
Al referirse al rol que cumple el packaging dentro de la cadena productiva, Gabriela Torres comenta que “la industria del envase flexible es un primer eslabón dentro de una cadena mucho más grande”. En esta entrevista, comparte cómo funciona la importación de insumos para fabricar envases y qué dinámica observa hoy en el comercio exterior argentino.
Para quienes no conocen el sector, ¿qué es la industria gráfica del envase flexible y qué abarca?
La industria gráfica del envase flexible es básicamente todo lo que tiene que ver con los materiales que se utilizan para fabricar envases y packaging en general. Si uno va a un supermercado y ve un paquete de fideos, por ejemplo, todo lo que forma ese envase tiene detrás un proceso industrial. Me toca trabajar justamente con los insumos que permiten fabricar ese envase.
En mi caso, lo que hago es importar todo lo necesario para producir. Puede ser la maquinaria que se utiliza para imprimirlos, las tintas con las que se imprimen los diseños, las láminas que intervienen en el proceso de impresión o distintos insumos técnicos que forman parte de esa producción.
¿Cómo es tu rol dentro del área de comercio exterior?
Mi trabajo abarca prácticamente todo el proceso de importación. Empieza desde el momento en que se genera la orden de compra. A partir de ahí tengo contacto directo con el proveedor del exterior, coordino la operación y hago el seguimiento completo de la importación.
Me toca representar dentro de un holding, por lo que el vínculo con el proveedor es bastante directo y continuo. Yo coordino la logística internacional, hablo con el despachante de aduana, organizo todo el proceso de transporte y seguimiento de la carga y después participó también en la parte administrativa que corresponde a la operación una vez que la mercadería llega al país.
¿Cómo ves hoy la actualidad del sector?
Hoy la importación está mucho más simplificada que antes. En años anteriores era bastante más difícil importar. Había muchas trabas, muchos procesos burocráticos y era bastante complejo avanzar con ciertas operaciones.
Hoy todo el sistema es mucho más dinámico y eso hace que el trabajo sea más fluido. Sí es cierto que hubo momentos en los que el sector estuvo un poco más retraído o con menos movimiento, pero en términos operativos todo se volvió más simple que antes. Eso permite que las empresas puedan planificar mejor sus importaciones y que las operaciones se desarrollen con mayor previsibilidad.
¿Qué es lo que más te llamó la atención o más te gusta de esta industria?
Lo que más me gusta es ver todo el proceso que hay detrás de un producto que después uno ve en la vida cotidiana. Me gusta mucho entender cómo funciona toda la cadena que permite que ese producto llegue al consumidor final.
Por ejemplo, cuando traemos maquinaria o insumos y después ves cómo esa maquinaria se pone en funcionamiento dentro de la industria para producir envases, es muy interesante.
La industria del envase flexible es un primer eslabón dentro de una cadena mucho más grande. Me toca trabajar en la etapa inicial que permite que después se fabriquen los envases de los productos que todos consumimos. Entonces saber que uno participa en ese primer paso del proceso es algo que a mí me resulta muy atractivo.
¿Hay algún insumo que tenga más demanda dentro del sector?
Sí, hay algunos productos que son más demandados que otros. En mi caso, uno de los productos más importantes que me toca importar son láminas de acero que se utilizan en los procesos de impresión de envases. Las mismas cumplen una función muy específica dentro de la impresión industrial, porque permiten distribuir o barrer la tinta durante el proceso.
También se importan tintas y otros insumos, pero las láminas de acero tienen un peso importante dentro de la operación. Ahí también aparece un factor interesante que es la competencia internacional. Entonces también hay que analizar constantemente las condiciones del mercado y las diferencias de precio entre distintos orígenes.

¿Qué particularidades tiene importar este tipo de productos?
En cualquier operación de comercio exterior hay varios factores clave, pero uno de los más importantes es el tema arancelario. Cuando uno importa un producto tiene que analizar qué arancel paga dependiendo del país de origen. En algunos casos puede tener arancel cero y en otros casos puede pagar determinados derechos de importación. Ese análisis es fundamental antes de decidir una compra.
También hay que tener en cuenta el tipo de producto. En el caso de las láminas de acero, por ejemplo, son productos pesados. El volumen puede ser relativamente pequeño, pero el valor de la carga puede ser alto. Entonces hay que evaluar muy bien los costos logísticos, el transporte y todos los gastos asociados a la operación.
¿Cómo surgió tu vínculo con la profesión?
En realidad empecé casi de casualidad en este sector. Pero una vez que entré en este mundo me empezó a gustar mucho todo lo que tiene que ver con la conexión con otros países.
Esta actividad tiene algo muy interesante, que es esa relación constante con el exterior. Estás todo el tiempo interactuando con proveedores, con operaciones internacionales y con procesos logísticos globales.
Con el tiempo empecé a tomar más conciencia de todo el trabajo que hay detrás de cada importación. Ver cómo una carga se fabrica en otro país, cómo se organiza el transporte, cómo se coordina toda la documentación y finalmente cómo llega a destino es algo que me resulta muy interesante.
¿Qué expectativas tenés sobre el futuro del comercio exterior en Argentina?
Yo creo que la actividad vinculada al comercio exterior va a seguir creciendo. Hoy el sistema está más simplificado y eso ayuda mucho a que las empresas puedan operar con mayor facilidad.
Antes era mucho más complicado importar o exportar. Ahora todo está más normalizado y eso permite que el sector tenga más movimiento. Creo que Argentina todavía tiene mucho potencial para mejorar y para competir mejor dentro de la región.
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