Vaivenes de unidad en el movimiento obrero

Por María Herminia Grande

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El movimiento obrero argentino de 1945 a la fecha ha sido sujeto o predicado del peronismo. Con Domingo Perón, la Confederación General del Trabajo (CGT) fue la columna vertebral del justicialismo. Con el líder gobernando, José Espejo no desafinaba, sólo ordenaba hacia abajo como engranaje de la gran política partidaria. A partir de 1955, con la CGT proscrita e intervenida, surgió la resistencia y, en 1957, se crearon las "62 organizaciones gremiales peronistas", conducidas actualmente por Gerónimo "Momo" Venegas. Con Perón en el exilio, hubo José Rucci y también Augusto Vandor. Así, el movimiento obrero peronista tuvo una forma con el peronismo en el poder y otra fuera de él. No se debe olvidar que, como reacción a los años fuera del poder, nació la CGT de los Argentinos, cuyo máximo líder, el gráfico Raimundo Ongaro, acaba de fallecer.

Ante la última y más feroz de las dictaduras, fue el sindicalismo el que la enfrentó a costa de cárcel, tortura, muerte, desapariciones. Y allí aparecieron nuevamente las diferencias entre los dialoguistas y los confrontacionistas: CGT Azopardo y CGT Brasil. Fue intervenida, disuelta, sus dirigentes, encarcelados. Apareció entonces el Grupo de los 25 y, ante el regreso de la democracia y la derrota electoral de Ítalo Lúder, volvió el intento de unidad con la figura de cuatro cosecretarios generales. Es justo reconocer que mientras el peronismo lloraba la pérdida electoral, Saúl Ubaldini, desde la CGT, le puso sujeto a un peronismo derrotado.

Luego, en 1989, con Carlos Menem en la Presidencia, asomaron las diferencias en el sindicalismo. Las políticas devastadoras del presidente riojano dejaron el tendal de obreros en  la calle y es en ese momento cuando nuevamente se dividió la CGT, pasó a ser predicado del menemismo. La ruptura ocurrió en un teatro de la calle Corrientes, de Capital Federal; la CGT San Martín, con Guerino Andreoni, bajo la batuta de Luis Barrionuevo versus la CGT Brasil, de Ubaldini, Lorenzo Miguel y Diego Ibáñez. Esta ruptura trajo como consecuencia que naciese el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) de Hugo Moyano y Marcelo Palacios como protagonistas. Y tomando tal vez el legado de Ongaro, nació también una CTA docente y estatal que proponía resistencia.

Con el kirchnerismo, en el 2004, la CGT adoptó un esquema de triunvirato: Hugo Moyano-José Luis Lingeri-Susana Rueda, en un intento de reunificación. Este esquema se mantuvo poco tiempo. Cuando Moyano pegó el portazo al Gobierno de Néstor Kirchner, su CGT se sumó a la oposición, en la cual ya estaba el gastronómico José Luis Barrionuevo con la CGT San Martín; quedó como CGT oficialista la liderada por Antonio Caló, de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En este proceso, la CTA se dividió y quedó una bajo el liderazgo de Hugo Yasky y la otra, de Pablo Miceli. También en este caso una afín a la política del Gobierno y otra enfrentándolo.

Esta es la historia simplificada de la desvertebración del movimiento obrero con el que llegó al día de ayer, en un nuevo intento de unidad. Tanta diferencia expuesta imposibilitó coincidir en un sólo secretario general, que hubiese sido lo deseable y hubiera fortalecido su representatividad. El número de gremios asistentes habla de la imposibilidad real de tal anhelo.

En líneas generales, los gremios que no concurrieron al estadio de Obras o retacearon sus congresales manifestaron dos grandes razones. Por un lado, que los titulares salientes de las tres CGT convergentes en este Congreso usaron mucho más el dedo que la consulta a la hora de las designaciones en el armado. Otra de las razones esgrimidas por los ausentes ha sido: "No queremos una CGT ni macrista ni massista". Si el movimiento obrero fue históricamente sujeto o predicado del peronismo, las dificultades para consensuar un triunvirato y un consejo directivo conforme a los distintos sectores no son de extrañar, porque, en este momento, el peronismo está acéfalo de conducción política.

Gerónimo "Momo" Venegas hace 20 días atrás me aseguró que si el intento de ser el secretario general de la unidad fracasaba, no sería protagonista de una nueva CGT. Faltó decirme que, como titular de las 62 organizaciones peronistas, no necesita otro espacio para expresar sus diferencias que lo alejaron del congreso realizado ayer.

La nueva conducción cegetista no tiene planteado inaugurarse con medidas de fuerza. Fue muy claro Juan Carlos Schmid cuando me dijo: "En Schmid no van a encontrar a un representante de un sector político. La oposición política debería plantearse qué respuestas está dando. Me parece que poner toda la responsabilidad en el hombro sindical es demasiado". Ahora bien, este nuevo triunvirato asume con la herencia de una enorme pobreza generada en el Gobierno kirchnerista y ampliada durante los ocho meses del Gobierno macrista. Si bien los estatutos señalan que la representatividad es para con los trabajadores en actividad y en blanco, resulta imposible que se desentiendan de quienes quedaron descartados y abandonados por el sistema.

Aunque el eje de este análisis son los vaivenes del movimiento obrero, su vertebración y su desvertebramiento, no puedo dejar de mencionar que este hecho se evidencia en las instituciones. En la provincia de Santa Fe, sólo en Rosario, en 30 días, hubo 29 personas asesinadas y al cierre de este análisis se conoció que Guille Cantero, desde la cárcel de Rawson, amenazó al juez de sentencia Edgardo Fertitta, que, con gran valentía, se opuso al juicio abreviado a "los Monos". Como dijo el presidente de la Comisión de Seguridad del Concejo de Rosario, doctor Diego Giuliano: "La sangre está llegando al río".

 

La autora es periodista, analista política y conductora de radio y TV.