo probablemente chino.

¿Dónde están los realizadores de hechos y no los pronunciadores de discursos? Winston S. Churchill dijo: “Los hechos valen más que los sueños”. Nos están faltando hechos y están sobrando palabras.

En la provincia de Córdoba hay una fábrica de jeringas que podría producir 2 millones de unidades por mes con 30 empleados. Está parada. Le falta capital, por eso se importan (EFE)
En la provincia de Córdoba hay una fábrica de jeringas que podría producir 2 millones de unidades por mes con 30 empleados. Está parada. Le falta capital, por eso se importan (EFE)

Todos los Estados han visto crecer su déficit fiscal. Y la abundancia de liquidez ha generado ciertos entusiasmos financieros que, con la baja de la tasa de interés y el avance relativo de China, han significado -lo que para la Argentina es una excelente noticia- una mejora en los precios de las materias primas.

La inflación en los principales países ha sido muy baja, pero la abundancia de liquidez sin que se haya verificado, o se imagine inmediata verificación, una aceleración de la producción, hace que muchos analistas prevean a futuro un escenario de mayor suba de precios al consumidor.

El déficit fiscal primario de 6,5% del PBI desborda la línea de lo que es ese desequilibrio en la mayor parte de los países del mundo. Más déficit, más inflación y menos actividad es la consecuencia, en parte al menos, de nuestra traducción económica de la pandemia.

Pero el problema argentino no es sólo la ausencia de un mercado de capitales en pesos de la magnitud necesaria para financiar al sector público, sino además la falta de acceso al crédito externo a consecuencia del riesgo país que hace inviable toda financiación al 16% anual en dólares.

Pero cabe aclarar que el endeudamiento externo no nos exime -en el caso de obtenerlo- de tener que emitir los pesos equivalentes para realizar los gastos y -en consecuencia- si existiera un mercado libre abastecido por el BCRA, esas “reservas” prestadas durarían lo que un suspiro. Mauricio Macri nos dio el ejemplo.

La incapacidad de financiación “genuina” (en pesos del mercado local a una tasa real que no supere el crecimiento del PBI) no se puede resolver pari passu la emergencia, no obstante y es importante destacarlo, la gestión del ministro Martín Guzmán ha logrado captar recursos en pesos en magnitudes que antes de ahora no se habían logrado.

La incapacidad de financiación “genuina” (en pesos del mercado local a una tasa real que no supere el crecimiento del PBI) no se puede resolver pari passu la emergencia, no obstante y es importante destacarlo, la gestión del ministro Martín Guzmán ha logrado captar recursos en pesos (Reuters)
La incapacidad de financiación “genuina” (en pesos del mercado local a una tasa real que no supere el crecimiento del PBI) no se puede resolver pari passu la emergencia, no obstante y es importante destacarlo, la gestión del ministro Martín Guzmán ha logrado captar recursos en pesos (Reuters)

La falla de los que se financiaron en dólares es no haber previsto como generarlos (el puente de dólares es más riesgoso que el de pesos). Parece increíble: pero cuando vamos por el camino de la deuda no percibimos que termina en un “cul de sac”, salvo que nos preparemos para sumar exportaciones y disminuir importaciones. ¿Si el 80% de la población trabaja en servicios refleja que estamos pensando en ello?

Hay países desarrollados que necesitan colocar parte de su producción de bienes de capital y para los que la financiación es una posibilidad y para los cuáles, seguramente, los términos del intercambio en crecimiento nos califican como países para inversión atada a crédito. ¿Podremos seducir estando de pie?

Un horizonte más que importante, para la Argentina, para desarrollar estrategias de integración industrial y transferencia tecnológica en materia ferroviaria, de la industria naval y de las energías limpias, entre otras, está presente. Lo que no está es la estrategia. Lo que oímos son ofertas chinas que no necesariamente responden a una estrategia de desarrollo nacional, porque no la tenemos.

Un ejemplo de no tener esa idea y de casamiento torpe, es la represa Condor Cliff La Barrancosa que figuraba 20 en el listado de represas elegibles y que tendrá un costo final de generación que la pone en la cola de las prioridades. Obra sin plan. ¿Cuándo será hora de pensar antes y de actuar después? Y no viceversa.

Joe Biden ha abierto un nuevo horizonte en los Estados Unidos. En ese gran país, a pesar de su valioso modelo de “american way of life” nunca se logró el bienestar y la equidad social para todo el pueblo americano. Recordemos la guerra contra la pobreza declarada luego por Lyndon Johnson en los 60 del Siglo XX. Pero además, en los últimos años, los americanos vieron desaparecer la vitalidad de regiones productivas que se convirtieron en el cinturón del óxido de la muerte de pueblos, desempleo abierto y deterioro del nivel de vida. Ahí nació una grieta.

Cuando comenzaba el siglo XXI, Paul Krugman señalaba que estaríamos viviendo por primera vez una etapa en la que los hijos en EEUU vivirían peor que sus padres: es decir ocurría la clausura del progreso que se había acelerado con la Posguerra (Reuters)
Cuando comenzaba el siglo XXI, Paul Krugman señalaba que estaríamos viviendo por primera vez una etapa en la que los hijos en EEUU vivirían peor que sus padres: es decir ocurría la clausura del progreso que se había acelerado con la Posguerra (Reuters)

Cuando comenzaba el siglo XXI, Paul Krugman señalaba que estaríamos viviendo por primera vez una etapa en la que los hijos en EEUU vivirían peor que sus padres: es decir ocurría la clausura del progreso que se había acelerado con la Posguerra. Por esa razón no fue una sorpresa escuchar a su 46º presidente declarar la prioridad nacional de la lucha contra el hambre en la primera potencia mundial.

Ese ha sido, si hacía falta un acento mayor, la puesta en palabras de la evidencia que algo no está funcionando bien, a escala planetaria, en la asignación de recursos. Porque está claro que “los recursos” están pero, la constatación de los hechos, señala que su asignación no resulta aceptable con un criterio ético de bien común: demasiada concentración, demasiada inequidad, pobreza y hambre, en la primera potencia mundial.

Lo que no hemos entendido desde hace 45 años es que, si nada cambia en la política económica estructural, el déficit fiscal seguiría siendo el mismo, no habría disminuido el número de personas pobres, ni el de los desocupados ni el de las personas trabajando en negro. El balance externo sería aproximadamente el mismo y sólo cotizarían muy pocos títulos nacionales y provinciales y así habría bajado notablemente el riesgo país.

Biden se ha propuesto un programa que apunta a la emergencia de la pandemia, de la crisis económica, de la rémora social del hambre y la inequidad distributiva, a retomar la visión universal del medio ambiente, y a procurar que los organismos multilaterales sean el territorio de la confluencia de las naciones en la procura de la ecología y la salud planetaria. Los gobernantes argentinos deberían releer en clave estratégica ese plan.

El segundo presidente católico de los Estados Unidos, un hombre vinculado al movimiento obrero de los demócratas, sin duda, ha tomado mucha inspiración de las cartas encíclicas de Francisco y ha apuntado en sus primeras palabras en esa dirección. Tiene la ventaja de disponer de los recursos y la organización que pocos países tienen. Pero -fundamentalmente- el triunfo electoral no lo confundió: sus primeras palabras han tenido en cuenta la cuestión profunda de la situación de los EEUU de la que la presidencia Trump ha sido un emergente, un golpe sobre la mesa, mal dado, desprolijo, visceral, pero un llamado de atención.

Casi con inspiración alfonsinista -además de la del Papa Francisco- Biden ha comprendido que la democracia no tiene mucho destino si no educa, si no cura, si no da de comer. Tan simple como eso y tan difícil de lograrlo si no se piensan las estructuras para viabilizarlo.

Un Estado activo sale a la calle a buscar los problemas y no espera que le pidan por nota que lo solucione. La peor confusión de la pandemia es que se convierta en un tiempo de fiaca. Y me temo que algo de eso puede pasar o está pasando. El discurso de Biden y su programa contienen pistas inspiradoras.

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