Nadie se hizo grande de la noche a la mañana

Historias de emprendedores que pese a las dificultades del momento siguieron adelante, con un objetivo en común: un propósito que genere impacto

Con este contexto podría resultar casi una utopía dejar el statu quo, comenzar un nuevo proyecto, pero hay ejemplos locales que demuestran lo cotrario (Shutterstock)
Con este contexto podría resultar casi una utopía dejar el statu quo, comenzar un nuevo proyecto, pero hay ejemplos locales que demuestran lo cotrario (Shutterstock)

El mundo pertenece a quien se atreve. Un siglo más tarde, esta célebre frase de Charles Chaplin sigue teniendo vigencia. Pandemia, incertidumbre, debacle económica, fragmentación social... y la lista sigue. Con este contexto podría resultar casi una utopía dejar el statu quo, comenzar un nuevo proyecto; asumir cualquier tipo de riesgo no sería la jugada más recomendada. Si bien el futuro no nos muestra las mejores cartas, nuestra historia nos recuerda que el ADN de los argentinos está hecho de resiliencia. Acá un repaso por historias de emprendedores que siguen soñando en grande y generando impacto, aún en momentos de crisis.

De un sueño a ser la empresa más valiosa de Argentina

1999. Solo el 3% de la población argentina estaba conectada a Internet. Pocos o casi nadie en Argentina pensaba en vender y comprar online para ese entonces, pero había un grupo de emprendedores, a la cabeza Marcos Galperin, que, para ese entonces, tenían el sueño de revolucionar el e-commerce en América Latina. Con más pasión que recursos lograron poner en marcha el plan para hacerlo realidad. En el medio, la burbuja de las puntocom y la crisis de 2008, una de las peores debacles económicas de nuestro país, podrían haber puesto fin al sueño argentino de conquistar las ventas online pero “las oportunidades se esconden entre las grietas de las dificultades'‘, decía Einstein. En 2002, Mercado Libre alcanzó su récord de crecimiento: por la crisis la gente necesitaba un lugar donde vender todas esas cosas que no necesitaba, y así comenzó una escalada de logros que incluyó el gran hito de ser la primera empresa argentina en cotizar en Nasdaq, en 2007.

Marcos Galperin, co-foundador de Mercado Libre (Patrick T. Fallon/Bloomberg)
Marcos Galperin, co-foundador de Mercado Libre (Patrick T. Fallon/Bloomberg)

Hoy, a 21 años de su nacimiento, Mercado Libre es la empresa que está democratizando el comercio y los pagos online en 18 países, y es la empresa argentina más valiosa. Al momento de cerrar esta columna, la compañía ronda los USD 60.000 millones de valuación de mercado, según su cotización en Wall Street. Y lo más importante: contrata a más de 11.000 personas, brinda oportunidades a 11 millones de vendedores y a 52 millones de compradores.

Del interior de Buenos Aires al mundo

La historia de Guibert Englebienne, Martín Migoya, Néstor Nocetti y Martín Umaran empieza en 2003, plena crisis económica y talentos en fuga en Argentina. Cuatro amigos ingenieros que trabajaban en una consultora y aspiraban a generar un impacto del que se sintieran orgullosos. Reunidos en un bar, empezaron a pensar en grande y surgió el sueño: vender software al mundo desde la Argentina. Empezaron con un business plan que tenía una oración: Vamos a vender en Estados Unidos y en Inglaterra. Con esta cuota de inconsciencia propia que tienen los emprendedores, consiguieron su primer cliente y comenzaron a armar el equipo. Tres años después se convirtieron en el primer proveedor externo de Google de la historia.

Este fue el punto de partida de una empresa que, como su nombre lo indica, nació global: primero conquistarían el mundo, luego la Argentina. Este modelo les permitió ser la primera empresa de software de la región en cotizar en la Bolsa de Nueva York, en 2014. La historia de este unicornio está marcada por ser la primera de muchas cosas y para cientos de jóvenes es la primera empresa que les brinda empleo y les permite proyectar su futuro en sus ciudades, con una mirada global. Tiene 10 centros de desarrollo en Argentina en ciudades como Tandil, Córdoba, Chaco y Rosario y oficinas en todo el mundo (Estados Unidos, Francia, España, India, entre otros). Emplea a más de 12500 personas y ayuda a empresas multinacionales como Google, Disney, Santander, JP Morgan a transformarse digitalmente. En plena pandemia adquirió Grupo Assa (gA), una de las empresas de software más antiguas de Argentina, con esta compra suma 14 empresas a su portfolio.

“Siempre pasa que los problemas están asociados a oportunidades”, dijo Migoya en una Experiencia Endeavor hace un par de años.

La decisión en el tiempo justo

“En la crisis de 2001, junto con la explosión de las puntocom, estuvimos muy cerca de irnos al vestuario”, así describía su experiencia Mike Santos, co-fundador de Technisys, una compañía que brinda soluciones de banca digital, en otras palabras ayuda a los bancos y a las fintech a brindar mejores experiencias a sus clientes. ¿Cómo hizo este equipo de argentinos para remontar la situación de 2001 y llegar a integrar el top cinco de proveedores de fintech a nivel global? Ese año fueron seleccionados emprendedores Endeavor y tomaron la decisión estratégica de salir al mundo, hasta entonces sólo habían vendido en Argentina con una tecnología que estaba demasiado adelantada para el mercado. Hoy, contrata a más de 750 empleados y exporta conocimiento e innovación argentina al mundo.

Miguel Santos
Miguel Santos

Si de timing se trata, Alejandro Larosa puede dar cátedra. Es que hace más de 20 años, cuando aún no existía Google ni redes sociales, este rosarino que venía de trabajar en la industria agropecuaria tuvo la idea de crear una empresa que rompiera con el modelo tradicional del negocio del agro. Es así que 1998, junto a su socio Maxi Landrein, crean Fyo, un portal online que nucleaba información referida al mundo agropecuario y buscaba ser una plataforma donde los productores pudieran transaccionar.

Un adelantado para su época y un convencido de lo que hacía: convenció a Cresud, uno de los grupos de agro más grandes del mundo, y recibió inversión. “Nacimos y al año nos agarró la crisis de las puntocom” recuerda Alejandro, pero esto no lo desmotivó sino que lo empujó a dar un giro en su negocio: comenzaron a comercializar granos e insumos para el agro y evolucionaron hasta crear un ecosistema de soluciones para que sus clientes tomen mejores decisiones. El negocio no paró de crecer y 2015 fue el momento de hacer realidad el sueño del marketplace para el agro: así nace Agrofy. Hoy es la plataforma del sector más visitada del mundo y casi 10 mil empresas venden alrededor de 200 mil productos. “Uno tiene parte de su ADN como hacedor” se lo escuchó decir alguna vez.

Alejandro Larosa
Alejandro Larosa

Los soñadores de hoy

Estos meses han sido un disparador para que diferentes fundadores de compañías salgan a buscar respuestas a nuevos interrogantes. Empresas de la red Endeavor como Inmunova luego de haber trabajado durante años en una cura para el Síndrome Urémico Hemolítico, la pandemia los llevó a dar un paso más y hoy están desarrollado un suero terapéutico capaz de neutralizar al virus, con el apoyo del CONICET y diferentes universidades.

En un mundo dominado por la tecnología, dos empresas argentinas con presencia en todo el mundo trabajan para hacer una internet más segura. Auth0, el unicornio más joven de Argentina, se especializa en el desarrollo de una plataforma de ciberseguridad para gestionar de manera segura el registro y acceso a apps y otras plataformas. En otras palabras, resguardan nuestra identidad en internet y tienen como cliente a más de 7000 empresas de todo el mundo. La otra empresa de “hackers buenos” es Onapsis, un equipo de más de 300 personas que trabajan desde Argentina, Boston y Alemania para brindar soluciones que protejan a los sistemas de negocios frente a ciberataques. Ya detectaron más de 800 vulnerabilidades y el último descubrimiento evitó delitos informáticos a más de 40.000 empresas de todo el mundo, desde bancos hasta laboratorios.

Esta es solo una muestra de los tantos casos que tenemos en el país, historias de emprendedores que pese a las dificultades del momento siguieron adelante, con un objetivo en común: un propósito que genere impacto.

La autora es directora ejecutiva de Endeavor en Argentina

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