
La pregunta que últimamente surge es: ¿por qué razón la inflación no cede si el Banco Central de la República Argentina está cumpliendo con la meta de no emitir moneda , es decir de no aumentar la base monetaria? La primera observación que uno debería formular es que el Índice de Precios al Consumidor y la inflación no son exactamente lo mismo. Si bien los economistas y el general los identifica como la misma cosa, no lo son. El IPC refleja la variación de los precios de los bienes y servicios que compra habitualmente una familia tipo y la inflación tiene que ver con la demanda de moneda.
Hecha esta aclaración, que es bastante técnica para una nota periodística, mi punto es que para responder al primer interrogante hay que pensar en términos de pérdida del poder adquisitivo del peso.
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Como se sabe, la moneda es una mercadería como cualquier otra y, por lo tanto, tiene una oferta y una demanda y además tiene un precio relativo respecto a los bienes y servicios del resto de la economía. Así como hay un precio relativo entre la cantidad de trigo que hay que entregar por una cosechadora o la cantidad de carne vacuna a cambio de alambrado, la moneda tiene un precio relativo con todos los otros precios de la economía.
En el caso de la moneda con el resto de los bienes de la economía, el precio relativo puede variar porque aumenta la demanda de moneda, crece la oferta de bienes, se produce la inversa o bien una mezcla de ambas variables y otras más que no agrego en esta nota para no marear al lector. Solo le pido que tenga presente que la gente puede demandar más o menos pesos y que la productividad de la economía también influye en el poder adquisitivo de la moneda.
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Veamos un sencillo ejemplo numérico. Tomemos el caso 1. El BCRA emitió $10.000 y ese es todo el stock de moneda que hay en el mercado. Supongamos que la gente, por precaución, cautela o cualquier otro motivo, guarda $2.000 en el bolsillo. Es decir, los tiene en una lata de galletas en su casa, escondidos en el placard o debajo del colchón. Eso se llama demanda por moneda.
Si la gente demanda $2.000 y hay emitidos $10.000, el dinero que queda realmente para transacciones es de $8.000. Si suponemos que la oferta de bienes y servicios es de 800 unidades, el nivel promedio de precios es $10 que resulta de dividir $8.000 de dinero para transacciones por las 800 unidades. Es matemáticamente imposible que el nivel de precio sea mayor si la demanda de moneda y la oferta de bienes se mantiene constante.
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Ahora bien, ¿qué puede ocurrir con el nivel promedio de precios si la gente, por la razón que sea, disminuye la demanda de moneda, o sea recorta la cantidad de pesos que quiere tener dentro de una lata de gallletas en su casa? El ejemplo 2 muestra que el BCRA no emitió un solo peso más, sin embargo, al bajar la demanda de moneda de $2.000 a $1.000, entran en circulación $1.000 que antes estaban fuera del circuito guardados en la lata de galletas o en el placard.

En este caso, aun suponiendo que la oferta de bienes y servicios se mantiene contante, quedan $9.000 para realizar transacciones (aumentó la cantidad de dinero para hacer transacciones sin que el BCRA haya emitido un solo peso más) y el nivel promedio de precios, si la oferta de bienes se mantiene constante en 800 unidades, sube a 11,30 pesos.
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Finalmente el ejemplo 3 muestra qué ocurre cuando baja la demanda de moneda de $2.000 a $1.000 pero también se reduce la oferta de bienes y servicios a 700 unidades. En este caso, sin que el BCRA haya emitido un solo peso adicional, el promedio de precios de la economía sube a $12,9 promedio por unidad.
Factores que influyen en la determinación de los precios
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De lo anterior se desprende que aun sin emisión de moneda puede aumentar el nivel promedio de precios. Mi punto es que justamente esto es lo que está ocurriendo en la economía argentina. La oferta de bienes es menor porque las empresas producen menos o bien porque prefieren quedarse en stock de mercaderías como defensa contra la inflación y la devaluación del peso frente al dólar porque si vende su mercadería y luego tiene que reponerla, desconoce el tipo de cambio al que va a tener que comprar esa mercadería.
O bien prefiere vender su mercadería y apostar a la jugosa tasa de interés que le ofrece el BCRA en vez de ponerse a producir. Si vende su stock con insumos importados calculando un tipo de cambio de $45 por dólar y luego, cuando cobra los pesos por la venta de su mercadería al reponerla el tipo de cambio está en $50, puede reponer menos stock de mercaderías o, lo que es lo mismo, pierde su stock de capital.
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Paralelamente la gente quiere retener menos pesos debajo del colchón o en la lata de galletas y vuelca más pesos al mercado que antes no estaban en circulación. Se combina, entonces, la caída en la demanda de moneda con una menor oferta de bienes y servicios y, por lo tanto, los precios siguen subiendo o, para ser más rigoroso, el precio relativo moneda, el resto de los bienes y servicios de la economía se modifica en contra del peso.
La gente valora menos los pesos que tiene y valora más el resto de los bienes y servicios de la economía, incluido el dólar. Baja la demanda de moneda, sube la oferta de pesos para transacciones y se reduce la disponibilidad de bienes y servicios, por menor producción o bien por mayor stock buscando defenderse de la pérdida en el poder adquisitivo de la moneda.
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Si a esto se agrega el incremento de las atrasadas tarifas de los servicios públicos, tenemos el combo perfecto como para que la gente sienta cómo sus ingresos cada vez rinden menos, al tiempo que el Estado exprime a la gente con una presión impositiva inédita en Argentina. Es obvio que la gente tiene que sentir el impacto en su nivel de vida si se combinan todos estos factores.
Ley de Góndolas
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A este complejo problema monetario y de expectativas de los agentes económicos, la diputada Elisa Carrió pretende enfrentarlo con una "Ley Góndola", por la cual cree que puede solucionar un problema de oferta y demanda de moneda y de bienes y servicios mediante una ley que disponga cómo tienen que ponerse los productos alimenticios en las góndolas de los supermercados. No advierte la legisladora que cae en las mismas prácticas propias de los modelos fascistas que aplicaba Guillermo Moreno.
Si quiere solo hacer ruido político para tranquilizar a la gente presentando este proyecto de ley, me parece que cae en la vulgaridad de hacer un discurso populista que tanto dice despreciar. Si alguién cree que puede solucionar el problema inflacionario definiendo cómo se colocan los productos en las góndolas, le sugiero que lea 4000 años de Controles de Precios y Salarios, Cómo NO Combatir la Inflación de Robert Schuettinger y Eamonn Butler de Editorial Atlántida o bien aquí tiene el acceso libre al libro en The Heritage Foundation.
En síntesis, hoy estamos asistiendo a una combinación de caída en la demanda de moneda y de oferta de bienes y servicios y, a pesar que el BCRA no emite más moneda, la inflación todavía se mantiene elevada. Esa es la causa por la cual los precios siguen subiendo a pesar de la emisión cero y no por cómo los supermercados colocan los productos en las góndolas de una manera que desagrada a Elisa Carrió.
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