El domingo pasado el Comité Central del Partido Comunista de China propuso formalmente a la Asamblea Popular Nacional, órgano legislativo del Estado, una serie de reformas a la Constitución Nacional, en vistas al inicio de sus sesiones el próximo 5 de marzo. Entre las propuestas se destacan: incluir el pensamiento del presidente Xi Jinping entre los principios guías de la acción gubernamental, establecer el liderazgo del Partido Comunista de China como nota característica del "socialismo con características chinas", y quitar la cláusula que dispone que los mandatos del presidente y vicepresidente no se extenderán a más de dos términos.
Las propuestas mencionadas tienen un impacto político superlativo, si bien en China la reacción de la prensa y los académicos, subordinados al PCCh, ha sido minimizarlas, en especial la tercera. Sobre esta en particular, se hace alusión a que contribuirá con la estabilidad del país, reforzará el papel internacional de China, no implicará la extensión del mandato de Xi de por vida, y no incidirá en la naturaleza del sistema político, so pretexto de que el poder real descansa en el secretario general del Partido —ellos parecen desconocer que los cargos de secretario general del PCCh y presidente de la República Popular China descansan en la misma persona.
La primera propuesta significa dar rango constitucional al pensamiento de un líder que lleva en la máxima investidura solo cinco años, por lo cual no puede realmente identificarse un extenso corpus doctrinario. La segunda propuesta trae aparejado dar jerarquía constitucional al carácter unipartidario del sistema político chino, por lo cual el multipartidismo pasaría a ser inconstitucional. Asimismo, esta propuesta borraría por completo la línea divisoria entre Estado y partido en China.
La tercera iniciativa rompe con los mecanismos de limitar el poder omnipotente de un líder único, que Deng Xiaoping promovió con el objeto de evitar la reiteración de los abusos perpetrados por Mao Zedong durante la revolución cultural (1965-1977). Deng alentó acortar los mandatos a dos períodos de cinco años cada uno, practicar la conducción por consenso, descartar el culto a la personalidad, etcétera.
Con estas iniciativas del Comité Central, China corre el riesgo de deslizarse inexorablemente hacia un sistema totalitario, ya que se refuerza la concentración de poder de la cual se benefició Xi en los dos últimos años (recordemos las decisiones adoptadas por el último Congreso Nacional del PCCh).
Paradójicamente, Xi Jinping es hijo de un líder reformista y ambos sufrieron la omnipotencia de Mao Zedong. Ante semejante paradoja, es dable preguntarse si es necesario acudir al totalitarismo para gobernar el país más poblado del planeta.
El autor es director de Estudios sobre China contemporánea, Universidad del Salvador.
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