¿Estamos pagando de más para exportar? La herramienta aduanera que reduce costos a las empresas

Ingresar insumos del exterior sin tributar, incorporarlos a un proceso productivo y colocar el resultado en mercados internacionales: así funciona la importación temporaria

Antonella Zimmermann
Antonella Zimmermann es analista de comercio exterior (Foto: Movant Connection)
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En una empresa que exporta hay una pregunta que define la supervivencia de su negocio: ¿cuánto cuesta realmente producir lo que vendemos al mundo? La respuesta no está solo en la mano de obra, los costos logísticos o la materia prima local. Está, en gran medida, en cómo ingresan al país los insumos importados que componen ese producto final.

Y ahí existe una herramienta que, a mi entender, todavía tiene mucho más potencial del que las empresas argentinas le están dando: el Régimen de Importación Temporaria para perfeccionamiento industrial, regulado principalmente por el Decreto 1330/04.

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No se trata simplemente de importar algo y devolverlo. Se trata de una lógica industrial diferente: ingresar mercadería del exterior, transformarla, incorporarla a un proceso productivo y exportar el producto resultante. Hay un punto que explica buena parte de su atractivo: las mercaderías importadas bajo este régimen no abonan los tributos que gravan la importación para consumo, con las particularidades que establece la normativa.

Cuando importar deja de ser un costo y pasa a ser parte de la estrategia exportadora

El Decreto 1330/04 fue creado con un objetivo explícito: utilizar la importación temporaria como un instrumento para expandir las exportaciones y estimular la actividad económica.

La lógica es sencilla.

Una empresa recibe un insumo extranjero. Ese insumo ingresa temporariamente, se utiliza dentro de un proceso de perfeccionamiento industrial y, posteriormente, forma parte de un producto que se exporta.

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El régimen contempla procesos de transformación, elaboración, combinación, mezcla, rehabilitación, fraccionamiento, montaje e incorporación de aparatos o conjuntos que aporten perfeccionamiento tecnológico o funcional. También comprende determinadas mercaderías que desaparecen total o parcialmente durante el proceso productivo y ciertos elementos auxiliares.

Esto abre una posibilidad concreta para empresas que producen para mercados internacionales: competir afuera sin cargar sobre el producto exportado el costo de tributos que corresponderían a una importación para consumo.

¿Cómo puedo importar mis insumos de manera que mi producto final sea más competitivo?

El beneficio tiene una condición: exportar.

Acá está la diferencia entre conocer el régimen y realmente gestionarlo.

La importación temporaria no es una licencia para ingresar insumos sin pagar y decidir después qué hacer con ellos. El beneficio está condicionado a una obligación concreta: la mercadería debe ser exportada para consumo bajo la nueva forma resultante del perfeccionamiento industrial dentro del plazo autorizado.

Logística
La propia normativa prevé consecuencias frente a determinados incumplimientos, entre ellas, el pago de los tributos que no fueron abonados y sanciones específicas (Foto: Shutterstock)

El plazo general establecido por el Decreto 1330/04 es de 360 días desde el libramiento. Para determinados bienes de producción no seriada, el plazo puede alcanzar los 720 días, y existen mecanismos para algunos programas de entregas, procesos de larga ejecución y situaciones excepcionales.

Por eso, una empresa que utiliza este régimen no solamente necesita saber cuánto importa. Necesita saber qué importa, cuánto incorpora al producto, qué merma genera el proceso, qué cantidad termina exportando y cuándo debe cancelar cada destinación.

Ahí aparece uno de los instrumentos centrales del régimen: el Certificado de Tipificación de Importación Temporaria (CTIT), que determina la relación insumo-producto y contempla insumos, mermas y pérdidas correspondientes al proceso.

En otras palabras, detrás de una exportación hay una trazabilidad que empieza mucho antes de que el contenedor llegue al puerto.

La competitividad también se pierde por falta de control

Desde afuera, una importación temporaria puede parecer más compleja que una importación convencional. Y lo es.

Hay que gestionar autorizaciones, documentación, CTIT, destinaciones suspensivas, garantías y controles de saldos. Comercio Exterior tiene que coordinar con Producción, Compras, Logística, Administración y, cuando corresponde, con los terceros que intervienen en el proceso.

Esto demuestra algo que muchas veces se pierde de vista: la importación temporaria no termina en la Aduana ni en el ingreso de la mercadería a planta. Termina cuando la destinación queda correctamente cancelada.

Y ahí está quizás uno de los mayores riesgos: utilizar el régimen como una herramienta de ahorro sin construir simultáneamente un sistema de control.

Un vencimiento no detectado, una diferencia entre lo importado y lo utilizado, un saldo que no se controla o una exportación que no se vincula correctamente pueden transformar un beneficio pensado para mejorar la competitividad en una contingencia.

La propia normativa prevé consecuencias frente a determinados incumplimientos, entre ellas, el pago de los tributos que no fueron abonados y sanciones específicas.

¿Estamos aprovechando el régimen o reaccionando cuando ya es tarde?

En mi experiencia en comercio exterior, una de las mayores oportunidades está en correr la conversación hacia atrás. No esperar a que aparezca la orden de compra del cliente extranjero para preguntarnos cómo vamos a producirla. No esperar a que llegue el insumo para analizar bajo qué régimen ingresará. No esperar al vencimiento de una temporaria para empezar a reconstruir qué pasó con esa mercadería.

La importación temporaria debería analizarse antes de cerrar la operación comercial, porque puede modificar la estructura de costos de un producto destinado a exportación y, en consecuencia, su capacidad para competir internacionalmente.

El desafío no es importar más, es importar mejor

Argentina necesita empresas capaces de competir en mercados internacionales. Y para hacerlo no alcanza con tener un buen producto. Hay que conocer las herramientas que existen para producirlo de manera competitiva.

La importación temporaria para perfeccionamiento industrial debería dejar de ser vista como un procedimiento exclusivamente aduanero y empezar a ocupar un lugar dentro de la estrategia productiva y comercial de las empresas exportadoras. Porque detrás de cada insumo importado puede haber una decisión de costo. Detrás de cada CTIT, una decisión productiva. Y detrás de cada destinación temporaria correctamente cancelada, una oportunidad de haber exportado con una estructura más competitiva.

La pregunta, entonces, no es si las empresas argentinas pueden utilizar este régimen. La pregunta es mucho más incómoda:

¿Cuántas empresas están dejando de ser competitivas simplemente porque nunca se preguntaron si podían utilizarlo?

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