
El comercio exterior es un rubro dinámico y lleno de desafíos. Gadiel reconoce cómo las tecnologías de rastreo y la inteligencia artificial han facilitado la operatoria, pero destaca que, en este sector, “nos enfrentamos a obstáculos todo el tiempo”. En esta entrevista, nos comparte su mirada sobre cómo la logística internacional sigue evolucionando y qué habilidades son clave para adaptarse.
En un mundo tan dinámico, ¿cómo sentís que se transforma el rol del forwarder en la dinámica del comercio exterior?
La dinámica del comercio exterior está evolucionando de la mano de la tecnología. Hoy en día, estamos integrando herramientas como inteligencia artificial y sistemas de rastreo de contenedores que hacen que el trabajo sea mucho más ágil. Antes, los trámites en aduana se hacían de manera presencial, hoy casi todo se maneja de manera virtual.
Esto no solo facilita la operativa, sino que también permite que tanto los operadores actuales como los nuevos puedan ingresar más fácilmente al mercado. Lo que está pasando es que la tecnología simplifica mucho el trabajo, pero la esencia del comercio exterior sigue siendo tan dinámica como antes.
En base a todos estos cambios, ¿cuál dirías que es el perfil ideal para un profesional de este sector?
Creo que el perfil más adecuado para este sector es el de una persona muy flexible, alguien capaz de adaptarse rápidamente a los cambios. Los profesionales del comercio exterior tenemos que estar en el minuto a minuto, ya que las normativas cambian constantemente. Es un sector que exige estar muy atentos y responder con rapidez. La flexibilidad y la capacidad de adaptarse a lo nuevo son, sin dudas, dos de las características más importantes.
¿Y cuáles son las claves para transformar la complejidad del sector en claridad cuando se interactúa con los usuarios?
Me gusta decir que “cuanto más oscura es la noche, más claras son las estrellas”. Lo que trato de transmitir con esta metáfora es que, frente a los problemas o los desafíos, siempre hay una solución clara. Nuestro trabajo es encontrar esa luz y ofrecerla al cliente.
En el comercio exterior nos enfrentamos a obstáculos todo el tiempo, pero nuestra tarea es resolverlos de manera eficiente y con transparencia. De esa forma, los problemas que surgen no solo se resuelven, sino que se transforman en oportunidades para mejorar.
¿Cómo equilibrás desde tu rol de liderazgo el hecho de delegar y mantener la responsabilidad de una operación?
Llegar a este punto no fue fácil. Al principio, delegar fue uno de los mayores desafíos, porque una empresa es como un bebé que vas criando, día a día, con mucho esfuerzo. Durante años, me costó entender que “nadie va a hacer las cosas como yo”, pero con el tiempo entendí que no necesariamente tienen que ser exactamente como yo lo haría, siempre y cuando el objetivo se cumpla.

Es un proceso de confiar en las personas que te rodean. A medida que vas delegando y confiando en tu equipo, te das cuenta de que la empresa puede funcionar igual de bien o incluso mejor. Y lo más importante es que te permite pensar en nuevas ideas y estrategias. Al final, uno se va alejando un poco del “frente de batalla” y empieza a observar desde otro lugar.
¿Y cómo generás confianza puertas afuera?
La confianza se genera principalmente con claridad y transparencia. En comercio exterior, las cosas no siempre salen como se planearon, y el cliente lo sabe. Es fundamental ser sincero con ellos, contarles las variables exógenas a las que estamos expuestos y mostrarles cómo trabajamos para minimizar esos riesgos.
En muchos casos, nos encontramos con clientes que están importando por primera vez, y para ellos es clave tener un acompañamiento cercano, explicándoles todo el proceso y mostrándoles cómo nos aseguramos de que todo salga bien.
Tenés experiencia trabajando con China, ¿qué cambios has notado en los últimos años?
Trabajar con China ha sido muy interesante. Es una cultura que me gusta mucho, y me he encontrado con una sociedad ordenada y muy seria. A pesar de la gran diferencia horaria, la comunicación fluye muy bien.
El trabajo diario con China se ha vuelto mucho más fácil y eficiente con el paso del tiempo. Al principio, los desafíos eran más grandes, pero hoy todo está más aceitado. La información llega rápido y los procesos son mucho más ágiles, lo que facilita el comercio exterior con ese país.
¿Cómo te llevás con la implementación de la tecnología en el sector?
La tecnología es fundamental, sin duda, pero creo que tiene que estar al servicio del cliente. Aunque no estoy tan familiarizado con la tecnología, cuento con un equipo que me ayuda a implementarla. Lo ideal es que la tecnología no sea fría ni distante.
A veces, los sistemas pueden ser impersonales, y mi filosofía apunta a estar lo más cerca posible del cliente. Mi objetivo es mantener ese equilibrio entre lo digital y lo humano, porque al final del día, el comercio exterior se basa en relaciones de confianza.
¿Qué reflexión final te gustaría dejar para los lectores?
Mi mensaje final sería que el comercio exterior es un sector hermoso y dinámico. Tiene sus desafíos, pero es fascinante, porque no tiene techo. Cada día te enfrentás a nuevos actores, nuevas oportunidades, y todo eso te enriquece como profesional.
Si te apasiona lo que hacés, no hay nada más gratificante que lograr un buen resultado. Lo volvería a elegir sin dudas. Y sobre todo, creo que el comercio exterior es un lugar donde las relaciones personales siguen siendo esenciales, más allá de la tecnología y los sistemas.
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