Alberto Fernández anuncia la extensión de la cuarentena (Foto: Télam)
Alberto Fernández anuncia la extensión de la cuarentena (Foto: Télam)

Analicemos un poco la implicancia del axioma “la economía debe sacrificarse por la salud". La economía es una ciencia, una forma de estudiar la vida de la gente: cómo produce, intercambia y colabora en función de su subsistencia. La sociedad no tiene una actividad económica, otra de salud, otra de obras, otra de relaciones con el mundo. Eso es lo que tiene el aparato político que cree desde hace mucho que su función es comandar a la sociedad. Por ejemplo, nos enteramos ahora por un decreto presidencial en Argentina, de que para que las farmacias puedan fabricar alcohol en gel era necesaria una autorización presidencial.

La división en actividades estancas es algo que ocurre únicamente en el gobierno para organizar su voluntad de dirigir. Pero la economía es la observación de lo que hace Juan para pagar el cumpleaños de su hija, Pedro para comprar tomates para la ensalada, María para hacer alcohol en gel y Marta para perfumarse para una fiesta o pagar su tratamiento.

Y si quiero establecer una enfermería, no es que averiguo cada cosa que quiere cada uno de los que necesito que colaboren en el esfuerzo, sino que les pago. Lo que llaman economía, a sacrificar, es la actividad diaria de las personas y su forma de sobrevivir, también con insumos, enseñanza y asistencia sanitarias.

Las divisiones solo existen en la cabeza de los digitadores sociales y da la sensación de que la prioridad es establecer ese sacrificio para rendir culto a una limitación cultural que pone al lucro en un lugar de cosa menor, de pecado, como una forma de ratificar que unos, que ocupan el Estado, están por encima de otros que son los que ejercen esa forma de subsistencia llamada lucro. Y esto no ocurre como un simple error de observación: los detractores del lucro siempre quieren dinero, la moralización tiene por fin facilitar la recaudación. Por eso también inmediatamente confunden a la economía con logística.

Todo es cuestión de organizar militarmente suministros e inventarios con órdenes y amenazas. Pero eso supone en primer lugar una unificación de objetivos que en la sociedad no existe. Por más que quieran forzarlo en función de sus intereses políticos, la sociedad no es nada parecido a una empresa común. Lo que pasa es que el político sueña con ser un general. Unos se imaginan unos generales malos y disciplinadores (derecha) y otros se imaginan unos generales bondadosos (izquierda), pero siempre cuidando la jerarquía entre cuidadores y ganado.

Si alguien cree que la economía es contabilidad, eso es un error propagado por los economistas que usan números para expresarse. Esa es una manera de graficar un conocimiento, no la realidad en sí misma. Y así como se abusa de los números en economía, que reemplazan a Juan y su cumpleaños a pagar y a María y su manera de buscar tiempo para ayudar a su abuela y la deshumanizan y mistifican, también se lo está haciendo con la salubridad.

En la realidad detener la economía en función de la vida equivale a detener la vida en función de la vida.

Los medios prestaron atención a las manifestaciones del Dr. Fauci, titular de la CDC de los Estados Unidos, que tiene tan controlado a Donald Trump, con su afirmación de que podrían morir en los Estados Unidos 200 mil personas por el coronavirus en el país. Pero él mismo aclaró que todo eso dependía de unos modelos cuyos supuestos no estaban comprobados. La magia de las matemáticas, abusadas, lleva a pensar que el modelo es información sobre la realidad resumida, cuando es información sobre cómo se especula sobre los hechos y cómo el modelo produce fascinación y titulares. Así que al final la prevención extrema es un tiro al aire y hay que sacrificar la vida de millones de seres humanos por ese tiro al aire.

En nuestra muy funcional al poder aversión al lucro se habla de proteger “la vida”, pero la vida en sí misma, suelta, no existe. Está la vida de Pedro, María, Juana y Martín. Y sus vidas se desarrollan de manera independiente. Cada uno conoce sus circunstancias, evalúa sus sentimientos y establece prioridades. En función de eso colabora y entonces vemos el gran panorama al que llamamos economía porque la observación se hace mediante un método. Ahora, si una de las herramientas del método que es la matemática, no la confundimos con la realidad que se estudia y no la moralizamos atacando al dinero como fuente del pecado, llegamos a la conclusión de que cualquier intervención externa a las partes implica sacrificar a unos en función de los nominales intereses de otros (digo nominales porque el interés prevaleciente siempre es el del digitador). Vemos que el principio que tendría que regir es el mismo por el cual si María necesita un riñón por su salud, no se lo puede sacar a Pedro contra su voluntad. Y no es porque no se valore la vida de María, es que “la vida” así en abstracto, no puede ser independiente de la vida de Pedro.

Ahora pongamos los cuadros y los supuestos de los “expertos” y la vida de la gente sana que es obligada a recluirse, a todo un país, porque hay una previsión en unos cuadros que dependen de unos supuestos de una cantidad de muertos que nos impresionan, pero una cuenta que en definitiva podría hacerse con la muerte diaria que también es una condición de nuestra vida. ¿No es eso el sacrificio de unos cuyas vidas ni les interesa cuánto dañarán o si la terminarán por otras dolencias como infartos, depresiones o suicidios, en función del narcisismo del salvador?

Esa postura permite también hablarle desde el pedestal a los empresarios sugiriendo que “ganen menos”. ¿De qué sirve que ganen menos? Porque claro, la ganancia es algo que no tiene importancia frente a la salud, pero los hospitales, los barbijos, las sábanas, las jeringas, todo está hecho gracias a ganancias invertidas para conseguir más ganancias. Si Juan no quisiera invitar a María a comer, a lo mejor no hubiera estudiado enfermería.

Pero, ¿cuántos sueldos han pagado en su vida los que hablan así? Pareciera que los que tienen vocación y capacidad de producir y que crean cosas que les permiten pagar sueldos no pueden ser tratados con el dedito juzgador de los políticos que no tienen ese récord.

Lo que estamos viviendo no es únicamente la no compresión de la sociedad en su complejidad, es la adopción de una postura de control moral por un proyecto político, bajo la propuesta de estar todos cuidados en una jaula, mientras los guardianes ni piensan en la comida porque ese es un tema menor al lado de su capacidad de proteger.