Esos monopolios que destruyen las cadenas de valor

Por Christian Joanidis

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En estos días se estuvo discutiendo sobre la posición monopólica que tiene Prisma en el mercado de los medios de pago. No fue sólo una discusión, sino que se abrió una investigación al respecto. Paradójicamente, no fue durante el kirchnerismo, cuando se hablaba constantemente de los grupos concentrados, que el Estado intervino para frenar la expansión de los monopolios. Hoy, el Gobierno interviene apropiadamente, porque es justamente la existencia de estos cuasimonopolios lo que destruye las cadenas de valor de los sectores; hace que uno de los jugadores se quede con toda la rentabilidad, mientras los otros pelean para sobrevivir.

Pero no es únicamente en el sector financiero que se ha descubierto esta concentración desmesurada: las cadenas de supermercados también son un oligopolio, es decir, varias empresas que explícita o implícitamente se ponen de acuerdo sobre cómo gestionar el mercado. Su nacimiento en los noventa fue la muerte de infinitos negocios barriales. Su expansión fue atacando todos los rubros en los que los comercios antes tenían un espacio: cuanto más ampliaban su superficie y su oferta de productos, más pequeños comercios se veían afectados. En general, los grandes y novedosos negocios no consisten en grandes inventos, sino en nuevas formas de concentrar lo que está disperso: los supermercados en los noventa lo hicieron con el mercado que antes estaba disperso en una cadena de valor que iba del productor hasta el almacenero, pasando por el mayorista.

Mientras los supermercados se siguieron expandiendo, alentados por las empresas más importantes del mercado, han tomado una posición dominante y hoy se han convertido en los verdugos de los productores. ¿Quién puede vender algo si no está en un supermercado? Por eso, el Gobierno se propone llevar adelante la ley góndola. Sin embargo, se trata sólo de un parche, porque el problema no es únicamente la concentración en la producción de alimentos (basta mirar las góndolas para entender cuántos jugadores hay en ese mercado), sino la concentración del mercado minorista. Con esa nueva ley tendremos a un supermercado que se enfrenta a productores regionales, a los que seguramente avasalle y oprima hasta el límite de la quiebra.

Una regulación complementaria a la ley góndola debería restringir la existencia de enormes cadenas de supermercados. Una forma sería acotando la superficie que cada firma puede tener, independientemente de los formatos que utilice. Hay grupos que tienen varios supermercados (marcas) y de esa forma nos dan la falsa idea de que hay más competidores de los que en realidad parece. Restringir la superficie total que pueden tener en el país fomentará la existencia de nuevas redes de supermercados y el renacimiento de pequeños comercios. De esta forma, habrá mayor competencia y tanto productores como consumidores se verán beneficiados.

Es cierto que existen monopolios necesarios, como los trenes, la distribución de energía o incluso las redes de telefonía celular. Pero, ciertamente, en lo que se refiere a producción y comercialización de alimentos estas posiciones dominantes no le hacen bien a la sociedad. Por un lado, porque destruyen a los productores y se abusan de los consumidores: ninguno tiene muchas más opciones. Por el otro, porque destruyen a los pequeños comercios, atacan nuestro tejido social y nos llevan hacia una distopía donde la iniciativa es sólo de los gigantes: los demás serán sus empleados.

Esta situación no es una casualidad, es una construcción. Las grandes cadenas de supermercados y las cadenas en general avanzan sobre los pequeños competidores premeditadamente, porque saben que es la única forma de aumentar su rentabilidad. Lo hacen al amparo de un Estado que se ocupa de dar limosnas a través de planes sociales, pero que se olvida que para generar trabajo hay que destruir la concentración en todos los sectores económicos. Un Estado que por descuido ha allanado el camino de estas grandes cadenas que no ha perdido oportunidad de avanzar y hoy han logrado obtener la posición monopólica que tan bien planificaron.

No nos dejemos engañar, esto no es una situación, es una estrategia implementada durante años: dueños y gerentes han pensado esto al detalle. No hay nadie en el mercado que pueda impedirlo, sólo el Estado, con sus leyes, sus agencias y con la ayuda de la Justicia.

A nuestro país le falta todavía legislación orientada a evitar las posiciones monopólicas y la concentración. Esas no son leyes para los ricos y los poderosos, todo lo contrario: son para todos los argentinos, que nos beneficiamos con la reducción de la concentración económica.

 

@Chrisjoanidis

 

El autor es ingeniero industrial (ITBA) y realizó un MBA en la Cranfield University (Inglaterra). Actualmente es docente en la UCES y el ISSP.