
El Congreso vive días de escasa actividad pero de tensión creciente, con la mirada puesta en el último miércoles de este mes: es el día agendado para el informe de Manuel Adorni en Diputados. Antes, la semana que viene, el oficialismo buscará avanzar en la Cámara baja con la ley de Hojarascas -un proyecto que por sí solo no daría para grandes debates- y algunas actividades de comisión en el Senado. Poco. El tema que inquieta de manera excluyente es la presentación del jefe de Gabinete. El oficialismo se prepara para el combate y deja trascender que apostaría a meter a todos en el “barro” – en especial a referentes kirchneristas, complicados cuando el tema es la corrupción-, lo cual no exculparía a nadie sino que lo igualaría como “casta”.
No la tiene fácil el oficialismo. Tampoco, la oposición, desordenada y heterogénea, con varios legisladores tentados por el protagonismo frente a las cámaras, incluso al punto de episodios muy ruidosos. Acerca de cómo neutralizarlo hablaron a mitad de esta semana representantes de la oposición, es decir, peronistas, integrantes de Provincias Unidas, algunos provinciales. En la vereda violeta, las conversaciones formales pasan por las oficinas de Martín Menem, pero hay otros canales que no esconden los recelos domésticos.
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Asoma así una especie de contrapunto de especulaciones cruzadas: planes de máxima que no superan los chequeos iniciales y contraplanes según lo que corra como supuestas estrategias. Con naturalidad, se especula sobre la posibilidad de que el oficialismo escale en la pelea para forzar el abandono del recinto por parte de Adorni y su comitiva. Trasciende sin vueltas que la respuesta opositora sería un inmediato movimiento para tratar de interpelar al funcionario e intentar una moción de censura. Todo está muy abierto.
Faltan sólo once días para la prueba del recinto. Parece poco, pero puede no serlo según lo que ocurra con la casusa principal que enfrenta Adorni -la que apunta a su patrimonio- y también lo que haga el funcionario, que podría darle fin a su silencio -es lo que sugieren algunos tuits propios- frente a la serie de capítulos que suman las investigaciones. Una versión surgida de pliegues del oficialismo dice ahora que podría jugar la carta de una herencia aún no declarada. El sentido común indica bajísima credibilidad a esta altura de los acontecimientos.
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Lo del tono de algunos mensajes suyos en X sugiere un giro que por ahora no supera el rango de chicanas menores. Pero no es ajeno a lo que el Gobierno busca terminar de imponerse como estrategia, en especial para el turno de Diputados. Sería un recurso para ver si revierte el cuadro actual. Hasta este momento, no tuvo éxito en los intentos de recuperar peso en el manejo de la agenda pública.
Ese es un dato sensible porque el objetivo de Olivos es regenerar expectativas, después de un primer trimestre malo en materia económica, según la evaluación hecha con la cifra del IPC de marzo (3,4%) a la vista. El problema de las estadísticas es que corren con sus tiempos. Por ejemplo, entre los registros difundidos esta semana sobresalieron el índice de precios al por mayor (también 3,4%, muy por encima del mes anterior) y el número de febrero sobre utilización de la capacidad industrial, que no repunta.
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El oficialismo enfrenta así una doble necesidad: ganar peso en el temario -no sólo político- y darle sustento al pedido de “paciencia” hecho por Javier Milei frente a los números negativos de la inflación. La extensión del caso Adorni juega en contra. Las fotos y la difusión de reuniones con el jefe de Gabinete se agotan precisamente por la sucesión. De hecho, desdibujan el sentido de esas actividades: Karina Milei se mostró con el funcionario en una planta de YPF y seguramente pocos recuerdan el motivo formal del viaje. Antes, ya era claro que el paso del tiempo no arreglaría las cosas.

El acompañamiento disciplinado de ministros al respaldo cerrado de Olivos no quedó exento de algunos malestares, que trascendieron por la vía de versiones originadas en el propio oficialismo. Algo similar y quizá mayor, según como se mida, ocurrió entre los socios, más allá de que colaboraron para frenar andanadas opositoras en la reciente sesión de Diputados por la reforma de la ley de Glaciares. En los últimos días, resultó significativa la declaración de Cristian Ritondo cuestionando como “errores” graves algunos pasos del jefe de Gabinete. Para los aliados, no es un lugar cómodo la defensa cerrada de Olivos. Y no lo es para gobernadores, incluidos peronistas “amigos”.
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Todo lo que ocurre en territorio violeta es considerado en el contexto dominado por Adorni. Los dichos de Nicolás Márquez por ahora en solitario no constituyen un dato irrelevante: pide la salida del funcionario. Importa, en clave doméstica, el argumento: lo plantea en defensa de Milei, es decir, para evitarle más costos. Las tensiones internas no disminuyen y el punto es si seguirán al menos contenidas ¿La pelea abierta entre Lilia Lemoine y Daniel Parisini/Gordo Dan es un síntoma o apenas un capítulo en redes sociales, territorio sin límites?
Los preparativos para la presentación de Adorni en Diputados sugiere por momentos una lógica similar. Desde el oficialismo señalan que será una jornada dura. La recomendación de “comprar pochoclo” hecha por Martín Menem alude al sentido de espectáculo. La traducción en pasillos legislativos es que podría ser el anticipo -tal vez, el amague- de “carpetazos” contra diputados -especialmente pero no sólo K- frente a cargas sobre el jefe de Gabinete.
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Hubo algunos “ensayos” previos que no habrían funcionado bien: en particular, la idea de exponer a legisladores que no presentaron declaraciones juradas. El punto, responden en bloques opositores, es que el período para presentar las declaraciones del 2025 arranca recién el primer día hábil de mayo. Y en lo que hace a quienes incumplieron con la declaración del 2024, el recuento incluye algún nombre destacado de la LLA.
Fuera de esos cruces previos, la especulación más extrema es la referida a un escándalo que termine con Adorni retirándose del recinto. Por otra parte, desde las filas violetas difunden que el Presidente y Karina Milei se harán presentes en un palco. Y que varios ministros acompañarían al jefe de Gabinete, no desde la platea sino en el centro del escenario, como asesores.
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En la oposición dura, por si acaso, se produjeron contactos para tratar de acordar al menos un punto: evitar excesos de protagonismo y la confrontación extrema, es decir, no entrar el juego que adjudican al oficialismo.
Las estrategias de los bloques terminarán de ser ajustadas en la semana, con especial atención a los que ocurra con la investigación judicial y la defensa del funcionario. La apuesta a un espectáculo escandaloso, naturalmente, no aclararía nada.
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