Formosa: 70 años de una masacre

Vidal Mario

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El 10 de octubre de 1947 tuvo lugar un hecho que sobradamente merece figurar en la historia de la crueldad argentina: la matanza de indios pilagá en Rincón Bomba, Formosa.

Tan repudiable como el episodio en sí mismo fue que sucediera en tiempos de la "justicia social" peronista, y que la historiografía partidaria se encargara de borrarla de la historia, taparla y ocultarla.

La matanza, de la cual se cumplen 70 años, empezó el 10 de octubre de 1947. La versión peronista conocida mucho tiempo después señaló que unos cincuenta indios pilagá murieron tras consumir alimentos enviados por el gobierno nacional, que les llegaron ya vencidos.

Tras esta desgracia, "portando grandes retratos de Perón y Eva Perón", unos mil hombres, mujeres y niños marcharon para dialogar con el comandante de Gendarmería. Sin embargo, "fueron ametrallados por efectivos de dicha fuerza" porque eran "indios de pelea".

Tiene muy pocos visos de seriedad otra de las afirmaciones de la historiografía peronista en el sentido de que los gendarmes que dispararon contra los aborígenes respondían a las órdenes de Robustiano Patrón Costa, el empresario salteño que no pudo ser candidato a presidente de la nación en 1943.

En realidad, sólo eran indios que se habían reunido en aquel lugar por y para una cuestión religiosa, atraídos por un santón llamado Luciano Córdoba, Tonkiat para los de su raza. Los diarios de la época, férreamente controlados, no le dedicaron una línea al hecho. Aunque por sus venas corría sangre india, Perón jamás ordenó investigación alguna.

Aviones contra lanzas

Uno de los documentos relacionados con aquel episodio lo tiene la Fuerza Aérea Argentina. Allí se revela que la Agrupación Transporte de la Fuerza Aérea Argentina, mediante orden del día n° 1657 del 16 de octubre de 1947, indicó el inmediato envío de un avión, que partió desde el aeropuerto de El Palomar. Lo tripulaban Abelardo Sergio Como, Carlos Smachetti, dos mecánicos y un radio operador, todos ellos miembros de la referida fuerza, con jerarquía de alférez, cabo y sargento.

En el tomo II, capítulo XI, del libro Historia de la Fuerza Aérea Argentina, bajo el título "De un avión y de lanzas: El último malón", está el relato del apoyo de la aviación argentina a los efectivos de Gendarmería Nacional. El relato consigna: "La Gendarmería fue convocada para sofocar el alzamiento, y la intervención prevista para el avión JU-52T-153 fue tanto para el transporte de refuerzos en personal y material para las guarniciones de Gendarmería como para el reconocimiento del terreno y localización de los revoltosos".

Al avión le sacaron una de las puertas para montar una ametralladora Colt calibre 7.65 mm, con la cual disparaban contra los originarios que huían hacia los montes.

"Así termina esta anécdota verídica. Así ocurrió y así acabó el último malón, el enfrentamiento significativo de la lanza contra el avión, de la barbarie contra la civilización", terminó señalando ese informe de la Fuerza Aérea.

Un juez ametralladorista

Un gendarme que participó de la represión, muchos años después llegó a ser juez federal de Formosa. Se llamaba Leandro Santos Costa, jefe de la sección Ametralladoras Pesadas. El director general de Gendarmería Nacional lo ascendió por su "valerosa y meritoria intervención llevada a cabo contra el alzamiento de indígenas pilagá, en cuya emergencia no titubeó en afrontar la grave situación para su vida que el caso deparaba".

Trece años después, empezó a estudiar derecho, y llegó a ser magistrado federal.

El pasado domingo 18 de septiembre, en la comunidad formoseña de Esperanza, murió otro sobreviviente de la masacre. Según su documento de identidad, se llamaba Solano Caballero. Los de su raza lo llamaban Ni'daciye.

El autor es periodista e historiador.