
El sistema energético argentino cuenta con un enorme potencial: posee desde una de las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo hasta recursos naturales eólicos y solares con productividad récord. A eso se le suman vastos aprovechamientos hidroeléctricos y de bioenergías muy interesantes.
Transformar todo este potencial en energía, con los beneficios de desarrollo, valor agregado, trabajo y generación de riqueza, representa un desafío y una gran oportunidad. En este sentido, uno de los principales aspectos es encontrar mercados interesados y apropiados para colocar esta energía que Argentina es capaz de generar.
El gas natural es un buen ejemplo de esta realidad. La demanda local de gas en verano apenas alcanza un promedio de 110 Millones de m3 por día (MMm3/día), mientras que en invierno, según información publicada por el Enargas, puede llegar a los 160 MMm3/día. De hecho, en la industria hay coincidencia en que esa cifra es superior pero encuentra este tope porque no hay oferta de gas para cubrirla. Un buen ejemplo se ve en la última semana de julio de este 2020, en que debió cortarse el suministro a generación eléctrica y a industrias para asegurar el abastecimiento a hogares. Las demandas insatisfechas migran hacia alternativas más costosas y menos sustentables como los combustibles líquidos.
Esta realidad exige incorporar cada vez más elementos de flexibilidad. Los sistemas de almacenamiento, las importaciones de LNG para cubrir picos de invierno y los mecanismos de demand response, entre otras herramientas, entran en juego junto con la posibilidad de hacer exportaciones contra estacionales de excedentes de gas.
Importador y exportador: la relación de Argentina con el gas natural
En la actualidad, las importaciones se componen mayormente de gas natural por gasoductos desde Bolivia y (en menor volumen) Chile y GNL importado por barco en las terminales de Bahía Blanca. El mayor consumo de GNL se registra generalmente en los inviernos, aunque en algunas circunstancias Argentina ha tenido que importar en otras estaciones.
Las exportaciones de gas natural fueron muy significativas hasta el año 2004 (cerca de 20 MM m3/día). Luego, en 2007 se redujeron bruscamente para casi desaparecer en 2010. A través de media docena de gasoductos que unen ambos países por el norte, centro y sur, Chile era un gran comprador del gas natural argentino, seguido por Brasil, con quien nos vincula un gasoducto que llega hasta Uruguaiana (Rio Grande Do Sul). Ese gasoducto, en su diseño original debía continuar hasta Porto Alegre y capturar una importante demanda de gas natural allí.
Lo cierto es que buena parte de esos mercados hoy no recibe gas argentino. Sería muy beneficioso que nuestro país genere las condiciones necesarias que permitan desarrollar nuevamente la demanda de comprar nuestro gas en verano en volumen significativo y con acuerdos duraderos.
Del mismo modo, en momento de picos de consumo energético local, podemos acudir a esos terceros países para obtener recursos. En un ejemplo muy actual, el mantenimiento del parque generador nuclear y la salida de servicio de una línea de alta tensión en el sur obligaron a Argentina a importar energía eléctrica de Brasil y Uruguay.
El mundo exige una energía cada vez más competitiva, flexible y dinámica. Tenemos recursos inigualables para insertarnos en él y transformar el enorme potencial en riqueza, trabajo, valor agregado y divisas, interactuando de modo inteligente. Desarrollar mercados donde colocar excedentes de gas de verano es uno de los caminos inmediatamente disponibles para transitar este desafío.
En una etapa de diversificación como la que estamos atravesando, el sector invita a moverse: la mejor alternativa es adaptarse para crecer.
El autor es presidente de SAESA
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