San Martín: de patriota español a rebelde sudamericano

Jose de San Martín combatió por el Ejército español en contra de Napoleón Bonaporte
Jose de San Martín combatió por el Ejército español en contra de Napoleón Bonaporte

Entre 1970 y 1974 fui inmigrante ilegal en la preciosa ciudad de Sitges, a 30 kilómetros de Barcelona. La arteria más alegre y colorida de esta villa de verano es conocida como "La calle del pecado" y mide sólo 200 metros. Hay allí cantidad de bares a la calzada, que es una peatonal por la cual desfilan turistas y personajes de toda raza, idioma y color.

Observando ese sitio picante, advertí que una mayólica ubicada a la altura de un primer piso indicaba el verdadero nombre de la calle: 2 de mayo. Luego vine a saber que en toda España hay lugares conocidos como "La calle del pecado", por lo general relacionados con la vida alegre. Pregunté a uno de mis amigos cuál era el verdadero nombre.

—Hombre, no sé… Primero de mayo o algo así.

—¿Por el Día del Trabajador?

—Mira, pues, no lo sé. Aquí siempre la hemos llamado La calle del pecado.

Acabo de leer en el diario El País que este último 2 de mayo se realizó en Madrid un desfile militar para conmemorar el Día de la Independencia Española. Confieso mi ignorancia: es un acontecimiento no muy conocido en Argentina y tal vez poco celebrado en Cataluña, que tiene sus propias tradiciones.

En realidad, la guerra de la independencia de España, que estaba invadida por la Francia napoleónica, se inició el 2 de mayo de 1808, a través de un alzamiento popular que abarcó a las distintas provincias y clases sociales, en tanto Napoleón tomaba prisioneros al rey Carlos y su hijo Fernando VII, los forzaba a abdicar a favor de su propio hermano, Joseph Bonaparte, conocido popularmente como Pepe Botella.

Napoleón Bonaparte, uno de los grandes conquistadores de la historia
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Había en el pueblo español dos grandes bandos: el nacionalista monárquico, que anhelaba el restablecimiento del trono en la persona de Fernando VII, y el democrático, liberal, con ideas tomadas de la Revolución francesa, que paradójicamente rechazaba el dominio de un Imperio francés. Muchos de estos hombres eran tildados de "afrancesados" por su simpatía con las ideas del 14 de julio de 1789, aunque resistieran a la invasión de esas mismas ideas por la fuerza militar de Napoleón.

José de San Martín, como patriota español, se enroló en esta segunda tendencia. Se incorporó a las fuerzas del gobernador de Andalucía, general Francisco María Solano Ortiz de Rosas, nacido en Caracas, así como San Martín había nacido en Yapeyú, por entonces un pueblo olvidado de las Indias.

San Martín fue clave para las independencias de Argentina, Chile y Perú
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Se dice que las tropas francesas cometían atropellos contra la población local. Así y todo, terminarían llegando desde los Pirineos hasta la punta sur de España, la templada Cádiz. El furor del pueblo hispánico era terrible. En Cádiz, exigieron a Ortiz de Rosas que atacara a la flota francesa anclada en el puerto, pero el general vaciló. La turba enardecida lo acorraló y se produjo allí su trágico linchamiento. San Martín, alto y de tez oscura como el de Caracas, logró escapar cuando le querían dar el mismo fin. De allí en adelante, el Libertador llevaría en su billetera un retrato del general Solano, su maestro y ejemplo de vida: iniciado masón, hombre de ideas liberales y formación ilustrada. Tal vez también en esa ocasión San Martín "rompió" interiormente con España.

 

Muchos años después, ya anciano, en París, le confiaría a Sarmiento: "Hasta las piedras se levantaron en España para arrojar al invasor extranjero".

El caso es que San Martín continuó combatiendo, aunque la causa parecía perdida frente al gran poder militar de Napoleón. Como integrante del batallón de voluntarios de Campo Mayor, en Sevilla, se destacó en 1808 en el combate de Arjonilla, el 23 de junio, donde lo ascendieron a capitán primero por su arrojo y destreza. Poco después, el 19 de julio, intervino en la batalla de Bailén, donde las tropas del general Castaños derrotaron a las del conde Pierre Dupont. San Martín era ya un prestigioso veterano del ejército español. Luego Napoleón asumió personalmente la conducción de la guerra en España, repuso a su hermano José I en el trono de Madrid y se produjo, en mayo de 1811, la batalla de Albuera, donde don José combatió a las órdenes del general William Carr Beresford (que cuatro años atrás había sido gobernador de Buenos Aires durante la primera invasión inglesa), integrando una fuerza aliada hispano-anglo-portuguesa. Derrotaron al famoso mariscal Soult, pero poco después los franceses se recuperaron hasta dominar toda la península; resistió como último bastión ibérico la isla de León, frente a Cádiz.

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El gran Imperio español se desmoronó. Caos y anarquía en las distintas provincias. Odio e impotencia frente a los franceses. Se habla de la hambruna de 1812, con el país desmembrado y sin producción. Ese mismo año, San Martín pidió la baja. No manifestó su intención de viajar a Buenos Aires, porque esta ciudad estaba en manos de unos "extremistas republicanos", gobernados por una Primera Junta desde 1810. Era, pues, ciudad prohibida para un militar español. En lugar de esto, declaró que viajaría a Lima para atender sus intereses (no tenía ninguno en especial) y en realidad se embarcó hacia Londres, asesorado por el famoso Lord MacDuff, conde de Fife, el diplomático Charles Stuart y tal vez el tuerto general Beresford, que había prometido cinco años atrás a sus amigos argentinos, entre ellos Nicolás Rodríguez Peña, que daría una mano a la posible independencia del Río de la Plata. Los ingleses tenían un declarado interés en esta causa, como en su momento lo afirmó el primer ministro Lord Castlereagh: "No intentemos ya conquistar a las provincias españolas de América. Debemos presentarnos como amigos y protectores de los sudamericanos, que habitan un continente inmenso de numerosa población, con campos, puertos y ciudades que pueden proveernos todo tipo de materia prima y consumir los productos de nuestra industria, que ya no pueden circular por Europa debido al bloqueo francés y tampoco en los Estados de Norteamérica, que son nuestros enemigos".

San Martín llegó a Buenos Aires en marzo de 1812, junto a Carlos María de Alvear, el barón de Holmberg (prusiano) y otros diecisiete militares profesionales. Todos ellos, buscando un destino nuevo. Algunos en su tierra de nacimiento. Otros, confortados por la protección de la Corona inglesa, como que llegaron a bordo de la Fragata HMS (Her Majesty Ship) George Canning. Aquí nacen muchas leyendas y misterios en torno a la colaboración entre San Martín, Alvear y los ingleses.

Lo cierto es que la historia argentina no ha prestado mucha atención a esta curiosa pirueta del destino: San Martín y su metamorfosis. De patriota español a rebelde sudamericano, en un par de años. Los historiadores hispánicos tampoco abordan con mayor entusiasmo este período de 1808 a 1812, ya que los incomoda el perfil de San Martín, a quien no saben si calificar de traidor a la Corona que juró defender, o fundador de una nueva España en América.

Así es como el 2 de mayo se vincula de forma extraña con la Argentina, pues nace en esa fecha la estrella militar del siempre reservado general San Martín. Que tocaba la guitarra con gracia y bailaba en los salones, pero esa es otra historia.

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