
La escena se repitió en los principales escenarios del Melbourne Park e instaló una polémica que atravesó los últimos días del Australian Open. Durante sus partidos, Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Aryna Sabalenka y otras figuras del tenis mundial suelen utilizar una pulsera inteligente que les brinda un monitoreo físico. Sin embargo, la organización del primer Grand Slam del año decidió prohibirlas y obligaron a los jugadores a quitárselas.
El caso más reciente ocurrió en el cierre de la novena jornada, en el Margaret Court Arena, instantes antes del partido en el que Sinner venció en sets corridos a Luciano Darderi por los octavos de final. Durante el sorteo en la red, el número 2 del mundo fue advertido por el umpire Greg Allensworth, quien le pidió que se quitara el dispositivo que llevaba debajo de la muñequera. El italiano obedeció.
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Sabalenka, líder del ranking mundial de la WTA, había atravesado la misma situación antes de su debut frente a la francesa Tiantsoa Rakotomanga. Y el día anterior, Alcaraz también fue obligado a quitarse una pulsera similar durante el peloteo previo a su cruce de octavos de final ante el estadounidense Tommy Paul. El intercambio con la jueza de silla Marija Cicak se viralizó con rapidez.
El debate, entonces, copó la escena: ¿por qué la organización prohíbe un dispositivo pensado exclusivamente para recolectar datos físicos y prevenir lesiones?
“Hay ciertos datos que nos gustaría monitorear en la cancha. No para usarlos en vivo, sino para analizarlos después del partido y también en los entrenamientos”, explicó Sinner cuando fue consultado al respecto.
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El italiano, que en la ronda previa había pedido asistencia médica debido a los calambres y el calor extremo, mencionó que el juez de silla le pidió que se retirara la pulsera. “Hay otras alternativas, como el chaleco, pero me resulta incómodo. Las reglas son las reglas y no lo volveré a usar”, resumió en conferencia de prensa.
Alcaraz hizo declaraciones en un tono similar. “Son reglas del torneo. No se puede jugar con ella. Es algo que te ayuda a cuidarte más y a controlar la carga, pero no pasa nada. Se quita y se sigue”, señaló el número 1 del mundo.
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El punto central del conflicto es que la normativa no es uniforme en todo el circuito. La tecnología wearable -que incluye chalecos y pulseras inteligentes- está permitida tanto en la ATP como en la WTA.
El circuito femenino le dio luz verde en 2021, tras firmar un acuerdo plurianual con la empresa fabricante, que se convirtió en sponsor oficial de la organización. La ATP se sumó en 2024. “La introducción de los wearables en el circuito es un gran paso adelante en nuestro esfuerzo por optimizar el rendimiento de los jugadores y prevenir las lesiones. Por último, permite a los jugadores sacar lo mejor de sus carreras. Estamos encantados de que los datos más avanzados sean más accesibles que nunca y esperamos continuar nuestra innovación en este sentido”, explicó entonces Ross Hutchins, director deportivo del organismo.
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La Federación Internacional de Tenis (ITF) también certificó el dispositivo hace algunas semanas, aunque con una condición clave: que la función de retroalimentación háptica -vibraciones- esté desactivada. Según la entidad, esa característica podría permitir influencias externas en tiempo real o alertas que otorguen una ventaja competitiva.
Ese punto es el que lleva a los Majors a mantener -al menos por ahora- la prohibición. “Los wearables no están permitidos actualmente en los Grand Slams”, aclaró la organización del torneo en un comunicado. Y agregó: “El Australian Open está participando en conversaciones sobre cómo podría cambiar esta situación”.
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El dispositivo, que no tiene pantalla, registra frecuencia cardíaca, esfuerzo físico, oxigenación, temperatura de la piel, respiración, presión arterial y datos de sueño y recuperación, que luego pueden ser analizados por entrenadores a través de aplicaciones móviles. Es ampliamente utilizado en el tenis y en otros deportes de élite. Según la compañía fabricante, la membresía anual -que incluye el sensor y el servicio- cuesta entre 250 y 600 dólares.
Sin las pulseras, Alcaraz, Sinner y Sabalenka avanzaron casi sin contratiempos en Melbourne Park, aunque fueron protagonistas involuntarios de una polémica que expuso la tensión entre la evolución tecnológica y el reglamento tradicional del tenis en los grandes escenarios.
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