
La media sanción de la ley por la despenalización del aborto llegó impulsada por una extraordinaria movilización de las mujeres que sacudió la cultura del "no se puede" instalada en la Argentina y que refleja el avance de sus derechos individuales.
Una épica solo comparable a la lucha por la ley de la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres y el sufragio universal sancionada en 1947; a la ley de divorcio vincular sancionada en 1987 y a la de matrimonio igualitario aprobada en 2010. Esta media sanción se inscribe en la tradición democrática de la Argentina por la conquista de los derechos individuales y civiles como fueron los juicios a las Juntas Militares o la lucha por recuperar la identidad de los hijos de desaparecidos.
A lo largo de la historia, la lucha por conquistar nuevos derechos humanos y sociales tuvo siempre altísimos costos. Desde las movilizaciones contra las viejas y nuevas formas de esclavitud y por la igualdad, se lograron, a costa de mucho sacrificio, pérdidas e insistencia. La mirada de las nuevas generaciones de mujeres de ser dueñas de su cuerpo y del derecho a decidir forma parte de las transformaciones históricas y culturales de la época. Es el triunfo de la oleada verde de chicas y mujeres de diversa condición, edad y procedencia, y es una victoria que celebraremos con la aprobación de esta ley en el Senado.
Se trató de un debate extraordinario que atravesó todos los espacios políticos y religiosos. Ojalá la Argentina se encamine por este tipo de sendas porque hacen avanzar la democracia. Un debate sin bajezas, sin chicanas, con la altura necesaria para acercar posiciones a pesar de las diferencias.
Criminalizar el aborto es un cruel error, porque es una situación dramática espantosa: 50 mil mujeres por año son hospitalizadas a causa de abortos inseguros. Argentina tiene una de las tasas de aborto más altas del planeta: 40%, el doble del promedio de América Latina (dato validado por las principales publicaciones científicas actuales) y la mayoría de los procedimientos se realizan bajo condiciones inseguras. Es inadmisible que quienes se oponen a la despenalización también se opongan a los métodos anticonceptivos y lo único que hacen es condenar a las mujeres a pasar por una situación extrema con el aborto. La necesidad es dar respuesta a la injusticia social que condena a las mujeres que no puede pagar un aborto a más de cien muertes por año y miles de infectadas sin condiciones de seguridad.
Una ley de 2002 estableció el acceso libre y universal a los anticonceptivos. Pero las mujeres en la Argentina todavía luchan por obtener un acceso adecuado y oportuno al control de la natalidad. Cuando llegan a ellos, los centros de salud pública no brindan continuidad en el método anticonceptivo y, a menudo, brindan anticonceptivos vencidos. En nuestro país se sancionaron, en el 2003, la ley nacional de salud sexual y procreación responsable, y, en 2005, la ley 26150 que estableció la aplicación del Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Sin embargo, estas leyes no se logran aplicar en su totalidad por la resistencia de distintos sectores que las cuestionaron porque "promovían la corrupción sexual", al comprobarse la distribución de anticonceptivos y preservativos entre alumnos de 11 y 12 años de la escuela N°40 de La Plata.
El debate no puede ser "aborto sí" o "aborto no". El aborto siempre es una situación traumática y dolorosa que golpea a la mujer en lo moral, lo psicológico y lo físico. Pero, ¿quién le puede negar a la mujer el derecho a continuar con su embarazo? Detrás de un aborto hay siempre grandes necesidades, sociales, económicas y afectivas. Los hijos deben ser hijos del amor, hijos consentidos y deseados; y no hijos de un conflicto o un descuido. Por sobre las creencias religiosas, políticas y personales está el interés público y el bienestar de la población.
Hoy tenemos que celebrar la madurez de la clase política y la sociedad argentina, que se permitió no solo debatir sino visibilizar una tragedia que desde hace 100 años permanecía hipócritamente oculta a los ojos de todos los argentinos. Mi apoyo a la interrupción voluntaria de embarazo no es de ahora; siendo diputado, en el 2012, acompañé uno de los proyectos que se anticiparon al votado en la Cámara Baja de despenalización. Estoy convencido de que el Senado acompañará mayoritariamente el proyecto que llega de Diputados con la responsabilidad de honrar esta jornada histórica.
El autor es senador por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Proyecto Sur).
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