Los disparates de Guillermo Moreno

Por Claudio Chaves

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El ex secretario de Comercio del Gobierno de la doctora Cristina Fernández de Kirchner no deja de asombrarnos con sus brutales y equívocas opiniones. Todavía están en la memoria de muchos empresarios y de los argentinos todos aquellos dichos que, entre risueño y cómplice, le espetó a un grupo de empresarios de las telecomunicaciones: "La próxima vez, vengan con sus mujeres. Ya estoy cansado de cogérmelos a ustedes". Al menos así lo cuenta la leyenda urbana. Es posible que sea un poco exagerada la anécdota, pienso, pues si fue de ese modo, la noticia del diario hubiese sido otra. Por ejemplo: "Grupo de empresarios enfurecidos agredió de hecho al secretario de Comercio por groserías irreproducibles". Señores bien plantados no podrían haber dejado correr semejante desatino. En otra reunión, al parecer, afirmó: "Tengo expertos en partirle la columna y hacerle saltar los ojos al que hable", según informó Clarín, cuando el Gobierno se proponía intervenir Papel Prensa. Pero, claro, Clarín miente.

De lo que no hay dudas es de las nuevas declaraciones de Guillermo Moreno acerca de que este Gobierno es peor que el de Rafael Videla, pues el dictador "tiraba a nuestros compañeros al mar, pero no le sacó la comida a la gente".

Este disparate no merecería ningún comentario, conociendo la entidad moral y política del sujeto. Sin embargo y frente al dolor que causa hablar de estos temas, me veo impelido a hacerlo especialmente, luego de doce años de kirchnerismo, cuando se hizo de la guerrilla y sus componentes el panegírico de jóvenes amantes de la libertad y la democracia. Nada más alejado de semejante mentira, especialmente de aquellos que continuaron con las armas en la mano al asumir el general Domingo Perón la tercera presidencia.

Primero y principal, lo que el general Jorge Rafael Videla hizo o permitió fue que arrojaran argentinos al mar, en un acto de cobardía sólo visto en guerras donde se han perdido todos los valores. Esa monstruosidad es imperdonable.

Inocentes y guerrilleros padecieron la atroz venganza. Ahora, si Moreno utiliza la palabra 'compañeros' para mencionar a los guerrilleros asesinados, creo que hay un lamentable error. El general Perón, respecto de aquellos peronistas que criticaban a un compañero, afirmaba que se estaban pasando a las filas adversarias, qué queda, entonces, para aquellos que asesinaron peronistas como lo hicieron con Augusto Timoteo Vandor, Dirk Klosterman, José Alonso o José Ignacio Rucci, entre muchos otros, y los que, sin haberlo hecho directamente, esto es, sin arrojar una bomba o apretar el gatillo, se hicieron cargo de los crímenes, como coro griego que replicaba festivamente la matanza.

Es en este punto donde reflexiono de otro modo. ¿Tiene alguna importancia hacer esta aclaración sobre un asunto tan doloroso, donde si se es compañero o argentino tiene el mismo valor? Para mí tiene una enorme trascendencia. El peronismo debe forzosamente transformarse en un partido moderno, respetuoso de las instituciones, de la democracia y de aquellos valores propios de la convivencia republicana. El kirchnerismo no tuvo esa performance. Para ellos, y para Moreno de manera personal, la democracia es un asunto formal. La valoración de la guerrilla de los sesenta y setenta que practicaron durante sus años de gobierno no hizo otra cosa que ahondar la grieta. La Justicia tuerta que impulsaron debe cesar. Pero lo que debe terminar es la valoración de una época signada por el crimen, de cualquiera de los bandos que provenga. Y menos aún que al interior del peronismo se siga ponderando como compañeros a quienes asesinaron a argentinos y a peronistas.

El autor es profesor de Historia, escritor y licenciado en Gestión Educativa.