
Para quienes tuvimos el honor y la dicha de tratar a Armando Ribas, hoy es un día muy triste. Se fue un maestro, una mente brillante. Casi lo de menos es su extenso currículum: que era abogado, profesor de filosofía política, graduado en la Universidad Santo Tomás de Villanueva (La Habana, Cuba) y master en Derecho comparado obtenido en la Southdist Methodist University (Dallas, USA); que ejerció el periodismo durante décadas aunque negó sistemáticamente ser considerado uno; que escribió muchos libros traducidos a varios idiomas, y miles de ensayos y artículos. Los más reconocidos diarios de habla hispana publicaron sus reflexiones. Fue diputado nacional por la UCeDé casi por accidente porque en su lucha por las ideas de la libertad nunca buscó protagonismo, cargos ni reconocimientos.
Armando, cubano de nacimiento, llegó a la Argentina escapando de la dictadura castrista. Su familia emigró a los Estados Unidos pero él prefirió escuchar su corazón e instalarse en Buenos Aires con quien fuera su mujer y, luego, la madre de sus hijos.
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Y desde entonces se constituyó en un aporte invalorable y un referente de consulta obligada para todo el arco liberal. Leyó, admiró y divulgó la obra de Juan Bautista Alberdi mejor que cualquier argentino. Su admiración por él marcó toda su producción literaria.
El reconocimiento llegó de todos los ámbitos. Su compatriota Carlos Montaner dijo: “Saber que uno de los nuestros se había distinguido en Argentina y hasta había llegado al Congreso, era una circunstancia feliz. No hace mucho pude darle un abrazo en Miami. Me habló de su pasión por Albedi. También cantó ‘My way’. Le encantaba cantar y lo hacía muy bien. Creo que la letra de esa canción, una loa al individualismo, le retrataba perfectamente. Fue un personaje admirable”.
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“Un intelectual brillante, culto y reflexivo. Un baluarte de nuestras ideas; un luchador incansable. Aprendí muchas cosas en las charlas que mantuve con Armando pero de él me llevo su ejemplo de humildad”, comentó el economista Javier Milei al enterarse del deceso.
No puedo evitar las referencias personales, tal vez por una necesidad de suavizar el dolor de su partida, tal vez porque puedo transmitir características poco conocidas del Armando cotidiano. Hicimos juntos durante varios años el programa de televisión “Sin Fronteras” los domingos por la noche, precursores absolutos de un horario que hoy es un clásico. Pensaba cada editorial con minuciosidad. Fue profundamente feliz con cada emisión, y generoso. Invitaba a todo aquel que tuviese un mensaje de libertad para aportar. Las mezquindades de la política no lo rozaron.
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En su nota más reciente Ribas, de abril pasado, insistía con los valores del capitalismo y cerraba con el siguiente párrafo: “Por último, seamos optimistas y esperemos superar el coronavirus y el virus pendiente del socialismo. Respecto del primero, tengo la ilusión de lo que ha hecho el hombre a través de la historia para que yo esté vivo hoy. Con mis anteriores reflexiones espero contribuir a liberarnos del virus del socialismo y retornar al liberalismo que nos permitió vivir en este mundo en que vivimos”.
Sus palabras nos encuentran a los liberales intentando una confluencia que haría realidad su esperanza. Sería el homenaje que le debemos a una vida dedicada a enseñar y transmitir el mensaje de la libertad. Ahora tenemos un motivo más para luchar por la Argentina liberal con la que soñó hasta el último día. Descansa en paz, Armando. Te vamos a extrañar mucho.
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