
Esta semana sesionó la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires por primera vez desde el establecimiento de la cuarentena obligatoria el 20 de marzo. Hasta el momento solamente la Legislatura de Mendoza había tenido dos reuniones de manera virtual. Es un hecho importante considerando el momento excepcional que atravesamos. Las dificultades que la pandemia del coronavirus está generando para la vida en comunidad y las consecuencias económicas que esto tendrá en la Argentina y en el mundo refuerzan la idea de que las instituciones de la democracia deben funcionar, de la forma que sea posible, pero cumpliendo el rol que tienen en cada sociedad.
Durante estas semanas hemos visto un enorme compromiso por parte de los trabajadores de la salud, de las fuerzas de seguridad y de todos aquellos que han hecho posible que los servicios básicos pudieran seguir funcionando. También un gran involucramiento de muchos sectores que con gran sentido de solidaridad que están colaborando de distintas maneras. La política tiene ahí una primera responsabilidad que es darle organización a todo ese esfuerzo para garantizar que todos los aportes lleguen adonde tienen que llegar en tiempo y forma, previendo que son miles las familias argentinas que se verán privadas de sus ingresos por el parate económico.
Es cierto que hay un debate vigente que exige a la dirigencia, en este caso a los funcionarios con cargos políticos, un aporte de parte de su sueldo al ser un sector que en momentos de incertidumbre cuenta con un ingreso asegurado. Es un aporte no relevante en términos del gasto total de los gobiernos pero bienvenido en tiempos de vacas flacas. Creo que es importante no confundir la mirada desde la responsabilidad institucional y la solidaridad con quienes aprovechan la crisis para proponer un discurso antipolítica, esos debates se han saldado oportunamente en este país: la ausencia o demonización de la política trae consecuencias nefastas.
Pero más allá de la urgencia tenemos que reflexionar en este proceso sobre nuestro Estado. Quienes creemos en el rol del Estado y compartimos la necesidad de tener un Estado fuerte con capacidades para regular, brindar servicios públicos de calidad y garantizar el pleno goce de los derechos constitucionales, somos justamente los que tenemos la responsabilidad de trabajar para mejorar el Estado. En la gestión de la crisis el Gobierno tomó buenas decisiones, pero lo cierto es que hay muchas cosas para mejorar para, por ejemplo, no pagar alimentos por encima de los precios de referencia que el mismo Gobierno estableció, o exponer a los adultos mayores a cobrar sus haberes rompiendo la cuarentena y las recomendaciones del distanciamiento social. Hay que ser más rigurosos, transparentes y eficientes en la administración de lo público. Tenemos que pensar en reconstruir un Estado con capacidades, austero y ocupado en los temas más relevantes para la sociedad. La ética de la solidaridad y la participación ciudadana, nos enseñó Raúl Alfonsín, son los valores que deben orientarlo.
Por eso el Congreso, las Legislaturas, los Concejos Deliberantes deben abrirse, la tarea más importante de la política es que la democracia funcione en pleno para impulsar y exigir que los Gobiernos de todos los niveles, el Poder Legislativo y el Judicial tomen las mejores decisiones para controlar el avance del virus y amortiguar el impacto económico sobre nuestro pueblo. Para priorizar la atención a los sectores más vulnerables, pero también para consensuar políticas de protección del empleo y la producción que se traduzcan en alivio fiscal en lo inmediato pero que incluyan medidas de compensación para crecer en el mediano y largo plazo.
Hay algo que esta crisis deja en claro para los escépticos: en este mundo en el que vivimos todos estamos interrelacionados y tenemos una vinculación voluntaria o no con lo que pasa en otros lugares del planeta. Así sucede con los trabajos, con las relaciones de producción y el comercio, con la salud, con la seguridad, con la cultura y la religión, con casi todos los aspectos de la vida en sociedad. ¿Será esta crisis una oportunidad para imaginar una integración de los pueblos bajo un orden más solidario y democrático? En todo caso, también será tarea de la política.
Tenemos que trabajar para construir una salida que sea la mejor posible para la Argentina, es juntos más allá de todo.
El autor es Diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por UCR-Evolución
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