Histórico levantamiento, el primero contra el régimen nacional-socialista

En el mediodía del 19 de abril de 1943 comenzó el alzamiento que marcaría uno de los hitos más impactantes de la Segunda Guerra Mundial

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Un escuadrón de asalto de tropas Waffen SS en la calle Nowolipie, con los números 50 A, 52, 54 y 56 de Nowolipie al fondo, durante el alzamiento del Gueto de Varsovia.

El sábado 10 de abril de 1938, con la aprobación del gobierno conservador del Presidente Roberto Ortiz, una multitud de más de 20.000 nazis fanáticos se congregó en el Luna Park para celebrar la anexión de Austria a la Alemania de Adolfo Hitler.

Así comenzaba el excelente artículo que escribió Daniel Cecchini en Infobae hace unos días y que registraba con impiadosa realidad la penetración nacional-socialista en nuestro país que incluso, todavía hoy perdura silenciosamente e increíblemente en algunos círculos cerrados. Recordemos que esta celebración macabra fue el evento más grande que se realizó fuera de las fronteras de Alemania.

Cuatro años después, el 22 de julio de 1942, día en el que se conmemora la destrucción del Templo de Jerusalén es una fecha lamentablemente importante porque los alemanes iniciaron la deportación de los judíos del gueto de Varsovia. Esta acción se prolongó hasta el 21 de septiembre y en su transcurso fueron deportadas al campo de exterminio de Treblinka 265.000 personas.

Al finalizar las expulsiones a Treblinka, quedaron en el gueto entre 55.000 y 60.000 judíos que fueron hacinados en algunos bloques de edificios. De esta forma la superficie del gueto se redujo significativamente.

Entre los sobrevivientes, la mayoría de ellos jóvenes, cundió una sensación de orfandad y toma de conciencia. Muchos se culpaban de no haber ofrecido resistencia y permitido la deportación de sus familias. Tenían también claro que su suerte iba a ser semejante. En octubre de 1943, luego de intensas negociaciones, se logró restablecer un marco de resistencia armada.

En el mediodía del 19 de abril de 1943 comenzó el alzamiento del gueto de Varsovia después de que la policía y las tropas alemanas ingresaran para deportar a un número considerable de los habitantes sobrevivientes. Setecientos cincuenta judíos lucharon tenazmente contra la abrumadora superioridad nazi, muy bien entrenada y con masiva cantidad de armamentos de guerra. Los heroicos combatientes levantaron barricadas en las calles, dentro de edificios e incluso en bunkers secretos, dispuestos a resistir a cualquier costo.

La Resistencia sorprendió a los alemanes, forzando la retirada fuera del muro del gueto. El comandante alemán, General de las SS Jürgen Stroop, tenebroso militar paranoico, informó la pérdida de varios hombres durante el primer ataque al gueto.

Aunque las fuerzas nazi quebraron la resistencia organizada en pocos días desde el comienzo del levantamiento, personas y grupos pequeños se escondieron y lucharon contra los alemanes durante casi un mes.

Para simbolizar la victoria nacional-socialista, Stroop ordenó la destrucción de la Gran Sinagoga el 16 de mayo de 1943. El gueto en sí estaba en ruinas y el General informó finalmente que había habían asesinado más de 7.000 judíos durante el levantamiento.

Como reconocimiento mundial eterno y permanente a este heroico primer grito de libertad que concluyó dos años más tarde cuando la Alemania nazi es derrotada definitivamente el 8 de mayo de 1945, es menester no olvidar que los regímenes totalitarios se caracterizan, en primer lugar por disponer completamente la vida de las personas, siendo los habitantes de los países donde se establecen estos tenebrosos regímenes, un medio para los fines perversos de los dictadores.

Cuando recordamos el gueto de Varsovia no podemos ni debemos olvidar las atroces violaciones a los derechos humanos, niños incluídos, que se están produciendo en estos momentos y desde hace cuatro largos años en Ucrania, donde la Comunidad Internacional debe actuar ya, sin más demoras cómplices y vergonzosas.

Hoy este país continúa levantando con fuerza extraordinaria la antorcha del más sublime fuego por la Libertad contra el opresor ruso, siendo nuestro más ferviente deseo acompañar al desangrado pueblo para que sigan manteniendo esos valores de lucha que representan también nuestros más excelsos principios, que compartimos universalmente.

Por ello, para que nunca colapsen las democracias, debemos enfrentar a la extrema izquierda y a la extrema derecha sin concesiones emocionales o intelectuales.

Al respecto, una fuerte luz de esperanza se encendió hace pocos días en Hungría, con el aplastante triunfo de Peter Magyar que demuestra una vez más que el sistema democrático, tan vapuleado por los totalitarismos pero irremplazable como defensor inclaudicable de la libertad, es decir, del bien más preciado que tenemos todos los seres humanos.

Hungría retorna felizmente al Multilateralismo, a los Organismos Internacionales, en particular a la Unión Europa y a la OTAN. Simultaneamente, se enfriará en grado superlativo la profunda amistad y siniestra cooperación que tiene todavía el actual régimen con Putin y se abrazará nuevamente con más fuerza que nunca a Ucrania. Bienvenida Budapest a ser parte otra vez de este mundo Globalizado e Interdependiente por antonomasia.

La fuerza de esta cruzada está en la convicción de nuestros principios Liberales que se fueron gestando desde hace más de trescientos años cuando las cadenas de la opresión medieval fueron cortadas por las extraordinarias ideas de la Ilustración, que germinaron inicialmente en el viejo continente contra el despotismo como punto de partida y luego se propagaron hacia América del Norte sin solución de continuidad, como un reguero de pólvora imparable.

Finalmente, que el levantamiento del gueto de Varsovia,nos inspire a ser guardianes de la memoria y defensores incansables de lalibertad, la paz y los derechos humanos ya que solo recordándolos permanentemente podemos asegurar que nunca, por ninguna causa, se repita una nueva edición del nacional-socialismo.