A lo largo del siglo XX la corriente historiográfica denominada revisionismo histórico ha suscitado distintos debates sobre su idiosincrasia, que, en la mayoría de los casos, ha tendido a confundir las características que dicho fenómeno representaba. De cualquier forma, respecto a la revisión de la historia cabe aclarar que la labor del historiador implica una reevaluación constante de los postulados vigentes sobre diversos temas históricos, noción que implica la natural crítica de las construcciones del pasado formuladas por distintos intelectuales.
El recientemente artículo publicado por Pacho O'Donnell en este medio es muestra de las equivocadas ideas sobre el revisionismo que se pregonan. Al respecto, es necesario establecer algunos puntos importantes.
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En primer lugar, el escritor marginó a aquellos autores que no le son útiles para caracterizar al revisionismo como "popular, federal e iberoamericano". Probablemente, los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, y Ernesto Palacio hayan sido los autores más importantes que tuvo esa escuela historiográfica. Sin embargo, no hizo ninguna mención a sus figuras. Por el contrario, nombró a Adolfo Saldías, autor que escribió sus obras a finales del siglo XIX, siendo el revisionismo histórico un fenómeno nacido una vez entrado el siglo XX. Vale aclarar, además, que Saldías dedicó su obra a Bartolomé Mitre, a quien consideraba su maestro.
En segundo lugar, no todos los peronistas fueron revisionistas. Juan D. Perón trató de no inmiscuirse en las "discusiones teóricas", que consideraba una distracción de los ideólogos. Como ha afirmado Arturo Peña Lillo, el ex Presidente abrevaba la historia en la monumental obra de Mitre. De hecho, el peronismo estableció ciertas divisiones entre los revisionistas: Julio Irazusta se presentó como una acérrimo antiperonista que se encontró en la vereda opuesta a Raúl Scalabrini Ortiz, quien había sido un cercano amigo suyo en "esos años anteriores al diluvio".
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¿Cómo debemos entender, entonces, al revisionismo histórico? En principio, podemos situar su nacimiento en torno a la década de 1930, momento en que muchos intelectuales argentinos revaluaron sus posiciones políticas frente a la crisis económica de 1929. Distintos escritores, como los hermanos Irazusta, buscaron explicar mediante la historia las causas que habían llevado a lo que, según consideraban, era la decadencia de la sociedad argentina. Bajo esa lógica, el análisis del pasado se transformaba en una herramienta para lograr un cambio en la mentalidad del presente y en un proceso de reivindicación política. Desde ese momento, las consideraciones sobre el revisionismo fueron mutando, pues la década de 1930 se caracterizó por los cambios de posturas entre los intelectuales y la modificación constante en los bandos que se adjudicaban los enfrentamientos.
También se ha tratado de identificar al revisionismo con la mera reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas. Sin embargo, muchos autores que se consideraron revisionistas, como Raúl Scalabrini Ortiz, mostraron una imagen ambivalente sobre el gobernador de Buenos Aires. Dicho ejemplo ilustra las diferentes vertientes que tuvo el revisionismo, no siempre esquemáticas y, al menos hasta la década de 1960, rápidamente modificables. Parece, entonces, loable considerar al revisionismo como un fenómeno amplio que evita categorizaciones esquemáticas como las planteadas por Pacho. Pero un punto es evidente: el revisionismo mostraba discursos sobre el pasado igual de parciales como los que buscaba refutar.
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Al momento que llegó el revisionismo, había muchos autores que no compartían la visión de la historia divulgada por Mitre. Esa característica se hizo más profunda con el correr de los años. Pacho se esmera en dividir la historia bajo dos categorías: liberal y nacional popular. Sin embargo, dicho esquema no sólo margina a muchísimos historiadores que poco tienen que ver con esas dos tendencias políticas, sino que se transforma en una inexacta construcción ideológica que sólo sirve para oscurecer un fenómeno complejo.
La idea de Pacho es "reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente". Sin embargo, dicha postura se presenta igual de tendenciosa que aquella que se propone refutar. Los historiadores deben presentar sus interpretaciones del pasado, construcciones inevitablemente subjetivas, sin aires de revanchismo político, pues la disciplina, entonces, correría el riesgo de transformarse en un campo de batalla partidario en el que la búsqueda por elaborar un relato fidedigno podría ser condicionada según las necesidades políticas del presente.
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El autor es profesor y licenciado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es investigador del proyecto UBACyt "Guerras globales, impactos locales en la Argentina del siglo XX".
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