El jueves pasado me invitaron a disertar en el encuentro de las J6, la versión joven del Grupo de los Seis (también conocido como G6), el espacio que agrupa a los titulares de la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Construcción (Camarco), la Cámara Argentina del Comercio (CAC), la Sociedad Rural Argentina, la Bolsa de Comercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (Adeba). El J6 está compuesto por las camadas jóvenes de la gremial empresaria que empujan para ir ganando espacios en cada una de ellas.

El encuentro, realizado en el Museo de Bellas Artes bajo el lema "Proyecto Integración" y el objetivo de abordar los principales desafíos del país, tuvo un condimento especial: la apertura del presidente, Mauricio Macri, quien tomó la palabra y se dirigió a los presentes con frases como: "Necesitamos agregar valor a nuestras materias primas", "ustedes deben tener buenas ideas y constancia para transformarles la vida a miles de argentinos". Y en una parte de su discurso, me mencionó y me tildó de "rupturista y alarmista, que dice que no va a quedar ningún empleo tradicional". ¿Tan apocalípticos son mis postulados?

En las últimas décadas, han sido tantos y tan variados los cambios tecnológicos y sus implicancias socioculturales que resulta fundamental repensar y analizar las consecuencias económicas y políticas que están teniendo en nuestras vidas laborales y las superestructuras de gran escala que están afectando.

Actualmente, es posible observar cómo diferentes sectores económicos se encuentran en crisis, ya que sus modelos de negocio se han tornado obsoletos; no han podido adaptarse al nuevo ciclo tecnológico y social. La sociedad busca apropiarse de las nuevas tecnologías, interactuar con sus capacidades transformadoras.

Se debe considerar la tecnología críticamente, entendiendo tanto sus alcances como sus limitaciones. No todas las nuevas tecnologías tendrán un impacto de tal magnitud que lleguen a alterar la sociedad, aunque quizá sí lleguen a alterar el statu quo o a modificar ciertos modos de vida.

La economía actual se caracteriza por fuertes innovaciones digitales e inversiones, así como la ampliación tecnológica de la producción, los mercados, la base geográfica y una creciente demanda de servicios y bienes basados intensivamente en el conocimiento. Por eso, podemos hablar de una economía que tiene como base el conocimiento, como forma de desarrollo de la economía mundial.

Otro elemento a tener en cuenta a la hora de observar empíricamente los países que presentan economías del conocimiento es la existencia de ambientes competitivos, que estimulan los procesos productivos y de innovación. La educación se constituye así como una piedra angular para las economías del conocimiento, influye tanto en la oferta como en la demanda de procesos de innovación, debido a que quien estará en una posición más favorable para adoptar, transformar y crear tecnología será una fuerza empresarial y laboral bien capacitada.

En dicha interacción está la clave del triunfo de las políticas mencionadas. El compromiso de los diferentes sectores se vuelve una condición medular para las economías basadas en el conocimiento. Se generan mecanismos de cohesión y cultura basados en la confianza en el país y en los individuos, de manera tal que muchos se sienten parte del desarrollo económico y ven la necesidad de la educación como algo fundamental para el progreso social e individual.

Partes no despreciables de los PBI de estas economías basadas en el conocimiento se destinan al desarrollo y la investigación. Así, en una política definida, la voluntad de propiciar la expansión del capital humano cumple sus objetivos y llega a producir innovaciones y crecimiento tecnológico. Se trata de hacer buen uso de las tecnologías, más que de la producción de estas. Lo determinante, en última instancia, para el desarrollo económico es el correcto manejo de las innovaciones, que a la vez son un producto de procesos complejos de creación de conocimiento; tal es el caso del uso de internet, por ejemplo.

Por todo esto, en parte, es fundamental discutir y tener presente los presupuestos en ciencia y tecnología. Puedo ser un poco alarmista, pero alguien tiene que serlo.

 

@JoanCwaik

 

El autor es un innovador tecnológico, docente universitario y conferencista.