
La pandemia trajo grandes cambios de paradigmas. No solo se aceleraron procesos que ya estaban encaminados, sino que también se abrieron nuevos espacios y temáticas, que probablemente continúen acrecentándose en el corto y mediano plazo. Vistos con perspectiva de género, esos ejes pueden ser fácilmente aprovechados por las mujeres para su propio desarrollo profesional. Enumero abajo tres de ellos.
Sentido de comunidad
La pandemia y la cuarentena renovaron un fuerte sentido de comunidad. El vecindario, el negocio de cercanía, la convivencia en el consorcio, el barrio. Al estar todos presentes en nuestros domicilios de manera permanente, la comunidad local pasó a tener una gran relevancia y protagonismo. Este sentido de pertenencia puede ser acentuado a la hora de desarrollar productos y servicios, buscando enaltecer, promover y premiar los vínculos de la comunidad.
Las mujeres que previo a la cuarentena habían pasado más horas en sus domicilios por realizar las tareas de cuidado y domésticas, cuentan con un gran conocimiento del entorno y formación de la cultura local, y ahora, lo pueden hacer valer.
Empatía
El confinamiento puso en relieve también distintos desafíos emocionales, como la soledad, la búsqueda de reforzar vínculos valiosos, contar con redes de apoyo ante la falta de motivación, etc. Se necesitan habilidades específicas para atender a este tipo de necesidades, creatividad para llegar al otro, entender otras realidades y lograr cercanía.
Las mujeres hemos tenido tradicionalmente del rol de principales cuidadoras dentro de las familias. Llevarlo adelante, demanda el desarrollo de la capacidad de escucha, de empatía, de mediación. Estas habilidades son hoy requeridas por las empresas y organizaciones de una manera permanente en muchos cargos, lo que abre oportunidades a las mujeres para destacarse.
Uso de las redes sociales
Antes de la pandemia ya existían las redes sociales, pero el incremento de su uso como medio de vinculación y entretenimiento ha aumentado al punto de establecer nuevos hábitos de consumo para muchas personas. Las redes sociales son enormes fuentes de vasos comunicantes disponibles para todos. Usarlos para “navegar” siguiendo las sugerencias del algoritmo regente, no añade mucho a nuestros propósitos económicos. Pero al utilizar el gigante caudal y capilaridad de sus canales en función a nuestros proyectos, podemos convertirlos en poderosas herramientas de trabajo.

Las mujeres utilizamos más las redes sociales; hacerlas parte de nuestras estrategias comerciales propulsará nuestro desarrollo económico.
Nuevos tiempos, nuevas oportunidades. No contamos con muchas certezas sobre el futuro, pero algunos ejes, como los antedichos, parecieran haber llegado para quedarse durante un buen tiempo. Un tiempo con mayor equidad y una nueva valoración de habilidades y capacidades especialmente favorables para las mujeres.
La autora es consultora estratégica en temas de economía y mujeres y ex directora del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (Cedem)
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