
“Llueve sopa y nosotros con tenedores en las manos”. Muchas veces los argentinos experimentamos esa sensación. Es que los ciclos de la economía internacional no siempre son acordes a los momentos que vive un país.
Sin embargo, de tanto en tanto se produce la coincidencia y las condiciones del contexto global se producen en el momento indicado para la situación nacional. En esos casos se abren oportunidades importantes para impulsar la economía en general o brindar a un sector en particular la posibilidad de que pueda actualizarse. Ocurrió con la soja durante la primera década del nuevo milenio. Hoy, la cadena de valor de la carne estaría ubicada en el umbral de una situación similar.
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Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, para 2020 y los siguientes años se espera un incremento de 4% en la demanda de carne bovina en el mercado internacional, con un aumento de los precios. En simultáneo, algunos competidores de Argentina, como Australia, mostrarán una reducción de su oferta por serios problemas de sequía.
En materia de comercio internacional, nuestro país exportó aproximadamente 80.600 toneladas de carne vacuna en sólo en octubre de 2019: un incremento de 430% respecto del mismo período de 2015, momento a partir del cual el crecimiento de ventas al exterior en este segmento fue aumentando a doble dígito hasta llegar así al día de hoy.
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La fuerte demanda de carne por parte de los mercados asiáticos, asociada con los limitados suministros exportables de Oceanía, abrirá o ampliará puertas para exportadores como Argentina, con China posicionada como el mayor adquiriente de estos productos, que absorbe más del 70% de los envíos de nuestro país.
El potencial buen momento para el sector, no obstante, no se agota en las exportaciones. La Argentina cuenta con una de las industrias más avanzadas en América Latina para el reciclaje de residuos provenientes de la cadena cárnica, que genera más de 1,75 millones de toneladas al año de residuos no comestibles y que, con estas previsiones para 2020, podría incrementarse un 15%.
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Este rubro, conocido en la cadena de valor como Rendering (reciclado del subproducto), emplea algo más de 700 personas en forma directa en todo el país, es responsable por la tratamiento de ese volumen de residuos generando dos productos de alto valor, el sebo líquido y la proteína de carne y hueso, que se consolidan como una pieza central en el aporte de divisas por exportaciones. Cuenta, además, con una virtud adicional: en 2019 cerrará el año con un volumen de operaciones cercano a los USD 250 millones, con exportaciones por más de USD 50 millones.
En esta materia, Argentina es un mercado de referencia internacional. No sólo logramos una apropiada disposición de los residuos de la industria frigorífica, sino que demostramos nuestra capacidad para darle un valor agregado y obtener productos orientados a las exportaciones y a la generación de empleo de calidad, convirtiendo esos derivados en insumos clave para industrias estratégicas como alimentos, jabonería, oleoquímicos para la industria farmacéutica y una enorme variedad de productos, así como también para el desarrollo, cada vez más, de biocombustibles.
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La oportunidad para la industria de la carne, y para el país, es notable. La cadena de valor del sector debe crecer en forma proporcional y de modo homogéneo. Con esfuerzo multisectorial y un correcto engranaje entre los sectores público y privado, es posible que la próxima lluvia de sopa nos encuentre preparados con nuestras cucharas en la mano.
El autor es gerente general de la Cámara de Subproductos Ganaderos
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