“La Chapodiputada” reaparece y hace nuevas revelaciones sobre Joaquín Guzmán: fuga, reencuentro y sus cartas en EEUU

Entre túneles secretos, amenazas y una relación marcada por el miedo, Lucero Sánchez volvió a hablar de Joaquín “El Chapo” Guzmán

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Joaquín "El Chapo" Guzmán y Lucero Sánchez, "La Chapodiputada". (Captura de pantalla)
Joaquín "El Chapo" Guzmán y Lucero Sánchez, "La Chapodiputada". (Captura de pantalla)

Lucero Sánchez, mejor conocida como “La Chapodiputada”, ha reaparecido con nuevas declaraciones sobre la relación que sostuvo con Joaquín “El Chapo” Guzmán: un episodio de violencia que terminó en disparos, su presencia durante la fuga del capo por un túnel en Culiacán y su certeza de que las cartas atribuidas recientemente al narcotraficante desde prisión no son de su puño y letra.

La exdiputada sinaloense, quien colaboró como testigo en el juicio contra Guzmán Loera en Estados Unidos y reside en ese país desde hace casi nueve años, habló en entrevista con la periodista Adela Micha para La Saga.

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Llegó a la sierra engañada y pasó semanas sin poder salir

Lucero Sánchez tenía 20 años cuando, en 2010, un conocido que trabajaba para el cártel la contrató como estilista para prestar servicios en una comunidad del Triángulo Dorado llamada El Carrizo de la Petaca, en la sierra de Durango. Al llegar, no había nadie esperando sus servicios.

La "Chapodiputada"
Una diputada mexicana fue vinculada sentimentalmente con Joaquín "El Chapo" Guzmán (Infobae México / Jovany Pérez)

Tres o cuatro días después, llegaron alrededor de 50 hombres armados a cortarse el cabello. Sánchez relató a Adela Micha que el entorno armado le parecía normal, pues había vivido años en zonas serranas donde las armas y la siembra eran parte del paisaje cotidiano. Subrayó que no sabía quién era “El Chapo” ni cómo lucía.

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Fue en ese contexto que conoció a Joaquín Guzmán Loera. Desde el primer encuentro sintió rechazo, asegura, pero comprendió que su negativa no sería respetada. Le impedían salir con distintos pretextos: que el camino estaba cerrado, que había gente peligrosa afuera. Lo que debía durar tres días se extendió semanas.

Cuando logró salir de la sierra, Sánchez llegó a Culiacán en un vehículo que Guzmán le dio. Pasó ocho meses sin tener contacto con él, hasta que la encontró de nuevo en la ciudad. Fue entonces cuando se fueron a vivir a Baja California.

Un disparo, golpes y la huida ensangrentada

Lucero Sánchez en el juicio vs El Chapo Guzmán-  REUTERS/Jane Rosenberg   NO RESALES. NO ARCHIVES
Lucero Sánchez en el juicio vs El Chapo Guzmán- REUTERS/Jane Rosenberg NO RESALES. NO ARCHIVES

La ruptura definitiva con Joaquín Guzmán llegó cuando Sánchez descubrió micrófonos y cámaras ocultas en un automóvil que Guzmán le había regalado. “¿Por qué me tiene que vigilar? Soy la que más cosas ha hecho por él, le he demostrado que en mí no tiene que desconfiar”, recordó con la periodista.

El descubrimiento la llevó a buscar a Guzmán directamente. Fue a la casa que compartían de forma ocasional con la intención de reclamarle. Llevaba consigo un arma calibre .25 que él mismo le había dado para defensa personal. Relató a Adela Micha que en ese momento su estado emocional era tan crítico que pensaba hacerse daño a sí misma, no a él.

Cuando sacó el arma, Guzmán intentó quitársela. En el forcejeo se produjo un disparo que lo hirió cerca de una oreja.

“Después de eso, él me empieza a golpear y me deja muy mal”, dijo a Micha. Un “secretario” de “El Chapo” que estaba presente tumbó la puerta, le quitó a Guzmán de encima y le avisó que debían irse porque los vecinos habían escuchado los disparos y llamarían a la policía.

Sánchez aprovechó el momento, salió corriendo y llegó ensangrentada a una plaza comercial sobre la avenida Martin Luther King, en Culiacán. Desde un teléfono público llamó a su hermana, le pidió que hiciera maletas, tomara a los niños y la recogiera en un punto de la ciudad. Un taxista que la vio en ese estado insistió en llevarla a un hospital. Ella se negó.

Reconoció a Adela Micha que durante la relación cayó en el síndrome de Estocolmo que le había impedido huir antes. “Caí en un punto de mi vida en que ya no quería tolerar ciertas cosas. Ya no dormía, ya no vivía, ya no tenía paz”, declaró.

La fuga por el túnel, la detención en Mazatlán y la visita al Altiplano

Lucero Sánchez. (AFP)
Lucero Sánchez. (AFP)

En febrero de 2014, mientras vivían juntos en Culiacán, llegaron entre las tres y las cuatro de la madrugada elementos del gobierno de México y, según Sánchez, también agentes de Estados Unidos que hablaban en inglés y gritaban que abrieran la puerta. Ella y Guzmán escaparon por un túnel de aproximadamente dos kilómetros que desembocó en el río de Conagua, cerca del Congreso del estado de Sinaloa.

Guzmán salió golpeado del recorrido. El moretón visible en su cara días después en Mazatlán fue producto de los golpes que se dio en el túnel. “Me tocó hacerle sus curaciones, sus raspones, sus golpes. Cuando él se enfermaba, yo era la que estaba ahí”, dijo Sánchez a Adela Micha. En Mazatlán, el capo no quería que ella se fuera. Le decía que si alguna vez lo detenían, prefería morir antes que volver a prisión.

Tras esa detención, Sánchez comenzó a recibir amenazas telefónicas y anónimas. Intentó denunciar ante el entonces director de la policía estatal en Culiacán, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez. La respuesta fue contundente: “No puede hablar, no puede decir nada porque usted no tiene idea de la cantidad de personas que están metidas con ellos”, recordó.

Tras su detención, El Chapo Guzmán quedó recluido en el penal del Altiplano. En 2014, el abogado del capo, Manuel Osuna, citó a Sánchez en un hotel en Toluca sin decirle a dónde irían. Ella llegó embarazada, su hermana, que la acompañaba, fue abandonada en una caseta en el camino. Solo cuando vio la torre del penal comprendió lo que ocurría: la llevarían a ver al narcotraficante.

Para entrar usó una credencial para votar y un acta de nacimiento falsas. Las imágenes de ella entrando al penal para ver al líder del Cártel de Sinaloa circularon en medios y la vincularon públicamente con el capo, desatando el escándalo que le valió el apodo de “La Chapodiputada”.

Sánchez cree que todo fue un plan orquestado: mientras los medios se concentraban en el escándalo de su visita, la fuga ya estaba en marcha. “Entendí que me habían usado”, declaró a Adela Micha. Cuando reclamó a Guzmán, él le respondió que le pondría un buen abogado.

El reencuentro tras la fuga y la camisa que salió en las noticias

"El Chapo" Guzmán
Joaquín El Chapo Guzmán. crédito EFE

A los tres días de haberse fugado del penal del Altiplano, Guzmán buscó a Sánchez y le pidió prendas de vestir. “La camisa que sale en las noticias y que se hizo viral, esa se la mandé yo”, reveló a Adela Micha.

En ese periodo, Sánchez también ayudaba a Guzmán a constituir empresas en el extranjero, en países como Holanda y Ecuador. Ese era el pretexto por el que estaba con él el día de su segunda detención en Mazatlán.

Relató además que durante la relación, el capo le pedía que fuera a la sierra con los sembradores y actuara como intermediaria en la recolección de estupefacientes. “Claro que sabemos que él se dedicaba a ese tipo de cosas. Fueron favores que él a mí me pidió”.

Sobre la familia del capo, Sánchez dijo conocerlos solo de vista. Nunca tuvo tratos de negocios con los hijos de Guzmán. Visitó en una ocasión el rancho La Tuna y convivió brevemente con la madre del capo, quien ya falleció.

Las cartas desde prisión no son de su letra

Sobre las cartas atribuidas recientemente a “El Chapo” que ha enviado al juez Brian Cogan para pedir su regreso a México, Sánchez fue categórica: la letra que aparece en las imágenes no corresponde a la de Guzmán.

La carta fue recibida este 13 de mayo en una corte de Nueva York. Crédito: Crédito:  Jesús Aviles - Infobae México
La carta fue recibida este 13 de mayo en una corte de Nueva York. Crédito: Crédito: Jesús Aviles - Infobae México

“Él escribe letra cursiva. Yo conozco muy bien su letra. De hecho, tengo varias cartas de él”, afirmó, y especuló que podrían ser escritas por el abogado del capo.

Sánchez participó como testigo cooperante en el juicio contra Guzmán en Estados Unidos. Aportó actas constitutivas de empresas que apenas se estaban formando para refutar la acusación de que habían circulado cinco millones de dólares por esas sociedades. “Jamás se mencionó a terceras personas. Todo se basó entre él y yo”, declaró a Adela Micha.

La exdiputada rechazó haberse enriquecido con la relación. Declaró sus bienes en la ley de transparencia cuando fue legisladora: solo una casa que compró con su salario como diputada, con un anticipo y pagos parciales, según afirma.

Sánchez fue diputada por Cosalá, Sinaloa, de 2014 a 2016, impulsada por militantes locales en coalición entre el PAN, el PT, el PRD y el PAS, y según ella sin recursos del narcotráfico. Sobre la colusión entre política y crimen organizado que hoy sacude a Sinaloa, dijo que la magnitud de esos vínculos la conoce ahora por los medios, no por experiencia directa. “Yo nunca esperé que él tuviera esos contactos. Yo me quedo impactada de ver todo lo que veo y de escuchar todo lo que escucho”, declaró.

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