En el peronismo, el poder se dirime en los palcos

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El palco que se conformó
El palco que se conformó en la movilización de la CGT (Nicolás Stulberg)

Como en la película "El Padrino III", donde después de un atentado que terminó con la vida de los principales capomafias quienes sobrevivieron se obsesionaron por encontrar al traidor, los sindicalistas que salieron abucheados del imponente acto al que convocaron para protestar contra la política económica del Gobierno anoche se preguntaban: ¿quién dejó avanzar a los que nos insultaban?

Aunque ahora digan lo contrario, y hasta hablen de infiltrados, la verdad es que la columna que estaba frente al escenario no era de La Cámpora ni de la izquierda, sino de la UOM, el gremio que más insistió con la convocatoria en representación de las ramas sindicales industriales. Son los que más enfrentan dentro de la CGT al triunvirato por "blando" y, también, a los Camioneros que, a su vez, también están distanciados con Carlos Acuña, Héctor Daer y Juan Carlos Schmidt porque no le da el espacio interno que reclaman.

Paradójicamente, la seguridad era responsabilidad del sindicato de los Moyano, pero como esa familia no tuvo protagonismo en la convocatoria, fue el moyanista Abel Frutos el supuesto jefe del operativo.

Así, se dio la insólita circunstancia de que quienes hablaron frente a la movilización son los que menos interesados estaban en hacerla, los que tenían que proteger la marcha no formaron parte de la convocatoria y los más interesados en la protesta estaban abajo y frente al palco, promoviendo una especie de "cabildo abierto peronista", que pretendía que si los dirigentes no se ponían al frente de la protesta, la protesta avanzaría con la cabeza de los dirigentes.

Lástima que no se dieron cuenta que la televisión estaba transmitiendo en directo y no estaban dando el mejor mensaje para la política del siglo XXI.

Nadie protegió el palco. Los dirigentes huyeron en estampida y el personal de seguridad estaba urgido en acompañarlo. El estrado con el logo de la CGT fue decretado muerto con dos pedazos de cinta adhesiva pegadas con la forma de una cruz. A los que vieron el cajón con el logo de la UCR que quemó Herminio Iglesias les sonó muy parecido.

El peronismo es un expresión política de características escenográficas. Fue la impronta que le impuso Juan Domingo Perón quien percibió la necesidad dramática de los sectores populares argentinos y la fascinación que provocaba darle a la mítica lucha entre bien y el mal una escala política y callejera.

El palco está en el centro de la expresión peronista genuina, es el objeto del deseo peronista. Y subir al palco es el objetivo de cualquiera que pretenda consagrarse dirigente. Los demás, los que no se suben, son "la masa" indiferenciada, aquellos que en el modelo peronista básico solo tienen que vitorear al líder.

¿Qué pasa en el peronismo cuando el liderazgo está vacante? Primero, aparece el movimiento obrero organizado a vertebrar los fragmentos en una sola expresión. Así se organizó la marcha. Enseguida aparece la disputa por el palco, es decir, por el poder. Las escenas más escatológicas de un peronismo sin líder, o con un líder cuestionado, sucedieron en palcos.

Es que el peronismo es un movimiento verticalista-dependiente. Sin un jefe ordenador, el peronismo es una batalla campal permanente que se exhibe, más que nada, cuando aparece un palco.

Entre las decenas de miles de manifestantes que ayer se dieron cita los posicionamientos frente al Gobierno son muy distintos, entre los que apostaron a la gobernabilidad y quieren ganarle a Cambiemos en elecciones y los que quieren que Mauricio Macri no esté un minuto más en la Casa Rosada, hay un sinnúmero de posturas distintas.

Ni qué decir en torno al diagnóstico sobre los 12 años de kirchnerismo. Cuando Carlos Acuña, que no tuvo un minuto de kirchnerista, fue recibido por la multitud al canto de "a volver, vamos a volver", estaba claro que las cosas iban a terminar mal. Es que el dirigente barrionuevista no tiene ninguna nostalgia con los años K, más bien todo lo contrario.

En ese palco también estaba Víctor Santamaría, el jefe sindical de los porteros, el más kirchnerista de todos los miembros de la CGT y uno de los que más cuentas pendientes tiene contra Mauricio Macri, incluso por la conducción de Boca Júniors, que a pesar de varios intentos todavía no pudo alcanzar. Su posicionamiento es minoritario en la central obrera, pero tiene un gran poderío mediático y enorme respaldo de Cristina Elisabet Kirchner y los sectores más duros de los K.

Parte central del problema que se exhibió ayer en directo por la televisión es, justamente, ese. Los que tienen mayor poder gremial no tienen una red mediático/cultural como lo tiene el kirchnerismo. Estos, por el contrario, prácticamente carecen de territorio y gremios propios.

En una economía que no termina de reactivarse, un peronismo herido y dividido busca ponerse al frente de los reclamos sociales. Sin descontento, la marcha no hubiera sido tan poderosa. Pero creer que se hubieran evitado los disturbios si la CGT decidía antes el paro, es no comprender la naturaleza de lo que se está jugando: es el poder, estúpido.