
La Argentina puede salir de su decadencia, si el Gobierno escucha a los sectores de la producción. En los difíciles momentos que vivimos como país, más que nunca necesitamos propuestas consensuadas, con una mirada que salga de la coyuntura y nos permita diseñar políticas públicas para los próximos 5 ó 10 años a la vista.
El Consejo Agroindustrial Argentino, un aglomerado que integra a más de 50 entidades, nació como respuesta a un grave error del gobierno nacional, al haber anunciado el retiro de la Argentina de las negociaciones del Mercosur, representa hoy una opción como interlocutor válido para establecer los acuerdos tan necesarios en nuestra nación.
Sin embargo, las propuestas que surjan deben contemplar la potencialidad de cada uno de los eslabones de las cadenas productivas, donde siempre el productor agropecuario es el primero, porque de allí surge la materia prima que luego moviliza al resto.
Lamentablemente tenemos en la memoria las malas experiencias de las gestiones anteriores, durante las cuales, por distintas medidas impositivas o comerciales, se definían condiciones que determinaban que muchos pudieran cazar en el zoológico.
Es un tiempo en el que debemos dejar de lado todas las mezquindades o ambiciones de grupos. Es necesario pensar para el conjunto del país, trabajar en la generación de empleo de calidad, mejorar nuestra inserción en el mundo y generar recursos genuinos.
En el gobierno del presidente Mauricio Macri se crearon más de 20 mesas sectoriales de competitividad, en la que todos los sectores se sentaban para pensar en conjunto cómo superar trabas o cómo potenciar las mismas. Hoy tenemos muchos resultados positivos de ese trabajo compartido en sectores como el de la carne, la forestoindustria o la pesca.
En este marco, desde mi banca de senador nacional, estaremos esperando los consensos que se alcancen, para avanzar en el tratamiento legislativo de las iniciativas que representen mayor producción, agregado de valor, más empleo y divisas para un país con enormes necesidades.
En nuestra Argentina tan carente de buenas noticias, debemos reconocer el esfuerzo que ha realizado el sector agroindustrial argentino para buscar las coincidencias y llevar estas iniciativas a todo el arco político, sería muy triste que el Poder Ejecutivo Nacional use a este calificado interlocutor para ganar tiempo o para generar divisiones; no hay lugar para este tipo de especulaciones.
En esta pandemia hay muchas cosas que han quedado en claro, entre las que se destaca que quienes producen alimentos son esenciales para garantizar los derechos básicos de los ciudadanos y también para el intercambio con el resto de las naciones. Argentina tiene un lugar de privilegio en el escenario internacional, está en nosotros lograr que podamos alcanzar un desarrollo integral de nuestro sector agropecuario.
El campo siempre ha sido el principal motor de la economía argentina. Y no caben dudas de que, tras la pandemia, lo seguirá siendo. Pero, para cumplir ese objetivo, los productores necesitan de un Estado que los acompañe y transmita confianza e incentivos para ampliar las inversiones productivas. Cuando el campo se desarrolla el impacto no se limita a ese sector; se desarrolla también la agroindustria y el impacto beneficia a muchos otros sectores. Cuando el campo se desarrolla, se desarrolla la Argentina.
El autor es Senador Nacional de Juntos por el Cambio
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