
La logística global atraviesa un punto de inflexión. Las empresas europeas comenzaron a revisar con mayor profundidad su dependencia de China como principal eje de sus cadenas de suministro, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, disputas comerciales y una creciente incertidumbre sobre la estabilidad de los flujos industriales.
De acuerdo con un informe reciente elaborado por la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, el gigante asiático mantiene una influencia determinante sobre las cadenas productivas globales, al punto de ser considerado hoy como la única superpotencia manufacturera del mundo.
Sin embargo, esa fortaleza estructural empieza a convivir con un cuestionamiento cada vez más visible por parte de las compañías europeas, que buscan reducir riesgos y ganar margen de maniobra logística.
La dependencia logística de un único polo manufacturero
Durante las últimas décadas, China se consolidó como el principal nodo manufacturero del mundo. Su escala productiva, la integración de clústeres industriales y la eficiencia de su infraestructura logística hicieron que miles de empresas internacionales estructuraran sus cadenas de suministro con un alto nivel de concentración en el país asiático.
Ese modelo permitió optimizar costos, acortar tiempos de producción y garantizar volúmenes constantes. Sin embargo, el informe advierte que esta dependencia también expone a las compañías a vulnerabilidades crecientes, especialmente cuando la logística deja de ser una variable técnica y pasa a estar condicionada por decisiones políticas y comerciales.
Las restricciones impuestas por Pekín a la exportación de ciertos insumos estratégicos, como las tierras raras —clave para sectores como semiconductores, automoción y defensa— encendieron señales de alerta en Europa.
La posibilidad de interrupciones en el suministro de materiales críticos obligó a las empresas a reconsiderar la concentración geográfica de sus flujos logísticos.
De la eficiencia al concepto de resiliencia
El documento señala un cambio de enfoque relevante en la estrategia de las compañías europeas: la logística ya no se define únicamente por eficiencia y costos, sino por resiliencia, flexibilidad y capacidad de adaptación.
La guerra comercial entre China y Estados Unidos, sumada a conflictos geopolíticos y a un entorno global más fragmentado, puso en evidencia los riesgos de depender de un único país para sostener cadenas de abastecimiento complejas.
En ese contexto, las empresas comenzaron a explorar alternativas productivas y logísticas en otros países del sudeste asiático.
Vietnam emerge como una opción para la industria textil, mientras que Indonesia y Malasia ganan protagonismo en segmentos manufactureros y tecnológicos. Si bien estas economías aún no igualan la escala ni la integración logística de China, su desarrollo progresivo ofrece opciones complementarias para diversificar riesgos.
Tensiones entre Bruselas y Pekín
La revisión de las cadenas de suministro no ocurre en el vacío. La relación comercial entre la Unión Europea y China atraviesa un momento de mayor fricción. A la par del aumento de exportaciones chinas hacia Europa, persisten dificultades estructurales para las empresas europeas que operan en el mercado asiático.

Según el informe, durante años Bruselas mantuvo una postura de socio comercial estable, aunque crítico. No obstante, la combinación de barreras, tensiones arancelarias y falta de reciprocidad estaría empujando a Europa a adoptar una estrategia más firme en su vínculo con China, lo que podría tener impacto directo en la logística y el comercio internacional.
Desde la perspectiva empresarial, la utilización del dominio logístico e industrial como herramienta de presión genera un clima de incertidumbre que se traslada a la planificación de largo plazo.
En ese escenario, la diversificación deja de ser una opción táctica y pasa a convertirse en una necesidad estratégica.
El impacto en la planificación logística
Para las cadenas de suministro europeas, el desafío no es abandonar China de forma inmediata, algo que el propio informe considera inviable en el corto plazo, sino reconfigurar el mapa logístico global.
La magnitud de la infraestructura china, su ecosistema de proveedores y su capacidad de innovación siguen siendo insustituibles para muchas industrias.
Sin embargo, la tendencia apunta a reducir la centralidad absoluta del país asiático y avanzar hacia modelos más distribuidos, donde China sea una pieza relevante, pero no excluyente, del entramado logístico global.
Este proceso implica mayores costos iniciales, ajustes en tiempos de tránsito y una complejidad operativa mayor. Aun así, las empresas parecen dispuestas a asumir ese esfuerzo si a cambio logran cadenas de suministro más estables y menos expuestas a shocks externos.
Un escenario de incertidumbre prolongada
El informe advierte que, aun cuando la capacidad de control de China sobre las cadenas de suministro pueda disminuir con el tiempo, el contexto de incertidumbre llegó para quedarse.
La transición hacia esquemas más diversificados será gradual y estará atravesada por factores políticos, regulatorios y logísticos.
Mientras tanto, las empresas europeas que hoy operan en China continuarán haciéndolo para aprovechar su capacidad manufacturera y su entorno de innovación. No obstante, su disposición a mantener al país asiático como eje central de sus cadenas globales dependerá de cómo evolucione el uso de ese dominio industrial en el escenario internacional.
En un mundo donde la logística se consolida como variable estratégica del comercio global, la reorganización de las cadenas de suministro deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una decisión clave de competitividad, planificación y supervivencia empresarial.
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