(Gentileza Presidencia de la Nación)
(Gentileza Presidencia de la Nación)

Terminó la cumbre del G20 y la ciudad comienza a recuperar su clima natural mientras los medios, en general, vuelven a sus temas habituales. Parece un buen momento para reflexionar sobre lo que deja esta cumbre en materia de experiencia y de conocimiento: es tiempo de balances y una gran oportunidad para ejercitar estos análisis desde la franqueza. Leo críticas a los medios, críticas feroces al trabajo de los periodistas: muchas de ellas razonables en virtud de la debilidad de algunos análisis pero también cierto cotilleo hipócrita, ruin, que no contempla que los periodistas somos emergentes de una cultura ombliguista y contradictoria. Somos el centro del mundo y, a la vez, todo lo nuestro es malo y todo lo de afuera es mejor. Amigos: si no nos ponemos de acuerdo con lo que somos (¿somos los reyes del universo o somos la resaca del mundo?), qué difícil es pensar en construir un país mejor, ¿verdad?

Tiro al azar algunas preguntas. ¿Cuántos argentinos sabían hasta hoy que en Francia estaba teniendo lugar un conflicto con los "chalecos amarillos" como protagonistas? ¿Cuántos seguían el día a día de la "guerra comercial" entre China y Estados Unidos? ¿Quién venía siguiendo en los medios el tema del asesinato del periodista Jamal Kashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, más allá de los detalles escalofriantes del crimen? ¿Muchos tenían idea de que el Reino Unido se está divorciando de la Unión Europea y que el divorcio está resultando un litigio intenso, estridente y controvertido? ¿Y cuántos conocen a fondo la crisis entre Ucrania y Rusia, reverdecida en estos días por el apresamiento de marinos ucranianos por parte de los rusos en el estrecho de Kerch?

Podría seguir haciendo preguntas pero la idea no es tomar un examen ni plantear una trivia sino dar cuenta de una evidencia: en la Argentina, la política internacional no resulta un tema de interés. O al menos, no resulta un tema de interés constante sino un objeto de espasmos de atención que se disparan con alguna noticia destacada o inusual: un atentado, una elección crucial en un país relevante, un crimen feroz, un líder excéntrico. O una cumbre del poder mundial en la capital del país.

Hubo muchas y variadas coberturas en diarios, sitios online, radio y televisión. Hubo buenos programas que se ocuparon de cubrir los déficits de sus conductores en la materia con buenas consultas a expertos y hubo, también, colegas que creen que todo tema es una buena oportunidad para lucirse y, lejos de intimidarse, hablan, aun de lo que no saben, como si supieran. No es patrimonio de los periodistas, ni siquiera de los periodistas argentinos: la arrogancia y el descaro son patrimonio de la humanidad.

Leo y escucho, también, maledicencia gratuita en una carrera por ganar el reino del ingenio en las redes atacando al otro. Conductores y movileros no tienen que ser especialistas en todos los temas, no es su función, de modo que no es apropiado exigirles una competencia desmesurada en materia de política internacional. Sí, en cambio, está en nosotros como audiencia pedir el mínimo de rigor profesional para lo que se dice, pero es imposible imaginar que un periodista al aire y en vivo pueda exhibir la elegancia y la excelencia que es posible alcanzar por escrito y con chances de corregir.

Tengo cierta experiencia en medios audiovisuales: les aseguro que no es sencillo estar atento a las necesidades técnicas del trabajo, al contenido que debemos transmitir y a las formas. No digo esto como excusa ni a la manera de una defensa corporativa sino como un modo de entender el contexto en que se hacen las coberturas, en un tiempo de celoso maltrato del oficio por parte de la política en todo el mundo. Por otra parte, los medios audiovisuales suelen conjugar saber y entretenimiento, por lo que culpar a los y las colegas por hablar del arsenal de autos de los jefes de Estado, de las rutinas de las comitivas, el choripán que comió Angela Merkel o de los vestidos de las primeras damas es en realidad un autoengaño. Todos sabemos que esas son las notas que más miden, acá y en cualquier lugar del mundo.

Lo que también debemos saber -y la cumbre que acaba de terminar puede servir como ejemplo- es que hay temas y notas que, aunque no midan tanto, son necesarios y hasta imprescindibles. No somos el centro del planeta y quedó demostrado. Por algunas horas, la cumbre convirtió a nuestro país en el escenario al que se trasladaron los grandes conflictos internacionales, representados además por las figuras que son las celebrities de la política mundial, lo que llevó a Buenos Aires y a la Argentina a ser también nota en los medios de todo el mundo, esta vez no por cuestiones de política y economía doméstica -o porque el fútbol se convierte en una batalla campal de ejércitos irregulares- sino porque los verdaderos dueños de la pelota se veían cara a cara y podían tomar decisiones clave para todos. La economía del mundo pendiente de la cena entre Trump y Xi Jinping en el Palacio Duhau Park Hyatt o el "Arde París" que esta mañana dio la vuelta al mundo con el presidente Macron en Costa Salguero son dos de los grandes ejemplos.

 

El G20 terminó y si seguimos la larga tradición de creernos el ombligo del mundo, posiblemente la ampliación coyuntural de públicos para estas noticias que tienen lugar por fuera de nuestras fronteras vaya languideciendo. Le juro que es una pena: no sabe lo entretenido, interesante y excitante que puede ser seguir estos temas, aún cuando haya tiempos de meseta que pueden parecer aburridos. Hay medios internacionales muy atractivos y que ponen el acento en la divulgación como género periodístico, por lo que simplifican increíblemente la complejidad natural de algunos conflictos al punto que cualquier persona interesada puede integrar sus audiencias. También en la Argentina contamos con profesionales -periodistas y académicos- cuya destreza y rigor no está en jaque y de quienes todos podemos aprender un poco más cada día.

Pongo el punto final con cierta ilusión: con que al menos algunos de quienes en estos días prestaron atención a la cumbre sigan de ahora en más leyendo sobre estos temas, podremos pensar que tuvimos un G20 exitoso. Y ahí sí, más allá del communiqué que puso tan contentos a los organizadores, nosotros ya ganamos.