
Culminó este martes, el 19º Congreso del Partido Comunista de China, iniciado el pasado 18 de octubre, tras el cual el presidente de la potencia asiática, Xi Jinping, ya declarado "core" líder, emprenderá un segundo mandato de 5 años, debiendo designar un posible sucesor, para que éste se vaya formando, a fin de tomar el relevo en octubre del 2022.
Pero hay líderes que se sienten representantes de designios tan trascendentes que no pueden ser limitados por reglas ordinarias, válidas para el resto de la dirigencia, y buscan en consecuencia eludir las normas establecidas.
Estamos convencidos de que Xi Jinping seguirá en el poder más allá del 2022, cuando tenga 69 años, sirviéndole de ejemplo su par estadounidense Donald Trump, quien se postuló a la presidencia exactamente a esa edad. El motivo para la extensión de su mandato podría ser nada menos que preparar a China para la inevitable competencia con los Estados Unidos por la influencia en el Sudeste Asiático, el Mar de la China y el Océano Indico.
El análisis periodístico se concentra en los entretelones del reequilibrio de poder interno que se manifestaría en el Congreso, pero para Xi Jinping el centro de atención está más allá de eso. Se trata de utilizar la reunión del Congreso del Partido Comunista para demostrarle al presidente de los Estados Unidos quién tiene el poder en China, hacia dónde se dirigen sus objetivos centrales como país, y cómo está dispuesto a competir para ser la potencia asiática dominante.
Esta reunión cumbre China-EEUU, programada para noviembre próximo, será un hito de gran trascendencia en el frente a frente entre las dos máximas potencias económicas del mundo y, para China y su presidente, es la confirmación de que los Estados Unidos ya consideran sin discusión alguna a esta nación como el mayor desafío geopolítico a su supremacía en toda la posguerra.
La reunión no sólo tendrá una enorme importancia potencial para el escenario geopolítico mundial, tanto en Asia, como en América, en Europa, en África y en Rusia, sino que también se enfrentarán –paradójicamente- el nacionalismo globalizador que propugna el presidente chino con el nacionalismo cerrado del presidente de los Estados Unidos.
Ni el novelista dotado de la mayor de las imaginaciones podría haber dibujado un escenario internacional en el que el presidente de la China comunista fuese el líder mundial de un nacionalismo económico globalizador, mientras que el presidente de la potencia que mejor simboliza al capitalismo, los Estados Unidos, representa un nacionalismo más clausurado a las relaciones con el resto del mundo, traducido en su slogan America First.
En su discurso inaugural en el Congreso, Xi Jinping precisó con notable lucidez que van en tándem la Seguridad Nacional con el desarrollo económico y tecnológico, la disciplina interna con la proyección externa, el fortalecimiento de un Estado de alta formación profesional con la capacidad de lidiar con los grandes temas internos e internacionales.
El logro del China Dream es la mayor aspiración de Xi Jinping: restaurar la grandeza milenaria de su país en el siglo XXI, y no delegará en nadie más el cumplimiento de esa meta histórica, que le impone preparar al país para una ineludible pulseada con los Estados Unidos, argumento de una trascendencia suficiente como para justificar que el 20 Congreso acepte que su mandato sea prorrogado mas allá de octubre del 2022.
El primer gran evento luego de su consolidación en el poder, después de finalizado el 19 Congreso del Partido Comunista, será justamente su reunión con el presidente de los Estados Unidos, que marcará el inicio de una etapa que se va a caracterizar por el despliegue de lo que se llama la Trampa de Tucídides, por el historiador griego que fue el primero en decir que es imposible de evitar el enfrentamiento entre una potencia dominante y una potencia desafiante, describiendo la rivalidad entre Esparta y Grecia como causa fundamental de las llamadas guerras del Peloponeso.
Xi Jinping utilizará el 19 Congreso del Partido para preparar a la dirigencia y al país, para hacer de China no sólo una superpotencia económica, que ya lo es, sino una superpotencia tecnológica y militar que todavía no es, para cuando llegue la hora crítica de librar una disputa abierta por la supremacía mundial.
Xi Jinping ha dicho: "Un hombre se forja en las dificultades"; la Historia tiene la palabra.
El autor fue subsecretario general de la Presidencia (1995-1999) y vicepresidente de la Internacional Demócrata de Centro (IDC)
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El pensamiento de Xi Jinping fue equiparado al de Mao en el panteón comunista chino
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