Naufragio en un mar de oyentes

(Shutterstock)
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El otro día, un chico me preguntó por chat: “¿Para qué usas la lengua de señas si podes hablar bien? Terminaste la primaria y la secundaria de oyentes... Y también, te recibiste en la universidad. Tenes el implante coclear, no hace falta que uses la lengua de señas”. Mi primera reacción fue “¡Uumm! ¿Cómo te explico? ¿Por dónde empiezo?” (Aclaro que este chico no tuvo mala intención; simplemente no conoce la cultura sorda).

Esta pregunta me hizo reflexionar (mucho) sobre un montón de cosas. Llegué a la conclusión de que no me arrepiento de haber aprendido la lengua de señas (empecé siendo grande, a los 23 años. Actualmente, tengo 33 años). Este idioma me dio muchas cosas de la vida. Viajes, amores, amigos, enemigos, aprendizajes, felicidad, tristeza, risas, enojos, abrazos, lágrimas, me enamoré, lloré, me equivoqué (mucho), tuve miedo, gané, perdí, etc. Aprendí un montón de cosas durante esos últimos diez años que toda mi vida. ¿Lo mejor? El FiCSor, festival de cine sordo, que sin dudas marcó un antes y después de mi vida. Gracias a eso, encontré mi lugar en este mundo, fue como encontrar una luz brillante a través de la oscuridad.

El otro día fui a hacer trámites en el Cine Gaumont con una intérprete. Ahí me encontré con un ex compañero de la secundaria al que no veía desde hacía más de diez años, es decir mucho antes de que yo entrara al mundo de los sordos. Cuando él me habló, no le entendí nada. Entonces, le pedí a la intérprete que me interpretara todo lo que me dijo él. Él se sorprendió... Cuando la intérprete se fue al baño y yo estuve con él a solas, yo con muchísimo esfuerzo llegué a entenderle sobre lo que me dijo: “Fede, me entiendes, ¿no? Estuviste tomando prueba a ella, ¿no?”. No le dije nada, porque no tenía ganas de hablar (sé que estuve muy mal). Volvió la intérprete y nos fuimos de ahí...

Quiero aclarar a él y a todas las personas oyentes que estuvieron conmigo durante la primaria, la secundaria y la universidad:

No entendí nada de lo que hablaban ustedes durante la escuela y las juntadas. Asentía la cabeza todo el tiempo como si entendiera, porque “no quería quedarme afuera” por vergüenza o porque quería sentirme parte del grupo. Me acuerdo que todas las juntadas con los chicos, yo era el único “callado” porque todos hablaban. Yo era el único que no hablaba en grupo. Con una persona oyente, nunca tuve una comunicación fluida sino corta tipo “Hola, ¿cómo estás?”. Estaba haciendo un tremendo esfuerzo para encajar en un grupo que al final no supo comunicarse conmigo. Fue muy cansador. Hasta el día de hoy todavía me está pasando lo mismo con mis compañeros de trabajo y con mi familia. ¡Ojo! No digo que sean malas personas, o que me discriminan. Simplemente, no están acostumbradas a convivir con una persona sorda. En muchísimas escuelas no les enseñan a cómo comunicarse con las personas sordas. Por eso, no les culpo. No estoy enojado (lo estuve durante un tiempo). Pero acepto que es así la realidad en que vivimos nosotros...

Cuando estudiaba, no entendía casi nada lo que decían los maestros y los profesores. Todos los días vivía pidiendo los apuntes a mis compañeras súper aplicadas y organizadas. Copiaba todo el tiempo sobre lo que ponían en el pizarrón. Estudiaba todo “de memoria” (por suerte tengo muy buena memoria visual). Sacaba buenas notas (hubo algunas de las cuales que yo sentía que fueron por “lástima” por ser persona sorda). Y me di cuenta de que el sistema educativo no está adaptado para personas sordas. No culpo a los profesores, maestros y compañeros que fueron muy buenos conmigo. Por eso, estoy muy agradecido...

Estuve saliendo con personas oyentes, que no sabían nada de Lengua de Señas. Podíamos comunicarnos entre nosotros de uno a uno. A veces con esfuerzo, otras veces bien. Pero, no es lo mismo estar en grupo de oyentes. Son situaciones totalmente diferentes.

Cuando descubrí la lengua de señas, me cambió la vida. Empecé a comunicar más con los chicos sordos y oyentes que sabían lengua de señas. Con ellos, podía tener una comunicación más fluida, hablamos de todo, desde el amor, trabajo, política, deportes, etc. durante horas, horas y horas. Todo eso le dio más color a mi vida. Me sentía muy acompañado. Podía vincularme con esa gente.

Por eso, no me arrepiento de aprender y usar la lengua de señas. Con los oyentes, puedo hablar bien oralmente (reconozco que no hablo perfecto igual me conformo). Pero no es lo mismo...

En fin, ya encontré mi identidad.

Ojalá que este chico que me hizo la pregunta haya entendido bien sobre todo lo que le expliqué arriba..

El autor es productor audiovisual, diseñador de imagen y sonido de la Universidad de Palermo, director del Festival Internacional de Cine Sordo (FiCSor).

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