La despenalización del aborto se votó en Francia en diciembre del 1974. La ley se equipó de protecciones y cautelas psicológicas: plazo de 10 semanas de embarazo, una charla previa obligatoria con un médico, un plazo de reflexión de una semana, entre los motivos por abortar se cita el desamparo de la mujer. Los médicos podrán oponer su objeción de conciencia. Además, se vota solo por 5 años. En 1979, veremos cómo seguir.
En la Asamblea Nacional francesa, Simone Veil, autora de la ley y entonces ministra de Salud, sobreviviente del campo de Auschwitz, se expresa así el 26 de noviembre 1974: "Hablo con toda la fuerza de mi propia convicción: el aborto debe ser una excepción, el último recurso para situaciones sin salidas. Pero ¿cómo tolerarlo sin que por eso pierda su carácter de excepción, sin que parezca que la sociedad lo apoya? Querría compartirles una convicción, en cuanto mujer: ninguna mujer acude con ganas al aborto. Basta con escucharlas a ellas". ¿Qué ocurre en 1979, a los 5 años? La ley se vota como definitiva, y empieza una toma de conciencia: abortar se banaliza. La sociedad había cambiado.
Se pensaba, en 1974, que el número de abortos iba a disminuir, por la toma de anticonceptivos, legal desde 1969. Sin embargo, el número quedó estable desde entonces: 210 mil por año, por 800 mil nacimientos, a pesar de que Francia tenga un récord mundial de toma de anticonceptivos. Un estudio estatal revela que 72% de las mujeres que abortaron en 2010 estaban tomando un anticonceptivo cuando empezó el embarazo. Una realidad que no se anticipó y es el contrario de la deseada: el aborto se usa como anticoncepción de segunda mano. Así, desapareció de la cultura francesa el bebé sorpresa: el que no está programado se suprime.
En 2009, se descubre abruptamente otra consecuencia de la mentalidad anticonceptiva, en las adolescentes. Una estadística alarmó al Gobierno: entre 2002 y 2006, el aborto de las menores de edad creció de 25%, pasó de 9920 a 13.230 por año. Lo que hace decir al doctor Israël Nisand, ginecólogo famoso, a favor del aborto, responsable de realizar un informe sobre el embarazo adolescente: "Terminar su primera historia de amor por un aborto es un camino iniciático desolador y potencialmente traumático".
Unos políticos, sin cuestionar el derecho al aborto, expresan también su preocupación. Así, Ségolène Royal, entonces ex ministra de Educación: "El desamparo y el drama humano que representa el aborto en chicas jóvenes merecen una acción valiente. Es una cuestión de salud pública y de justicia social".
Entonces, ¿por qué motivo abortan las mujeres francesas? "Presión" es la palabra que más veces resuena en las encuestas. Presión del compañero o marido: "Me dijo que eligiera entre el embarazo y él". Presión del jefe en el trabajo, con miedo a perder su empleo. Presión de los padres. Lo que las mujeres acumularon fue sufrimiento. Sufren la pérdida de un ser que saben que depende de ella y hubiera llegado a ser su bebé. En casos, el alejamiento de su pareja. Sufren también una tensión interior: si costó tanto obtener la ley del aborto y es ahora un derecho, si tantas mujeres desamparadas acudieron a abortar, ¿qué derecho tiene una a sufrir y a expresar el sufrimiento? Así, el aborto se vuelve un tema tabú. Hasta tal punto que en un Congreso sobre el Aborto en París, el 7 de marzo 2011, la doctora Sophie Marinopoulos, psicóloga y psicoanalista, comprometida a favor del aborto, dice: "Ese dolor no se ve, no se oye, no es racional. Sin embargo, se expresa. Se somatiza, se nota en el comportamiento, en el modo de relacionarse, se ve en los dolores de panza, de cabeza, en lágrimas, o en una cierta irritabilidad. Las mujeres que sufren, a veces incluso mucho tiempo después del aborto, están tristes y se arrinconan. Es muy importante no banalizar esos síntomas, sino poner palabras a esos males".
Unas encuestas profundizan esta cuestión del sufrimiento: 85% de ellas se declaran a favor del aborto y, sin embargo, unas preguntas más adelante 61% de ellas piensan: "Hay demasiados abortos en nuestro país", y 83% de ellas expresan: "El aborto deja huellas psicológicas difíciles de vivir para las mujeres". Además, 60% opina: "La sociedad tendría que ayudar a las mujeres a evitar el aborto" (IFOP, 2010).
Otro dato: el Misoprostol, pastilla que páginas web argentinas recomiendan para un aborto seguro, el mismo laboratorio que lo fabrica en Europa lo acaba de retirar de la venta en Francia, el 1º de marzo de 2018, por los daños que puede producir (ruptura uterina, hemorragias).
Otra voz está surgiendo en el país de parte de jóvenes: el sentimiento de ser sobrevivientes en una sociedad donde, desde hace 40 años, una de cada cinco personas es abortada: 800 mil nacimientos y 200 mil abortos anuales. Desde 1975, están faltando 8.400.000 franceses al país. Eso deja huellas en los hermanos de los que no nacieron, en su relación dañada con sus padres. "Si mis padres abortaron, pudiera haber sido de mí". El síndrome del sobreviviente está así bien definido: culpabilidad por existir, angustia por existir, apego ansioso, desconfianza de los demás, falta de autoestima, culpabilidad ontológica, connivencia pseudo-secreta.
La ley del 1974 inició en Francia un proceso que tuvo como consecuencia la banalización. Las leyes siguientes quitaron toda cautela y equiparan el aborto a un derecho irrefragable. Una ley del 2016 cancela el plazo obligatorio de una semana para tomar la decisión de abortar y autoriza a las parteras a practicar el aborto con medicación. En 2014, una ley había suprimido la noción de desamparo diciendo que las mujeres abortan porque lo deciden.
Así, la propuesta de ley de despenalización del aborto en Argentina hace caso omiso de realidades complejas e íntimas. La mayor confusión de esta propuesta viene de la compasión que expresa acerca de las mujeres de los barrios vulnerables, que así "tendrán acceso seguro al aborto". Lo que veo, en mi trabajo en un barrio carenciado del Gran Buenos Aires, son mujeres que necesitan que ciudadanos y políticos de su país se interesan por su vida, consideren las causas de tanta dificultad de vida, y piensen y pongan por obra medios que les permitan evitar el aborto, y en absoluto considerarlo como la única salida posible.
Argentina enfrenta uno de sus mayores desafíos, porque es antropológico y cultural. ¿Sabrá ofrecer a sus chicas y adolescentes otro horizonte que el que quebró la vida de tantas en otros lugares? El país tiene en sus manos la oportunidad de sacar experiencia de otros y de mandar al mundo un gesto de sana rebeldía respecto a corrientes internacionales que buscan imponer unas normas contrarias a la acogida del otro. La experiencia de Europa muestra que unas leyes dañan y entristecen la sociedad. Argentina puede ser un faro que mande al mundo la luz de un gesto de compromiso hacia el más frágil de la sociedad.
La autora es bioeticista y doctoranda en Ciencias Sociales (USAL).
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