Un ejercicio de memoria para fortalecer la democracia

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El 24 de marzo de 1976, la violencia que durante décadas había incubado la cultura política de la Argentina eclosionó en su forma más obscena. Nadie pudo imaginar en aquel momento las consecuencias de lo que se convertiría en el período más trágico de nuestra historia reciente.

En esa fecha, que quedó grabada a fuego en nuestra memoria, una dictadura feroz usurpó el poder para desde el Estado ejecutar un plan sistemático de persecución, desapariciones forzadas, torturas y muerte.

Quienes vivimos esos años, quienes fuimos testigos del terror, tenemos hoy el desafío de dotar de sentido a esta recordación. Para homenajear y honrar a las miles de víctimas, y para que las nuevas generaciones puedan apropiarse del valioso legado construido a través de la lucha por la recuperación democrática.

Un camino que nos unió en el consenso de la búsqueda de memoria, verdad y justicia para que los crímenes del terrorismo de Estado no permanezcan impunes, como la condición esencial para construir una democracia fortalecida.

Los argentinos fuimos capaces de reconstruirnos después de la noche más oscura, sin resignar nuestras convicciones en defensa de la libertad, de la vida, de nuestros derechos.

Lo hicimos apostando a una nueva cultura, donde los valores del diálogo, el encuentro, el respeto y la diversidad, para que nunca más la violencia se apropie de nuestros destinos.

El autor es secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación.