
Al referirse al sector, Ignacio comenta que “hoy tiene una incidencia muy grande en el resultado financiero y en la competitividad de las organizaciones”. En esta entrevista, comparte su mirada sobre la apertura económica y el crecimiento de la competencia internacional en distintas industrias.
¿Cómo estás viendo la actualidad del sector del comercio exterior?
Hoy Argentina está en un proceso de cambio bastante paradigmático frente a un modelo que veníamos quizás un tanto más restrictivo. Estamos observando una mayor apertura, una mayor internacionalización y también mayor transparencia en los procesos.
Además estamos viendo la firma de tratados tanto bilaterales, como es el caso de Argentina con Estados Unidos, como multilaterales, por ejemplo el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea. Al mismo tiempo hay sectores que están traccionando fuerte, como el gas, la agroindustria o las economías del conocimiento.
Muchos de estos sectores están demandando tecnología, bienes e insumos para producir, y también están recibiendo inversión extranjera. Creo que se están generando bases para que sea más simple invertir y para que haya una mejora en la producción a nivel local.
Esto también trae una mayor competencia. Hoy empezamos a encontrar competidores en sectores donde antes no era habitual verlos, algo que forma parte del proceso de internacionalización que está atravesando la Argentina.
¿Qué tipo de competidores comienzan a aparecer en sectores donde antes no era habitual verlos?
Esto se puede ver tanto en sectores pequeños como en industrias más grandes. Por ejemplo, en la industria textil se observa claramente una tendencia hacia el abastecimiento internacional.
También ocurre en sectores como la industria metalúrgica, donde antes había empresas muy consolidadas liderando determinados segmentos y hoy aparecen competidores externos con propuestas importantes.
En el sector energético también se está viendo un fuerte movimiento. En oil & gas hay muchas empresas con intención de invertir y explorar el rubro. Algo similar ocurre con la minería, particularmente con el litio, donde aparecen nuevos proyectos, inversiones y áreas de desarrollo muy interesantes.
Mencionabas el caso del sector energético. ¿Qué particularidades logísticas aparecen?
En el último tiempo, con distintos incentivos a la inversión, el sector empezó a traccionar muy fuerte. Eso generó una demanda muy grande de insumos, maquinaria y distintos recursos para poder sostener el crecimiento de la actividad.
Incluso aparecen necesidades logísticas que no siempre son convencionales. Por ejemplo, en algunos casos se importan módulos habitacionales o estructuras para alojar trabajadores en campo, porque el volumen de personal creció y las empresas necesitan resolver rápidamente esa infraestructura.
Además se están demandando maquinaria e insumos porque muchas empresas llegaron a un punto donde necesitan ampliar su capacidad instalada y sumar mano de obra para poder cumplir con los niveles de producción que se están solicitando.
Eso genera competencia en distintos niveles: en maquinaria, en insumos y también en la provisión de soluciones logísticas. Hay empresas locales que importan y luego comercializan, y también compañías que compran directamente en el exterior, donde cada vez encuentran más alternativas.
¿Qué diferencias aparecen entre abastecerse en el mercado local o importar desde el exterior?
Hoy la decisión no pasa necesariamente por elegir una sola opción. Tanto el abastecimiento local como la importación tienen beneficios propios. El primero suele ofrecer mayor simplicidad operativa, menores riesgos logísticos y en muchos casos un mejor servicio de postventa. Esto es particularmente importante cuando hablamos de maquinaria o equipos que requieren mantenimiento o repuestos.
Por otro lado, la importación permite acceder a economías de escala que reducen el costo total de la operación y también a tecnologías que muchas veces no están disponibles en el mercado local.
Por eso creo que hoy es importante que las empresas desarrollen una matriz de abastecimiento diversificada, combinando proveedores nacionales con proveedores internacionales. Eso permite reducir riesgos, optimizar costos y tener mayor previsibilidad en el futuro.

¿Qué habilidades profesionales considerás clave hoy para trabajar en comercio exterior?
Creo que hoy uno de los principales desafíos es que muchas organizaciones comprendan que el comercio exterior dejó de ser un área puramente operativa para transformarse en un área estratégica dentro de las empresas.
Hoy tiene una incidencia muy grande en el resultado financiero y en la competitividad de las organizaciones. Por eso los profesionales del sector necesitan combinar habilidades técnicas —como conocimiento logístico, normativo o aduanero— con una visión estratégica de largo plazo.
También se requiere una capacidad fuerte de análisis financiero, previsibilidad de costos y comprensión integral del impacto que tiene el comercio exterior dentro de la empresa. Cuando una organización integra realmente este sector con su estrategia general, logra posicionarse mejor frente a la competencia. En cambio, cuando se lo ve como un área aislada o meramente operativa, muchas veces se pierde competitividad.
Además, la comunicación interna entre áreas es fundamental. Un error en un cálculo, en la previsión de costos o en la planificación del abastecimiento puede tener un impacto muy grande en los resultados.
¿Qué perspectivas ves para el comercio exterior argentino en los próximos años?
Mi perspectiva es bastante optimista. Creo que Argentina tiene condiciones para convertirse en un actor importante dentro del comercio internacional. El país tiene mucho potencial, pero el desafío está en sostener en el tiempo las reglas que hoy se están planteando para favorecer el comercio, la inversión y la producción.
Si esos lineamientos se mantienen, Argentina puede avanzar hacia un escenario con mayor inversión extranjera, mayor producción local y sectores que traccionen con fuerza el crecimiento económico. También estamos viendo cadenas de suministro cada vez más tecnológicas, más regionalizadas y con mayor acceso a distintas alternativas de abastecimiento.
En ese contexto, tanto el desarrollo del abastecimiento local como la integración con proveedores internacionales van a ser claves para que las empresas puedan posicionarse mejor y competir en el mercado global. Pero para que todo ese potencial realmente se materialice, es fundamental que exista un marco normativo claro y sostenido en el tiempo.
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