
En estos días el aborto ha vuelto a la tapa de los diarios y el debate se agitó otra vez en la tele y las radios, entre las familias, las parejas, los grupos de amigos. Es un tema que no deja indiferente a nadie. Pero lo que más indigna es que los políticos de siempre le falten el respeto al debate y la gente, y hagan sus jugadas tácticas con la vida, los valores y las convicciones de millones de argentinos y argentinas.
El aborto es un tema serio. La vida es un tema serio. La liviandad de las jugadas de la política le falta el respeto a la vida y a las madres vulnerables.
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El aborto es un tema de salud pública, de mala salud pública. De años de fracaso. De falta de centros de atención obstétrica, de falta de controles durante el embarazo, de falta de contención social, psicológica y afectiva, cuando la situación de vulnerabilidad arrincona a una madre y parece encerrarla sin libertad para elegir, presentando ante sus problemas la aparente salida fácil del aborto.
Una madre vulnerable necesita un Estado, políticos y dirigencia madura, que le ofrezca opciones de salud pública que superen la careta humanitaria del aborto y presenten un rostro humano que apuesta por la vida, que proponga un camino para salir adelante, para sacar adelante a su bebé y sacarse adelante a ella misma apostando por la esperanza de la vida. Necesitamos verdaderas políticas públicas de salud que promocionen y cuiden la maternidad vulnerable, la primera infancia, el empoderamiento de la mujer.
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¿Qué tipo de dirigencia tenemos que prioriza debates por el aborto mientras tiene a millones de niños y niñas al borde del abismo o dentro de él? En general, las prioridades de la política de hoy muestran un desprecio sistemático a la vida, al vulnerable, a los más necesitados.
Que no nos digan que el aborto es una buena estrategia de salud pública, que, como para muchas mujeres no hay salida, están condenadas a sufrir un aborto en condiciones de asepsia sanitaria. El aborto nunca es aséptico: deja huellas, lastima el cuerpo y el corazón. El aborto no puede ser la solución que les damos a nuestras madres vulnerables. Ellas se merecen más: más ayuda, mejor atención médica, más confianza, más dignidad. Y eso llega por invertir los recursos del Estado en cuidado de la salud materna y de la primera infancia, no en financiar abortos, descarte de madres y de bebés.
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El aborto es el fracaso de la salud pública y de la sociedad. El aborto es coherente con la clase política argentina que mira para otro lado. Con esos que generan los problemas, los agrandan y después se los quieren sacar de encima aprovechando modas ideológicas.
Esta es la discusión seria que deberíamos dar: cómo hacer para que ninguna mamá sienta que el aborto es su única solución. Y para que, en su soledad, no vuelva a sentir que, cuando necesita ayuda, el Estado y la sociedad miran para otro lado, rodeados de sus privilegios y su cinismo.
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Hoy podemos romper esa lógica. Uniéndonos, trabajando con una estrategia común. Romper esa lógica es responsabilidad de todos los que estamos a favor de la vida. Es tiempo de elevar las coincidencias y dejar de lado las diferencias. La historia reconocerá a quienes estén a la altura del compromiso que tenemos por delante.
<i><b>La autora es diputada provincial en Santa Fe</b></i>
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