Qué es un santuario según el papa Francisco

"Es un lugar de culto, de oración, del silencio del corazón, de la celebración de los sacramentos, casa para los peregrinos y lugar de la misericordia”, dijo el Sumo Pontífice

El papa Francisco
El papa Francisco

El santuario, lugar para expresar la fe

“Cuánta necesidad tenemos de los santuarios en el camino cotidiano que la Iglesia realiza. Son el lugar donde nuestro pueblo se congrega para expresar su propia fe. En la simplicidad de una visita -dice el Papa- nuestros santuarios (…) mantienen viva la piedad popular…”.

Ahí está la Iglesia no sólo como institución, espacio físico, cuerpo místico, sino también como comunidad concreta, continuidad de los discípulos que acompañaron a Cristo en su prédica por Galilea. La Iglesia como multitud o rebaño de pastores y de ovejas.

Pero “las obras de misericordia -dice Francisco- piden ser vividas de manera especial en nuestros santuarios, porque en ellos la generosidad y la caridad se realizan de manera natural y espontánea, como actos de obediencia y amor al Señor Jesús y a la Virgen María”.

Ahí esta la imagen ejemplar de los santos y las santas que lo habitan y le dan su nombre, San Cayetano, Nuestra Señora de Caacupé, Fátima, Aparecida, Santuario Guadalupano y tantos otros incontables levantados en las diversas caras del poliedro Tierra. El santuario es “un lugar”, una roca -como la fe de Pedro- sobre la que los cristianos encontramos un paraje.

“¡Algo me dicen las piedras!/A mí no me engaña el alma.” (Atahualpa, citado por Carlos Otero, En camino hacia su Rostro, pagina, 69, Ágape). Y agrega: “Las cosas que son sagradas/no se deben manosear,/cada uno tiene su altar/en el corazón guardado,/y ha de llevar muy callado/dónde y cuándo ha de rezar".

Los santuarios -naturales o levantados por el ser humano- son lugares propiciatorios del encuentro con lo divino, la apertura del sagrario, la experiencia religiosa que acerca a Dios.

La importancia de acoger a los peregrinos

“Los santuarios son lugares de acogida a los peregrinos individuales o de grupos que se ponen en camino a estos lugares sagrados”, dice el Santo Padre y agrega: “Cuando los visitantes son acogidos, se vuelven más disponibles a abrir sus corazones y dejar que sean moldeados por la Gracia. Un clima de amistad es una semilla fecunda que nuestros Santuarios pueden sembrar en la tierra de los peregrinos, permitiéndoles recuperar esa confianza en la Iglesia…”.

Una buena recepción es para el corazón del peregrino como una brisa de aire fresco en la montaña. Así lo sintió el redactor de esta nota cuando, fugitivo, llegó al santuario de Sao Camilo de Lellis en Usina, Río, hace 20 años.

El santuario, lugar de oración

“La mayor parte de nuestros santuarios –precisó el Pontífice– están dedicados a la piedad mariana. Aquí la Virgen María abre los brazos de su amor maternal para escuchar la oración de cada uno y escucharla. Los sentimientos que todo peregrino siente en lo más profundo de su corazón son los que también encuentra en la Madre de Dios, (quien) nos presenta a cada uno de nosotros al Hijo de Dios en sus brazos como el bien más precioso que toda madre posee…”.

El santuario, lugar para el silencio

Otra consideración que realizó el Papa sobre estos lugares: “Los santuarios están llamados a alimentar la oración del peregrino en el silencio de su corazón. Su oración personal”.

“La guitarra fue a los indios para aprender su secreto, y volvió al pueblo más honda, de tanto beber silencio”, reza la copla popular que recuerda Otero que cantaba Atahualpa.

“Son muchos los que vienen al santuario porque necesitan recibir una gracia, y luego vuelven para agradecer por haberla experimentado, a menudo por haber recibido fortaleza y paz en la prueba. Los Santuarios son lugares fecundos, para que la piedad del pueblo sea siempre alimentada y crezca en el conocimiento del amor de Dios”.

El santuario, lugar privilegiado de la misericordia

Finalmente, Francisco recordó: “…nadie en nuestros santuarios debe sentirse como un extraño, especialmente cuando viene a ellos con el peso de su pecado, por ello, el santuario es un lugar privilegiado para experimentar la misericordia que no conoce límites. De hecho, cuando la misericordia es vivida, se convierte en una forma de evangelización real, porque transforma a los que reciben la misericordia, en testigos de la misericordia. En primer lugar –agregó el Papa– el sacramento de la reconciliación, que tantas veces se celebra en los santuarios, necesita del misionero de la misericordia como testigo fiel del amor del Padre que se acerca a todos y sale al encuentro feliz de haber encontrado a los que se habían perdido".

Por último, dos reflexiones. Todas las religiones levantan lugares de meditación y oración, de reunión de sus seguidores, llámense santuarios, templos o con otro nombre. Basta echar una mirada a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, el Tōdai-ji del budismo en Japón, los santuarios de la religión tradicional china, del hinduismo u otros. Desde una cosmovisión diferente y con una intensa sacralidad los pueblos originarios de América realizan sus ceremonias o rituales religiosos en relación con las energías de la naturaleza y del cosmos. Viven en comunicación con cada una de las fuerzas del mapu a través del mapudungun, el habla de la tierra.

Finalmente, hay un sentimiento superior a los intereses mundanos, muy lejos del ateísmo y del indiferentismo. Un sentir unánime de reconocimiento y sumisión a Dios, un encaminarse a la armonía propia del amor, la libertad y la alegría como expresiones de la religiosidad popular (papa Francisco, EG 126).

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