
Como ocurre con muchos desafíos contemporáneos, el argumento a favor de una intervención extranjera en Irán tiene un precedente claro: la intervención de la OTAN en la antigua Yugoslavia contra el régimen de Slobodan Milošević.
Aquel régimen no representaba una amenaza militar directa para la OTAN. La intervención fue, más bien, moral y humanitaria, emprendida en respuesta a la violencia masiva, la limpieza étnica y una campaña de brutalidad sistemática que siguió a la desintegración de la Yugoslavia multinacional.
Estas intervenciones marcaron un punto de inflexión en la política internacional. Legitimaron el principio de que la protección de las poblaciones civiles puede prevalecer sobre la soberanía nacional absoluta y erosionaron la distinción tradicional entre la represión interna y el conflicto internacional cuando los derechos humanos fundamentales están en juego.
PUBLICIDAD
En 1995, la OTAN lanzó la Operación Fuerza Deliberada, una campaña aérea sostenida contra objetivos militares serbobosnios. Cuatro años más tarde, en 1999, la OTAN llevó a cabo la Operación Fuerza Aliada, atacando infraestructura militar serbia y activos del régimen en Kosovo para proteger a la población civil albanesa frente a matanzas masivas.
Estas acciones obligaron a Serbia a negociar los Acuerdos de Dayton, pusieron fin a la guerra de Bosnia y forzaron la retirada de las fuerzas serbias de Kosovo. El régimen de Milošević finalmente colapsó. Aunque la región sigue enfrentando desafíos políticos, étnicos e institucionales, no ha experimentado desde entonces guerras civiles o interestatales a gran escala.
PUBLICIDAD

Cabe destacar que este modelo de intervención se replicó en Libia en el año 2011 y culminó con la caída del Coronel Khadaffy (con apoyo de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU) pero no se ha aplicado en otras catástrofes humanitarias —como las ocurridas en Siria, Sudán o Nigeria— donde la respuesta internacional se ha limitado en gran medida a sanciones económicas en lugar de acciones militares.
¿Podría el caso de la ex Yugoslavia repetirse en Irán?
Irán presenta una oportunidad convincente para retomar el precedente balcánico.
Las actuales tensiones entre Estados Unidos y Europa pueden dificultar la coordinación transatlántica. Idealmente, la administración estadounidense lograría persuadir a sus aliados europeos para que participen en una campaña aérea selectiva contra bases militares del régimen y contra la Guardia Revolucionaria iraní.
PUBLICIDAD
Al igual que el régimen de Milošević, la teocracia iraní ha perpetrado matanzas masivas contra su propia población, asesinando a decenas de miles de personas en cuestión de días. Algunos observadores han comparado estas atrocidades con Babi Yar, donde más de 30.000 judíos fueron asesinados por los nazis en 1941. Imagínese, es el mismo número de víctimas que la junta militar argentina cobró durante sus siete años en el poder, pero en un periodo de solo dos días. Desde una perspectiva de derechos humanos, el argumento moral requiere poca explicación.
A diferencia del régimen de Milošević, sin embargo, Irán representa una amenaza directa y persistente más allá de sus fronteras. La República Islámica desestabiliza Oriente Medio, amenaza a Israel y pone en riesgo los intereses occidentales, incluidos los de Estados Unidos, Europa y América Latina. En Europa, las actividades criminales y terroristas de Irán están ampliamente documentadas. En América Latina, Irán y Hezbolá mantienen una presencia profundamente arraigada.
PUBLICIDAD
Si la OTAN no estuviera dispuesta a intervenir, Estados Unidos e Israel no deberían descartar actuar de manera independiente. Las fuerzas proxy de Irán —las milicias proiraníes en Irak y Siria, así como los hutíes en Yemen— han atacado repetidamente a fuerzas estadounidenses y a aliados de Estados Unidos, incluida Arabia Saudita, y amenazan a los socios estadounidenses en todo el Golfo Pérsico.
Si Estados Unidos optara por no intervenir, Israel podría no tener otra opción que actuar en solitario. Desde la perspectiva israelí, una solución política en Gaza y el desarme de Hamás seguirán siendo imposibles mientras el régimen iraní continúe armando, financiando y dirigiendo a sus grupos aliados. Además, no puede esperarse que Israel continúe, como lo ha hecho durante las últimas dos décadas, soportando la amenaza persistente que representa el avance del programa nuclear iraní y su patrocinio del terrorismo en sus fronteras.
PUBLICIDAD
No hace falta añadir que un Irán con armas nucleares constituiría una grave amenaza global, desencadenando una proliferación regional y aumentando de forma dramática el riesgo de una guerra a gran escala.
Existen múltiples vías de acción —por parte de la OTAN, de Estados Unidos e Israel, o de Israel en solitario—. Lo que no admite duda, sin embargo, es que por el bien del pueblo iraní, de la estabilidad regional y de la seguridad global, el régimen de los Ayatolas debe llegar a su fin.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El verdadero desafío europeo no es la inmigración que se ve, sino la emigración que nadie registra
Economías de bajo crecimiento, mercados laborales poco dinámicos y costos de vivienda en alza empujan a los jóvenes profesionales hacia Estados Unidos, Canadá, Australia y el Medio Oriente

Ninguna estrategia criminal es más fuerte que una región que piensa a largo plazo y decide actuar unida
La confianza, la cooperación y la visión de largo plazo son el verdadero diferencial para enfrentar la amenaza del crimen organizado, que opera a través de fronteras y de generaciones

La justicia dividida: por qué la extraterritorialidad penal de Beijing fractura la diplomacia global
La cooperación penal internacional no resiste cuando el sistema judicial de un país se percibe como un instrumento de presión ideológica transnacional

Qué hay detrás del problemático avance de China en Uruguay
En gran medida, Uruguay ha pasado desapercibido para Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los países del hemisferio occidental con mayor vinculación económica con Beijing en relación con su tamaño

Zelensky: “No nos arrodillaremos, no nos rendiremos jamás”
El presidente ucraniano ha emergido como un nuevo líder excepcional en estas oscuras y dramáticas horas que vive su castigado país. Fue el gran protagonista durante el acto por un nuevo aniversario de Ucrania




