Dos horas más a la noche y dos horas más a la mañana. Cuatro horas adicionales a las once horas actualmente permitidas por la ley provincial nº 11825. Quince horas en total, de 8 de la mañana hasta las 11 de la noche, para vender alcohol durante el verano en las ciudades balnearias de la provincia de Buenos Aires. Más horas para la oferta significa más horas para la demanda, lo cual se traduce en más consumo de alcohol.

El argumento para impulsar el proyecto modificatorio de la ley, que voltea toda evidencia científica y empírica recolectada a nivel mundial con respecto a la necesidad de reducir la disponibilidad de esta droga legal, la dio la mismísima gobernadora de la provincia. "Nos pareció que podríamos ayudar a que las familias estén más tiempo en la playa y no tengan que adelantar o retrasar su ida a tomar sol por ir al supermercado para comprar la bebida", dijo María Eugenia Vidal durante el lanzamiento del programa "Mar del Plata te hace feliz".

Del recordado eslogan "Sol sin drogas" de los noventa a este penoso "Sol y alcohol" impulsado por los legisladores de Cambiemos Guillermo Castello y Lucas Fiorini (ambos marplatenses), la liviandad retórica con la que se fundamenta este proyecto me lleva a pensar que no hubo un análisis serio de los pros y los contras, ni mucho menos de las consecuencias sociosanitarias colaterales aparejadas.

Para empezar, si los ciudadanos que desean consumir alcohol ya se acostumbraron al horario de 10 a 21 horas para adquirirlo, ¿por qué deberíamos rebobinar o flexibilizar un cambio cultural importantísimo en términos de reducción de la demanda, que se fue sedimentando con el correr de los años? Si es así y la ley logró modificar e instalar una conducta, entonces no es tan dañina como algunos desean hacer creer. Muy por el contrario, una de las principales recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud es la de reducir la disponibilidad de alcohol mediante una regulación de días y horarios de los puntos de venta minorista habilitados. Recordemos que Buenos Aires es la única provincia que cuenta con un Registro Provincial para la Comercialización de Bebidas Alcohólicas (REBA) y de una ley que regula la franja horaria permitida para el expendio. Esto se llama diseñar políticas públicas basadas en la evidencia. Lo opuesto es ideología.

Seguramente existirán compradores que, sistemáticamente, decidan infringir la norma y encontrar algún punto de oferta más allá de las 21 horas (o de las 23 si se aprueba la modificación). Nada muy distinto a lo que sucede con los comerciantes inescrupulosos que les venden alcohol a menores de 18 años, cuando no deben hacerlo. Pero estimo que no por eso ningún legislador impulsaría un cambio normativo para dejar de ser caretas o hipócritas frente a situaciones que, a pesar de estar prohibidas por ley, igual suceden. En todo caso, reforcemos el compromiso y la responsabilidad social para erradicar este tipo de conductas, y tratemos por una buena vez de cumplir y hacer cumplir las leyes. Las normas solo pueden evaluarse a la luz de su plena vigencia y ejecución. El problema no es la ley 11825 y el horario de expendio de alcohol. El problema es que somos una sociedad anómica, y que el quebranto de las leyes no tiene consecuencias.

Otro punto no menor es cómo se relacionan e interactúan las leyes provinciales nº 11825 y nº 14050, también conocida como ley de nocturnidad (que también contempla en su artículo 18 la prohibición fijada en la 11825). Porque si bien todos destacan las comodidades que traería aparejada el nuevo horario de corte de las 23 horas, nadie hace notar que la modificación habilitaría también a los comercios a empezar a vender alcohol a partir de las 8 de la mañana. Casi a la salida de los boliches, que por ley 14050 es a las 6.30 horas por cuestiones estacionales. Pero si abandonamos la supuesta hipocresía que algunos enarbolan como bandera de cambio de la ley, y asumimos que gracias a la particular flexibilidad que esta norma goza en varios de los municipios de la costa atlántica durante la temporada veraniega, la noche no suele empezar hasta las 4 y su límite es difuso. Así, es muy probable que la demanda vuelva a encontrar terreno fértil para confluir con la oferta. Lindo combo.

También resulta paradójico, mas no ilógico si se toma en cuenta la potencial caída en las ventas y el consumo de bebidas alcohólicas, que en una ciudad en la que el intendente Carlos Arroyo tuvo la valentía de instaurar por decreto la tolerancia cero al alcohol al conducir surja semejante proclama promocional. Porque fueron los mismos comerciantes marplatenses los que solicitaron a Castello y a Fiorini, dos referentes enfrentados al actual jefe comunal, revisar el horario y compensar las nuevas mermas económicas. En Córdoba, donde hace tiempo rige el cero alcohol al volante, la venta de alcohol en restaurantes cayó entre un 20 y un 30 por ciento.

¿Y qué dice la ciencia? El Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington publicó un estudio que recoge la mayor base de evidencia científica hasta la fecha en torno a los efectos del alcohol sobre la salud, y que quiebra el romanticismo en torno al supuesto consumo saludable o beneficioso. La comunidad científica internacional coincide en que no existe un umbral de consumo seguro de alcohol que permita eliminar los riesgos y las consecuencias negativas para el organismo. Tomar una bebida al día aumenta al año el riesgo de padecer un problema de salud en un 0,5 por ciento. Si el consumo es de dos bebidas diarias, el riesgo anual sube al 7 por ciento. Y si esta ingesta se eleva a cinco tragos, las posibilidades de enfermar se disparan al 37 por ciento.

El último informe de la Organización Mundial de la Salud puso cifras y cuantificó la epidemia: cada año se producen 3,3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol. Dicho de otro modo, una de cada veinte muertes en el mundo. En el grupo etario de 20 a 39 años, un 25% de las defunciones son atribuibles a esta droga. Y según datos del 2016, en nuestro país fallecieron 7700 hombres y 4700 mujeres a causa del alcohol.

La última Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas dejó como resultado una importante declaración política de los Estados miembro para tomar medidas contra las enfermedades no transmisibles, la mayoría provocadas por el tabaquismo, el alcoholismo y los alimentos altos en azúcar. En lo que algunos denominan una "declaración de guerra al alcohol, el tabaco y el azúcar", los jefes de Estado asumieron el compromiso de adoptar 13 nuevas medidas para combatir enfermedades como el cáncer, la diabetes, la cirrosis y la hipertensión.

Mientras tanto, a contramano del mundo y de los organismos internacionales, la provincia de Buenos Aires se apresta a flexibilizar sus políticas de control de la oferta de alcohol para que los turistas puedan aprovechar el último rayo de sol sin correr el riesgo de no poder comprarse una cerveza.

El autor es analista, investigador y consultor en asuntos de políticas sobre drogas.