El Gobierno ya no puede disimular su simpatía por la dictadura de Nicolás Maduro

Las declaraciones del embajador Raimundi constituyen en los hechos un apoyo a Venezuela y colocan a la Argentina cada vez más cerca de los regímenes no democráticos

El presidente Alberto Fernández
El presidente Alberto Fernández

En las últimas horas, el embajador argentino ante la Organización de Estados Americano, Carlos Raimundi, aseguró que “hay una visión sesgada de la violación a los derechos humanos en muchos países” de la región y consideró que el régimen venezolano está bajo una “arbitraria presión internacional”.

Las declaraciones del embajador Raimundi constituyen en los hechos un respaldo al régimen dictatorial de Nicolás Maduro. La actitud de Raimundi resulta inseparable de recientes actitudes del gobierno argentino en la votación de autoridades de la OEA y el BID. En ambas elecciones, la diplomacia de la Administración Fernández-Kirchner optó por enfrentar las posiciones de nuestros socios del Mercosur y del gobierno norteamericano.

Raimundi aseguró que “hay una visión sesgada de la violación a los derechos humanos en muchos países” de la región y consideró que el régimen populista de Maduro está bajo una arbitraria presión internacional. Las palabras del embajador resultan curiosas toda vez que el gobierno dictatorial de Venezuela ha sido objetado por un reciente informe del Alto Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas presidido por la ex mandataria chilena Michelle Bachelet, una líder con credenciales indiscutidas en materia de derechos humanos y a quien su jefe, el Presidente de la Nación, dijo añorar hace algunos meses.

Dicho reporte señaló gravísimas violaciones a los derechos humanos por parte de las autoridades de Caracas, incluyendo detenciones arbitrarias, torturas y ejecuciones por razones políticas. El informe que el embajador Raimundi y sus superiores parecen desconocer indica que en su accionar brutal, el régimen de Maduro ha aumentado la represión interna a partir de la pandemia del COVID-19 aprovechando las medidas restrictivas de las libertades para ejercer un mayor control del país. Entre las graves violaciones de derechos humanos, el informe señala la constatación de torturas mediante “fuertes golpizas; asfixia con sustancias tóxicas y agua; posiciones de estrés; reclusión prolongada en régimen de aislamiento en condiciones duras; violencia sexual y de género, incluida la desnudez forzada y violación; Cortes y mutilaciones; Descargas eléctricas; Uso de drogas para inducir a la confesión; Tortura psicológica”. E indicó que “algunos de estos actos provocaron lesiones físicas graves y/o permanentes. Esto incluyó la pérdida de funciones sensoriales o motoras, lesiones reproductivas, abortos, sangre en la orina y costillas rotas”.

La contundencia del informe, sin embargo, parece haber pasado inadvertida para el representante argentino ante la OEA quien optó por erigirse en abogado de la dictadura castro-chavista de Maduro. En su defensa, el embajador argentino llegó a sostener que “Venezuela ha sufrido un fuerte asedio de intervencionismo” y que “hubo amenazas de intervención, operativos y cortes de energía a las centrales que han generado serias cuestiones de violación a los derechos humanos”. También cuestionó, aunque sin nombrar a Estados Unidos de manera directa, que hay ciertos países que ejecutan “una situación de bloqueo a la principal renta de recursos (de Venezuela) que es el petróleo y el bloqueo a sus reservas en Londres”. Desde esta perspectiva, Raimundi llamó a los miembros de la OEA a “abandonar la lógica de estigmatización y lógica de escalada” hacia Venezuela. Al mismo tiempo, el embajador argentino puso en dudas la veracidad de las denuncias de violación a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro al sostener que el informe del Ministerio Público de Venezuela “no coincide en muchos de los relatos aquí escuchados”, por los testimonios que en conversatorio que hubo hoy en la OEA se escucharon a raíz del documento de la ONU.

Lamentablemente, las palabras del embajador Raimundi no constituyen una expresión aislada sino una representación cabal de un gobierno que ha optado por colocarse a sí mismo en una posición cada vez más cercana a la de los regímenes no democráticos de la región. Ello resulta indisimulable toda vez que sus posiciones son cada vez más próximas a las de Cuba, Nicaragua y Venezuela y cada vez más alejadas a las de nuestros socios del Mercosur y la mayoría de las capitales sudamericanas que mantienen su adhesión a la defensa de los ideales de libertad y democracia.

El autor es especialista en relaciones internacionales. Sirvió como embajador argentino ante el Estado de Israel y Costa Rica.

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