
Si bajamos las revoluciones del día a día y nos trasladamos por un minuto al 30 de octubre del 2019, a más de uno le dará la sensación de que pasó mucho más de un año. El país era otro. Tres días antes las elecciones presidenciales confirmaban el regreso del kirchnerismo al poder. Desde las PASO en agosto la inestabilidad se había adueñado de la escena política y económica, generando un clima enrarecido del que no alcanzamos a salir antes de entrar en este 2020 convulsionado.
Los 37 años de la victoria de Raúl Alfonsín nos encuentran hoy transitando una pandemia sin precedentes, con un Gobierno que jugó todas las fichas al encierro como solución absoluta. A casi ocho meses de la llegada del virus, los contagios y las muertes continúan en franco ascenso, en una Argentina donde la pobreza, el desempleo y la falta de inversión ya son parte del paisaje habitual.
La historia de vida de Alfonsín conjuga, quizás mejor que ninguna otra, los vaivenes de una actualidad complicada y llena de contratiempos con la esperanza de un futuro mejor. Asumió la presidencia luego de más de seis años de la dictadura más cruenta, que quebró en todos los sentidos al país y nos empujó a una guerra que nunca debió ocurrir. Supo poner a la Argentina de pie, y en un contexto de marcada fragilidad institucional, les devolvió a millones de argentinos la fe en la democracia.
De este modo es como debemos recordar a una figura imprescindible de la Argentina reciente. Mirando para adelante. En clave de futuro. Los homenajes solemnes y protocolares que suelen anclarse en el pasado carecen de una perspectiva superadora, precisamente una de las obsesiones del líder radical: la madurez y el fortalecimiento del sistema democrático, no solamente cómo método de gobierno sino como forma de vida.
Esto es especialmente oportuno para el radicalismo de hoy, que sin prisa pero sin pausa viene recuperando el terreno que fue cediendo, tanto por las circunstancias objetivas como por errores propios. Muchos hombres y mujeres en la Provincia y en todo el país estamos dispuestos a adaptar con honestidad y pragmatismo el ideario histórico del partido a la realidad que nos toca vivir y a dar un paso adelante para construir activamente el futuro que merecemos.
Los radicales no tenemos dudas. No se entiende el 30 de octubre sin el 12 de marzo, jornada en la que por el nacimiento de Alfonsín celebramos el Día del Militante Radical. Detrás de la alegría incontenible por una victoria enorme en las urnas, que significó el regreso para siempre de la democracia, encontramos el esfuerzo, la pasión y la creatividad de la militancia cotidiana de miles de argentinas y argentinos, que se animaron a creer en el sueño de un abogado testarudo oriundo de Chascomús.
Raúl Alfonsín es el paradigma definitivo de la relevancia del camino recorrido, de los medios elegidos, de la coherencia como estilo de vida. Su vida es una invitación imperecedera a mirar hacia adelante, a la construcción colectiva de una patria generosa e inclusiva. En tiempos en los que parece que todo vale con tal de llegar, esa es la enseñanza más fructífera que podemos arrancarle a esta jornada de celebración democrática.
El autor es jefe del bloque de Diputados de Juntos por el Cambio de la provincia de Buenos Aires
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