
Una especie única en el mundo, descubierta en Panamá y con características que desafían la lógica de la botánica tradicional, ya enfrenta una amenaza inminente: podría desaparecer incluso antes de ser comprendida completamente por la ciencia.
Se trata de Clusia nanophylla, un árbol identificado recientemente por investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), cuya existencia se limita a una zona específica del país.
El hallazgo no es reciente en términos de campo, pero sí en su reconocimiento científico.
Las primeras muestras fueron recolectadas en el año 2000 en la comarca Ngäbe-Buglé, pero no fue hasta más de dos décadas después que los científicos confirmaron que se trataba de una nueva especie endémica, tras un extenso proceso de análisis, comparación y validación taxonómica.
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El botánico Jorge Aranda, quien lideró la investigación, explicó que el descubrimiento no fue inmediato, sino el resultado de años de análisis y revisión científica.
“No fue sino hasta unos 23 años después cuando nos dimos cuenta de que podríamos tener una especie nueva y altamente endémica entre manos”, señaló el investigador, al referirse al largo proceso que tomó confirmar la singularidad de la planta.
El nombre Clusia nanophylla no es casual. Hace referencia directa a una de sus características más llamativas: posee las hojas más pequeñas registradas dentro del género Clusia, que agrupa más de 320 especies en América tropical y al menos 42 en Panamá, lo que posiciona al país como uno de los principales focos de diversidad de este tipo de plantas.
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Sin embargo, lo que convierte a este descubrimiento en un caso crítico no es solo su rareza, sino su estado de conservación. Cuando los investigadores regresaron en 2024 al área donde originalmente habían encontrado múltiples ejemplares, solo quedaban cinco árboles.
El resto había desaparecido, probablemente debido a la deforestación, la expansión de caminos y la transformación del terreno para actividades como la ganadería.
Aranda también advirtió sobre el impacto directo de la actividad humana en la desaparición de la especie. “La siguiente vez que fuimos al lugar (…) solo quedaban unos pocos árboles de los muchos que habíamos visto la primera vez”, afirmó, evidenciando la rápida reducción de la población en su hábitat natural.
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Esta situación coloca a la especie en una posible categoría de peligro crítico de extinción, según criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), lo que evidencia una paradoja: una planta recién descrita por la ciencia ya podría estar al borde de desaparecer.
Pero más allá de su tamaño o su limitada distribución, el género al que pertenece tiene una particularidad que lo convierte en objeto de estudio global.
Las especies de Clusia son los únicos árboles capaces de realizar un tipo especial de fotosíntesis nocturna, conocida como metabolismo ácido de las crasuláceas o CAM, un mecanismo que les permite adaptarse a condiciones extremas.
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Por su parte, el científico Klaus Winter, también del STRI, destacó una de las características más sorprendentes del género al que pertenece esta planta.
“Las Clusias son los únicos árboles en el reino vegetal capaces de fijar dióxido de carbono por la noche”, explicó, en referencia a su capacidad de realizar un tipo especial de fotosíntesis poco común en árboles.
Este proceso implica que, a diferencia de la mayoría de las plantas, algunas especies pueden absorber dióxido de carbono durante la noche, reduciendo la pérdida de agua y aumentando su eficiencia en ambientes secos o variables.
En algunos casos, incluso pueden alternar entre este sistema y la fotosíntesis tradicional, dependiendo de factores como la humedad del suelo o la disponibilidad de agua.
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Aunque aún no se ha determinado si Clusia nanophylla posee esta capacidad, los investigadores estiman que podría tratarse de una especie con comportamiento fotosintético convencional (C3), lo que no reduce su valor científico ni su importancia dentro del ecosistema.
Sin embargo, sobre la nueva especie, el experto fue cauteloso. “Aún no hemos estudiado la vía fotosintética de Clusia nanophylla (…) pero predecimos que será una planta normal de C3”, indicó Winter, dejando claro que todavía hay aspectos clave de su funcionamiento que no han sido completamente analizados.
El descubrimiento fue liderado por el botánico Jorge Aranda, junto a un equipo de especialistas que incluyó la colaboración de expertos internacionales en la familia Clusiaceae, quienes confirmaron que se trataba de una especie sin registro previo. B
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El proceso incluyó la disección, medición y análisis detallado de hojas, flores y frutos, además de la comparación con colecciones existentes en herbarios.
Desde el punto de vista científico, el proceso para describir una nueva especie es complejo y exige un trabajo detallado que puede tomar años.
“Es un proceso arduo y requiere mucho tiempo, desde recolectar muestras con todas las partes de la planta (…) hasta medirlo todo y describir cada aspecto”, explicó Aranda, subrayando la importancia de fortalecer la investigación en biodiversidad.
Uno de los elementos clave en la investigación fue el acceso a muestras conservadas en el Herbario SCZ del STRI, lo que permitió establecer diferencias claras frente a otras especies del mismo género. Este tipo de trabajo, aunque poco visible, es fundamental para comprender la biodiversidad real de los países tropicales.
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El caso de Clusia nanophylla también pone en evidencia una problemática más amplia: la falta de protección efectiva de áreas con alto valor ecológico.
La zona donde se encuentra esta especie no cuenta con una categoría oficial de protección, lo que facilita la intervención humana sin mayores restricciones.
Para los científicos, esto refuerza la necesidad de impulsar políticas que permitan conservar estos espacios antes de que especies únicas desaparezcan sin siquiera haber sido estudiadas en profundidad.
La pérdida de una planta como esta no solo implica un impacto ecológico, sino también la desaparición de información biológica que podría ser clave para futuras investigaciones.
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Además, el hallazgo subraya la urgencia de contar con más botánicos y taxónomos dedicados a la exploración y clasificación de especies, una labor que requiere años de trabajo y que sigue siendo limitada en muchas regiones tropicales, pese a su enorme riqueza natural.
El propio Aranda insistió en que este tipo de hallazgos revela la necesidad de ampliar el trabajo científico en campo.
“Cuantas más plantas identifiquemos y agreguemos a las colecciones, mejor podremos comprender la biodiversidad vegetal del país”, afirmó, al destacar que Panamá sigue siendo un territorio con alto potencial de descubrimiento científico.
Panamá, en particular, se posiciona como un laboratorio natural donde, en espacios reducidos, es posible encontrar una alta concentración de especies del mismo género, lo que aumenta la complejidad y el valor de su estudio. En algunos casos, en menos de 20 metros, pueden coexistir hasta 10 especies distintas de Clusia.
El descubrimiento de Clusia nanophylla no solo amplía el conocimiento científico sobre la flora tropical, sino que también expone con crudeza
la biodiversidad. En este caso, la ciencia llegó justo a tiempo para nombrarla, pero no necesariamente para salvarla.
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