
América Latina está girando hacia el orden y la libertad económica.
Javier Milei en Argentina aplica reformas audaces de ajuste fiscal y desregulación que devuelven previsibilidad a los inversores. Daniel Noboa en Ecuador combina mano dura contra el crimen con impulso a las exportaciones, logrando crecimiento resiliente. José Antonio Kast en Chile representa la opción de austeridad, reducción de impuestos y defensa de la propiedad privada para recuperar la inversión. Rodrigo Paz en Bolivia abre espacio para la generación de riqueza productiva e integración.
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Este movimiento regional no es retórica: es un rechazo colectivo al populismo que dejó inflación, inseguridad y estancamiento.
Este proceso se consolida con la elección y llegada del presidente Donald Trump a la Casa Blanca. Su liderazgo, junto con la presencia de Marco Rubio, ha generado un renovado alineamiento estratégico con América Latina basado en seguridad, inversión privada y fortalecimiento de economías de mercado, incentivando reformas pro-crecimiento en la región.
En este nuevo contexto regional e internacional, el Perú no parte de cero: cuenta con ventajas comparativas y competitivas únicas que pocos países de la región poseen.
Poseemos una de las carteras de inversión más importantes y diversificadas de recursos mineros del mundo, una costa desértica ideal para agroexportación de alto valor (que ya rompió récords superiores a los 15 mil millones de dólares), puertos modernos en el Pacífico con acceso directo a los mercados asiáticos y una ubicación geoestratégica que nos convierte en puente natural entre el Atlántico y el Pacífico. Cuando estos activos se combinan con gobiernos vecinos que también priorizan seguridad y reglas claras, surge una hipótesis poderosa: podemos construir un bloque del Pacífico Sur que reduzca costos logísticos hasta en un 40%, acelere corredores bioceánicos y multiplique el flujo de inversión extranjera y comercio intrarregional.
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Nuestro Plan Perú con Orden transforma esa hipótesis en realidad concreta porque se sustenta en tres pilares irrenunciables: orden ciudadano, orden económico y orden social. Primero, recuperaremos la seguridad con comandos mixtos Policía-Fuerzas Armadas-Fiscalía en zonas críticas, control migratorio estricto, tecnología de videovigilancia con inteligencia artificial y recuperación total de las cárceles. Sin orden en las calles, la inversión responsable huye. Con orden, regresa multiplicada.
En el orden económico, aplicaremos una economía social de mercado con estabilidad macroeconómica férrea. Crearemos una Ventanilla única Digital Nacional con inteligencia artificial para resolver el 80% de trámites empresariales en línea. Modernizaremos la Ley de Minería con plazos obligatorios, fast track para proyectos estratégicos, respeto al medioambiente, licencia social e incentivos a la reinversión y valor agregado. Apoyaremos a las MYPES con formalización real, crédito accesible y menos burocracia. El canon minero se redistribuirá con mayor transparencia y control comunitario, hasta el 40%, para que las familias sientan beneficios directos y no solo conflictos.
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La gestión política será clave y decisiva. Desde el primer día impulsaremos una agenda de integración pragmática con Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Paraguay: armonización de normas sanitarias y fitosanitarias, reconocimiento mutuo de certificaciones, facilitación de cadenas de suministro seguras y lucha conjunta contra la criminalidad, el narcotráfico y la minería ilegal.
Aprovecharemos los corredores bioceánicos ya en marcha (Central Amazónico-Andino y Capricornio) para que nuestros productos lleguen más rápido y barato nuestros principales socios comerciales, como Estados Unidos, Asia y Europa. Un Perú ordenado y predecible se convertirá en el socio confiable para todos.
Mirando hacia 2026-2031, las proyecciones oficiales hablan de un crecimiento promedio anual del 3,2%. Con Perú con Orden podemos superarlo con creces. La inversión privada puede crecer por encima del 10% anual si destrabamos proyectos mineros (por más de 10 mil millones de dólares solo en los primeros años), modernizamos infraestructura portuaria y aeroportuaria, y devolvemos confianza total a los inversores nacionales y extranjeros. Eso significa más empleo formal, reducción acelerada de la pobreza y oportunidades reales para millones de jóvenes peruanos.
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He visto de cerca cómo el orden funciona. Mi padre demostró que, con decisión política, respeto a los contratos y un Estado que no ahogue al emprendedor, el Perú puede crecer a tasas que cambian la historia de un país. Hoy, con la experiencia acumulada, un equipo técnico sólido y un plan detallado, estamos listos para repetir y superar aquel éxito en un contexto regional mucho más favorable.
Los peruanos tenemos frente a nosotros una ventana histórica que no se repetirá fácilmente. La región se alinea hacia el orden, la seguridad y la integración productiva. Si elegimos Perú con Orden, convertiremos nuestras ventajas comparativas y competitivas en prosperidad compartida y liderazgo sudamericano.
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¿Queremos seguir con la incertidumbre y el lento avance, o decidimos liderar este nuevo ciclo con autoridad, sentido común y resultados tangibles?
La respuesta está en nuestras manos. Es hora de elegir orden, inversión y progreso real. Es hora de elegir Perú con Orden.
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