Cambiemos: la confianza no es ciega

Gabriel Catracchia

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En abril, el índice de confianza en el Gobierno cayó al nivel más bajo desde que empezó el mandato. Según un estudio de la Universidad Di Tella, bajó un 11% con respecto al mes pasado y 21% en relación con el año anterior. El valor actual del índice de confianza, que se mide con base en una escala de 0 a 5, está hoy en 2,07 puntos, equivalente al 41,4%, cuando en marzo estaba en 2,32 puntos, es decir, en 46,4% de la muestra a nivel nacional.

Las preguntas, como las hipótesis, son varias. En los últimos meses el Gobierno enfrentó batallas que, aunque a veces victoriosas, siempre dejan heridas. Basta recordar el debate por la reforma previsional y los incidentes que provocó a fines del año pasado; los siempre presentes conflictos de intereses y polémicas de algunos de sus ministros; la indomable inflación que no cede; y el aumento de las tarifas, entre otros temas.

Además de la reacción natural del electorado ante medidas económicas impopulares, ¿qué más hay detrás de la caída de confianza?

Una interesante definición sobre la confianza la tiene la filósofa francesa e investigadora de la Universidad de Tours, Laurence Cornu, que abordó el tema en su último libro sobre relaciones pedagógicas. Dice Cornu: "La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de alguien. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no control del otro y del tiempo". ¿Qué hipótesis se maneja sobre la conducta futura del Gobierno? ¿Con pocas certezas y varias promesas puede haber confianza? ¿Podrá el electorado no "inquietarse del no control del otro y del tiempo"?

En los dos primeros años de mandato, la comunicación gubernamental cumplió un papel clave para dejar en claro de dónde venimos y hacia dónde vamos, y de ese modo construir confianza y acrecentar el voto oficialista, tal como quedó demostrado en las elecciones del año pasado. El discurso de la pesada herencia y el triunfo del macrismo frente al kirchnerismo alimentaron la esperanza de muchos ciudadanos que, hasta el momento, su única ambición era esa: un cambio.

Hoy, luego de haber atravesado esta primera etapa de enamoramiento, las exigencias son mayores. Cambiamos, ¿y ahora qué? Si el enfrentamiento con el kirchnerismo sirvió en su momento para unir a la coalición gobernante y conquistar al electorado, hoy la pregunta es cómo alimentar las nuevas expectativas independientemente del rechazo al pasado.

Ahora el Gobierno enfrenta el desafío de practicar una comunicación que explique las medidas tomadas para reconstruir consenso con los distintos sectores y sumar legitimidad. El consultor en comunicación política, Mario Riorda, lo explica en su libro Comunicación gubernamental 360: "La comunicación política tiene un objetivo: generar consenso. Si la comunicación política no actúa bien, no hay consenso y si no hay consenso, no hay buena gestión".

Se dice que la fe es ciega, que no necesita evidencias. De esa fe se nutre el electorado duro de Cambiemos. La confianza, en cambio, parece ser más volátil. En épocas de campaña permanente, el Gobierno se ve obligado a mostrar a diario resultados para ese sector que lo eligió, pero que hoy va y viene entre certezas, un tibio apoyo y desesperanzas. Los discípulos más fieles no necesitan pruebas. Pero hay un sector, cada vez más grande, que pide más: quiere ver para creer.

El autor es asesor en comunicación política. Socio de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (Asacop).