Una ciudad con más mujeres en bicicleta

Queremos que las mujeres se apropien —una vez más— de las calles, que sientan la ciudad como propia y no tengan que planificar sus movimientos en relación a ninguna barrera simbólica ni física

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La pandemia nos dio la chance de repensar a qué ciudad queríamos volver, nos desafió ante las restricciones que nos impuso el virus y nos forzó a implementar esquemas de movilidad que antes eran impensados. También nos dio la oportunidad de barajar y dar de nuevo y de revisar los procesos que habíamos comenzado. En ese ida y vuelta reforzamos nuestra convicción de ir a fondo con las transformaciones y políticas que pusimos en marcha en los últimos años para alcanzar la Ciudad con igualdad de oportunidades que imaginamos.

Así fue como en las últimas semanas Corrientes y Córdoba le dieron paso a las bicicletas. Transformamos dos de las avenidas más emblemáticas de la Ciudad y creamos nuevos espacios seguros para todos y todas, sin que nadie tenga que interponerse o invadir el carril del otro. Día a día las bicis empezaron a inundar las ciclovías y el resultado fue inmediato; los viajes en bici aumentaron 44% en estas avenidas desde la incorporación de infraestructura.

Dentro de los primeros conteos hay un dato que nos remarca un fenómeno que se mantiene y viene evolucionando desde hace más de diez años con la extensión de la red de ciclovías: en menos de un mes se duplicó la cantidad de mujeres que se mueven en bici por las avenidas Corrientes y Córdoba, pasando del 8% al 19%.

Históricamente la bicicleta representó para las mujeres del mundo un símbolo de libertad y este número nos da la pauta de que el camino es por acá.

Estamos convencidos de que para construir una sociedad más igualitaria para las mujeres y otras identidades de género debemos crear espacios seguros para que puedan sentirse libres, autónomas e independientes; para que la Ciudad no les imponga trabas ni obstáculos. Que no tengan que pensar qué ponerse para salir a la calle, hacer trayectos más largos para llegar a su destino o evitar ciertas zonas, gastar más dinero o decidir no moverse porque ya es de noche.

Al momento de pensar una política pública, cualquiera sea, es esencial entender la diferencia que existe en la percepción, usos y necesidades del transporte entre varones y mujeres y el rol que tiene la movilidad en su vida cotidiana. Sabemos que las mujeres experimentan y se mueven por la ciudad de forma distinta que los varones, que sus viajes están vinculados a las tareas de cuidado, y se dan principalmente en transporte público y a pie. También sabemos que la pandemia profundizó muchas de esas desigualdades, que se vieron reflejadas en el aumento de los casos de violencia de género o la carga respecto de las tareas de cuidado en contexto de aislamiento.

En el Día de Lucha contra el Acoso Callejero queremos que las mujeres se apropien —una vez más— de las calles, que sientan la ciudad como propia y no tengan que planificar sus movimientos en relación a ninguna barrera simbólica ni física.

En esa línea, el año pasado presentamos el primer Plan de Género y Movilidad de la Ciudad, en el que abordamos las desigualdades de género en el ámbito del transporte y la movilidad, tanto en el plano de la planificación, la inclusión laboral, los datos de movilidad y la sensibilización sobre las problemáticas de género.

Las desigualdades en relación a la movilidad y la accesibilidad al transporte público implican menos acceso a otros derechos y la salida de la pandemia tiene que ser con más oportunidades para todos y todas. El camino es largo pero nuestra política es transversal, y estamos poniendo nuestro esfuerzo para que la brecha de género en relación a la movilidad desaparezca.

El autor es secretario de Transporte y Obras Públicas


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