
Alemania, Inglaterra, Francia, Irlanda, Italia y tantos otros países, sin mencionar a Suecia o Uruguay, siquiera. ¿Puede el mundo entero estar equivocado? ¿Puede ser que mantener las escuelas abiertas, aún en el pico de la segunda ola de contagios en Europa, muestre irresponsabilidad o impericia de tantos gobiernos en forma independiente? ¿Puede tamaño error ser cometido por tantos países? ¿Por qué no han esperado estas naciones la vacuna para reabrir las escuelas y exponen a alumnos y docentes al contagio? ¿Podemos considerar que Angela Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson, Luis Lacalle Pou, y tantos otros gobernantes están cometiendo errores tan severos? Sin duda, algo está muy mal en el análisis.
A modo de ilustración, a fines de octubre Irlanda comenzó una estricta cuarentena: las reuniones sociales están prohibidas, los bares y restaurantes cerrados. Al anunciar las medidas, el primer ministro Micheál Martin, enfatizó que las escuelas debían permanecer abiertas. En sus palabras: “Esto es necesario porque no podemos ni permitiremos que el futuro de nuestros hijos y jóvenes sea otra víctima de su enfermedad. Necesitan su educación”.
Otros ejemplos nos los proveen Francia e Inglaterra, quienes establecieron una segunda cuarentena el 28 de octubre y el 4 de noviembre, respectivamente. En ambos casos las empresas no esenciales, restaurantes y bares han cerrado, y sólo se permite salir de las casas por trabajo, razones médicas o compras de comestibles, pero las escuelas han permanecido abiertas.

Al respecto, Johnson expresó que “las escuelas son lo último que el gobierno quiere cerrar como parte de cualquier restricción de bloqueo local” y recordó que “era mejor para la salud de los niños, el bienestar mental y las perspectivas educativas si todos volvían a la escuela a tiempo completo en septiembre (…) era nuestro deber moral el permitirlo”.
Por su parte, el 28 de octubre, Merkel, al anunciar la nueva cuarentena de cuatro semanas a partir del 4 de noviembre, por la cual restaurantes y bares permanecerán cerrados y la gente deberá minimizar los contactos, aclaró que las escuelas y jardines de infantes permanecerían abiertos, “no sólo por su misión educativa, sino también porque su cierre en la primavera pasada (nuestro otoño) ha demostrado qué consecuencias sociales dramáticas tiene cuando los niños no pueden ir a la escuela o a la guardería.”
No debemos esperar un día más, la segunda ola del COVID-19 llegará a la Argentina y para entonces las escuelas deberán cerrarse como última alternativa, como tantos países europeos han tomado la decisión de hacerlo, pero antes de ello, es claro que ¡deben abrirse!
¿Por qué no tener la honestidad de preguntarnos por una vez si no somos nosotros los equivocados por haber cerrado las escuelas durante un año? ¿Por qué no admitir el error, declarar la emergencia educativa, a la educación como un servicio público esencial y abrir las escuelas ya, por supuesto, con todos los recaudos que se implementan en el resto del mundo?
Si el futuro de nuestros chicos nos importa, como sí importa en Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Irlanda, Suecia, Uruguay y todo país que usted se imagine, aprendamos del mundo, no seamos necios, no sigamos evaluando cómo abrir las escuelas. Sencillamente, ¡abrámoslas! No pueden estar cerradas un solo día más.
Este artículo fue publicado originalmente en El Economista (aquí)
* El autor es miembro de la Academia Nacional de Educación y Rector de Ucema
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