
Los medios gráficos y las plataformas digitales están fuera del alcance de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522) y, por ende, más lejos aún de las misiones y funciones de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual. NODIO, entonces, es ilegal.
Además, debemos plantearnos otros interrogantes sobre la creación de este Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica, bautizado NODIO. y cuya finalidad es, de acuerdo al anuncio de la propia Defensoría, trabajar "en la detección, verificación, identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la identificación de sus operaciones de difusión”. ¿Quién tiene la autoridad moral y ética para establecer que una noticia es “maliciosa”? ¿Qué garantías existen de que quien lo establezca no lo haga tendenciosa y subjetivamente? En definitiva, NODIO representa un cerrojo ilegal e ilegítimo a la libertad de expresión y prensa. No es más que un nuevo intento por atemorizar y callar a quienes informan de manera objetiva y veraz.
Recordemos que, cuando hablamos de libertad de expresión, estamos haciendo referencia a un derecho amparado por nuestra carta magna (Art. 14 y 32) como así también por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículos 19 y 20), la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 13), la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 19) y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo 4). Todos y cada uno de ellos con jerarquía constitucional.
La creación de NODIO va en sentido contrario al de la vida democrática al pretender controlar la circulación de la información, las ideas y las opiniones. Esta práctica obtura la pluralidad de voces y al mismo tiempo da lugar a que un pensamiento único se vuelva hegemónico.
La comunicación es un derecho humano y es un proceso social complejo de producción de sentidos en el que entran en relación múltiples y diversos actores sociales.
En este sentido la Corte Internacional de Derechos Humanos dice que “la libertad de expresión es una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación de la opinión pública [...]. Es, en fin, condición para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada. Por ende, es posible afirmar que una sociedad que no esté bien informada, no es plenamente libre”.
La Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual es una institución democrática que, según se desprende de las misiones asignadas por la Ley 26.522, debe fortalecer la libertad de expresión y de prensa.
Con la creación de NODIO, se han cristalizado prácticas que van en sentido contrario a lo que la ley establece, vulnerando derechos de manera expresa.
Preocupa la mirada que la actual gestión del organismo tiene respecto de las audiencias, los periodistas, los medios de comunicación y las instituciones democráticas. Durante mi gestión como Encargado de la Defensoría del Público, pensamos a las audiencias como sujetos de derechos, y desarrollamos acciones tendientes a brindar recursos para el análisis crítico -individual y colectivo- de los contenidos de los medios. Pensamos a los periodistas como parte del proceso de comunicación y no como peligros latentes o amenazas. Respetar ideas, opiniones, críticas es parte del proceso cultural que afronta la sociedad argentina desde la recuperación de la democracia con Raúl Alfonsín hasta el día de hoy. Debemos empeñarnos en proteger la libertad de expresión. Sin embargo las prácticas que NODIO pretende llevar a cabo no condicen con estos postulados.
La actual Defensora del Público, Miriam Lewin, entiende que las audiencias carecen de capacidades para interpretar las noticias que circulan en el ecosistema mediático, y que los periodistas y los medios le mienten a la gente. Y a partir de estos supuestos, construye la necesidad de un Estado paternalista sin espíritu crítico, que instruye a los ciudadanos sobre qué ver, qué escuchar, qué leer y cómo interpretar los mensajes.
¿Es correcto hablar de información veraz? La información por esencia es veraz; si no, es otra cosa: es falacia, calumnia o injuria. Su determinación corresponde al ámbito del Poder Judicial, no a la Defensoría del Público.
El monitoreo a la libertad de expresión a través de NODIO puede ser la antesala de la censura, un buen pretexto y la mejor excusa para cercenar derechos amparados, que sin duda ponen en peligro nuestra Constitución Nacional.
El autor es abogado y estuvo al frente de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual desde septiembre de 2018 hasta marzo de 2020
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