Al presidente Mauricio Macri, de vez en cuando, "se le suelta el indio". A esa expresión la suele utilizar él mismo, cuando "le agarra la tanada". Es decir: el calabrés que lleva adentro, y no se puede contener. A Macri, este año, se le soltó el indio varias veces.

Primero, contra sus propios funcionarios quienes, según él, cometieron errores "infantiles". Errores que no se deberían volver a repetir. Después, contra algunos de los imaginarios 682 argentinos que, según Macri, deberían ser colocados en la tan mentada nave espacial y luego despachados fuera del planeta. Ahora, cada tanto, dice que esos 682 argentinos se encuentran entre el privilegiado 3 por ciento que gana más de 200 mil pesos por mes y que debería poner más el hombro para que sus hijos vivan en un país mejor.

A Macri se le soltó el indio, por ejemplo, cuando se enteró los detalles de lo que había hecho el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, con su exempleada, Sandra Heredia. En la intimidad, llegó a comparar el caso de Triaca con el del jardinero del entonces jefe de Gobierno de la ciudad Fernando de la Rúa. De la Rúa, como se sabe, tenía un jardinero al que le pagaba con un puesto de empleado en el Estado. Cuando el hecho se conoció, muchos le empezaron a perder el respeto. Y detectaron que poseía una doble moral.

El presidente no echó a "Jorgito" Triaca por tres razones. La primera: se niega a desplazar a ningún ministro debido a una denuncia "mediática". La segunda: sabe que nadie conoce las mañas de los sindicatos como él. Y la tercera: siente un cariño personal por el ministro. Un cariño acompañado por un nivel de confianza personal que le permitió decirle de todo, casi tratarlo como Cristina a Parrilli, después de que Triaca se mandara semejante "balurdo".

A Macri también se le soltó el indio cuando ordenó desplazar a Díaz Gilligan, el director al que le encontraron una cuenta offshore con 2 millones de dólares en Andorra y encima a nombre de Francisco Paco Casal, el dueño del fútbol en Uruguay. "Se tiene que ir ya. Por no haber declarado sus bienes, pero también por boludo. ¿Cómo puede ser que el tipo no tenga idea de que es titular de una cuenta así, con semejante cantidad de guita?".

A Macri le saltó el indio hace tiempo, cuando se dio cuenta de que Hugo Moyano lo estaba "caminando". En el momento en que le cayó la ficha y descubrió que Hugo hacía de policía malo y Pablo de loquito, pero que los dos trabajaban juntos para mantener sus privilegios y sus ventajitas, el presidente le bajó el pulgar. ¿Eso significa que Moyano va a ir preso?, pregunté cerca de Macri. Me respondieron: eso significa que en el gobierno nadie va a mover un dedo para evitar que eso suceda.

A Macri se le suelta el indio cuando un empresario le pide una reunión a solas, le promete apoyo a sus políticas y cuando sale le toca la puerta al ministro de turno para pedirle algún tipo de ventaja, llorar por un subsidio o mantener la protección frente al ingreso de productos importados.
Tiene en la mira no solo a los empresarios "llorones" de la UIA sino, por ejemplo, a las ensambladoras de Tierra del Fuego, entre las que se encontraba una empresa de su hermano de la vida, Nicolás Caputo.

Cuando a Macri se le suelta el indio es capaz de decirle en la cara, a Caputo, a un pariente o a muchos de sus excompañeros de ruta, que, si no están dispuestos a perder los privilegios y las ventajitas, vendan la empresa, y se vayan a vivir a Miami.

También frente a algunos periodistas, muy de vez en cuando, a Macri se le suelta el indio. No con los periodistas que conoció hace poco. Sí con ciertos periodistas que no comparten algunas de su decisiones políticas o sus medidas de política económica. Ahora mismo, a Macri se le suelta el indio cuando hacen denuncias en los medios, contra algunos de sus principales hombres que, para él no tienen ningún sustento real.

"El gabinete está lleno de tipos que fueron superexitosos en el sector privado y que eligieron resignar los mejores años de su vida económica y personal para venir a poner el hombro. Y ahora los quieren correr por cosas que sucedieron hace 10, 20 o 30 años. Cosas que pasaron en un viejo país donde el 99 por ciento de los argentinos tenía la plata en negro. ¿Por qué nos ponen a nosotros las exigencias de un país como Suiza si hasta hace 5 minutos se aceptaban las normas éticas de cualquier nación africana?", se sinceró Macri hace poco.

El indio del presidente vuelve a su lugar, cuando Marcos Peña o Elisa Carrió le recuerdan que la vara alta la puso Cambiemos. Y que por eso mismo ganó las elecciones contra el gobierno más corrupto y prepotente de la historia reciente.

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