Mauricio Macri se sorprendió con la victoria en primera vuelta de Jair Bolsonaro (Foto: Adrián Escandar)
Mauricio Macri se sorprendió con la victoria en primera vuelta de Jair Bolsonaro (Foto: Adrián Escandar)

Ahora hay quienes dicen que una semana antes de la primera vuelta electoral en Brasil, Marcos Peña alertó a su equipo de que podía ganar Jair Bolsonaro. No tanto por lo que anticipaban las encuestas, sino porque las grandes corporaciones de medios internacionales decían que sería un desastre para la décima economía mundial, sumándose así al coro mediático brasileño, que auguraban los más grandes calamidades si ganaba el candidato del PSL, que solo mejoró su posicionamiento cuando dejó de asistir a los debates presidenciales. "Si los medios de Brasil y del exterior dicen que va a perder, es porque va a ganar", se asegura hoy que dijo el Jefe de Gabinete en los días previos, palabras más, palabras menos.

No es lo que percibió Infobae cuando el canciller Jorge Faurie habló con los periodistas acreditados en Casa Rosada el lunes 8 de octubre. Por cierto, estamos hablando de un profesional de extensa trayectoria, que no se permite transmitir emociones en sus responsabilidades diplomáticas pero, claramente, ante la prensa demostró que no era el escenario que esperaba él, ni el resto del Gobierno.

Algunos conceptos dichos con mesura como "en las relaciones internacionales aceptamos la voluntad del pueblo que elige al dirigente que elige en democracia", no fueron la mejor bienvenida al candidato que tiene las mejores chances para ganar el balotaje. Otros sí fueron más felices, como al respaldar a "la figura que emerge" que los brasileños "votaron en un posicionamiento que mira hacia el futuro, no hacia el pasado".

Carrió en la mañana que redobló la apuesta contra Germán Garavano. (Foto: Adrián Escandar)
Carrió en la mañana que redobló la apuesta contra Germán Garavano. (Foto: Adrián Escandar)

Pero el desconcierto con el resultado electoral incluyó al secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, que en conversaciones privadas reconoció que nadie en la Argentina había tomado contacto con el candidato que salió primero en el primer turno. ¿Quién lo conoce (en el mundo)?, habría sido su pregunta retórica, sin faltar a la verdad.

Es verdad que el embajador argentino en Brasilia, Carlos Magariños, mantuvo encuentros con los hijos de Bolsonaro antes de la fecha de elecciones. Pero siendo Brasil el principal socio de la Argentina, es una falta grave que no se dispusiera de información fehaciente sobre el proceso electoral brasileño y que en Argentina solo se hubiera tomado contacto con el staff de Fernando Haddad, dando por descontando su triunfo.

Claro, sucede que el mismísimo Jaime Durán Barba daba por seguro el triunfo del PT en Brasil, como lo demuestra la nota que publicó el 23 de septiembre en Perfil, que tituló "El posible triunfo de Lula da Silva", basada en que "cuando un líder con esa popularidad termina preso, su posibilidad de endosar votos es óptima".

Jair Bolsonaro y Fernando Haddad (foto: Reuters)
Jair Bolsonaro y Fernando Haddad (foto: Reuters)

El estratega de Cambiemos escribió que "las encuestas muestran en los últimos días una tendencia al crecimiento de Fernando Haddad en el electorado que históricamente fue leal a Lula. Se aproxima a Bolsonaro y si termina encabezando la primera vuelta, quedaría posicionado de manera óptima para ser el nuevo presidente de Brasil, en la que parece que será una elección polarizada entre el PT y un candidato antisistema".

Y concluyó que "analizada la información (del alto porcentaje de personas que jamás votarían por Bolsonaro, que estaba en 44%), lo más probable es que pasen a la segunda vuelta Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, y que el candidato del PT sea el próximo presidente de Brasil".

El caso tiene interés más allá de lo que el Gobierno no vio de Brasil porque si de verdad hay un debate entre Mauricio Macri y Elisa Carrió (a veces parece un show para tener entretenida a la opinión pública), es respecto de si Cristina Kirchner tiene que ir presa o no. Por cierto, no es una decisión que le corresponda tomar al Poder Ejecutivo, tampoco al Legislativo. Sin embargo, los funcionarios nacionales no ocultan que en el 2019 quieren competir en las elecciones con la ex presidenta y en libertad, porque "presa podría transformarse en mito y ser más peligrosa".

Pocas cosas le molestan más a Carrió que ese cálculo electoral. Ni qué decir al electorado intenso que ella representa, especialmente embebido en las causas contra la corrupción, que ella lideró desde que se incorporó a la vida política. En el Gobierno, sin embargo, son más prácticos: "dentro de un año las cosas van a estar mejor económicamente y, con Cristina enfrente, ganamos en primera vuelta". Es lo que dicen, por lo menos.

Tampoco a los inversores extranjeros le hace mucha gracia que la competencia del año próximo se realice con Cristina. "Que después de los cuadernos la ex presidenta siga teniendo chances de ganar, o incluso las incremente, no es un buen mensaje hacia el exterior", es el comentario que más se escuchó  en la Fiesta Nacional de España que se realizó el pasado 12 de octubre.

Todos atentos al saludo de Macri a Carrió, el último jueves en el CCK
Todos atentos al saludo de Macri a Carrió, el último jueves en el CCK

Es evidente que Lilita y la gente que la sigue usa la lógica de los políticos que "siguen creyendo en la posibilidad de convencer a la gente explicándole con discursos los distintos temas", según escribió Durán Barba, aunque hablando de Lula y de las chances electorales de su delfín "a pesar de la masiva campaña que lo ataca por corrupto".

Sobre la base de ese diagnóstico, para los expertos en comunicación del Gobierno "el electorado sigue siendo básicamente el mismo que había en el 2015 y en el 2017, no hay cambios sustanciales". O sea, "hay un núcleo duro de un tercio con Cristina, otro núcleo duro de otro tercio con nosotros, y un tercer tercio que fluctúa. Nosotros creemos que vamos a recuperar los que están enojados con nosotros y ganar".

En eso anda el Gobierno. Desdramatizando, sintiendo que están recuperando el control, a pesar de la agenda negativa que se instala a diario en los hogares de sus propios votantes, preparándose para los próximos desaguisados que seguirán creándose con ese talento único que tienen para meter la pata, y los que les irá preparando la oposición. Están convencidos de que sigue siendo el tiempo de Cambiemos.

Lo curioso es que el diagnóstico que no les sirvió para anticipar los resultados electorales en Brasil es el que les sirve para anticipar su propia victoria en el 2019. No vieron a Bolsonaro, a pesar de que con las herramientas intelectuales que tienen les sobraba para entender la implosión de sentido que sobrevino al Lava Jato.

Mauricio Macri, el viernes, buscando retomar el camino de la agenda positiva
Mauricio Macri, el viernes, buscando retomar el camino de la agenda positiva

Finalmente, les caben las generales de la ley. Creyeron que era imposible que un ex militar que desprecia a las mujeres, a las minorías sexuales, y que tiene  un discurso amenazante, un macho alfa, estuviera a un paso de ser presidente de una país de la talla de Brasil. No pudieron pensar mucho más allá de eso.

Son los fundamentalistas de la Knowledge Illusion, pueden ser brillantes y patéticos a la vez, como dicen los autores de ese libro disruptivo, hablando del género humano. Tienen axiomas que pueden fallar porque forman parte de la especie humana -aunque a veces se crean dioses-, como ya se demostró fehacientemente. ¿Y si el peronismo se une? ¿Y si Cambiemos se divide? ¿Y si la economía no se recupera? ¿Y si aparece un Bolsonaro? No parecen tiempos para estar muy seguro de nada.