
Al referirse al trabajo con exportaciones de carne, Roxana comenta que “hay que averiguar absolutamente todos los pasos y las intervenciones”. En esta entrevista, repasa la complejidad documental, la trazabilidad y los requisitos que exige China para liberar una carga sin inconvenientes.
¿Cómo fue incursionar en el rubro de exportación de carne a China?
El despachante puede especializarse o incursionar en nuevos rubros cuando aparece la oportunidad. En mi caso, llegué al sector de carnes gracias a un cliente que exporta grandes volúmenes a China. Eso se dio por muchos años de trayectoria y por la confianza construida a lo largo del tiempo.
Para exportar carne, hay que prepararse mucho, informarse y conocer cada paso. Se aprende mucho en el camino. Y la verdad, es muy gratificante ver cómo crecen las exportaciones argentinas. En septiembre de 2025, por ejemplo, hubo un récord de ingreso de divisas por exportaciones de carne, y China lideró ese ranking.
¿Qué particularidades enfrentás cuando preparás una exportación de carne al mercado chino?
China tiene requisitos muy estrictos. El despachante debe confeccionar toda la documentación necesaria para que la carga pueda ser importada sin problemas. La base de todo es la intervención de Senasa, que tiene un área específica para productos de origen animal.
Los certificados sanitarios deben llegar en papel original y también se informan electrónicamente. Es un sistema de trazabilidad muy preciso. Si no cumplís con cada paso, la carga no se libera en destino. Por eso la documentación tiene que estar perfecta.
Si un frigorífico argentino quiere empezar a exportar carne a China, ¿qué debe saber?
Lo principal es que el frigorífico debe estar habilitado por el gobierno chino. Toda la cadena —faena, elaboración, producción— tiene que cumplir con esos estándares. Si no, es imposible entrar al mercado.
Después, una vez que China ve que la calidad es buena y que las entregas son serias y continuas, se convierte en un cliente muy fiel. Valoran la responsabilidad y la continuidad. Cuando se construye esa relación, la demanda se sostiene en el tiempo.
Además de China, ¿qué otros mercados están fuertes para exportación de carne?
Israel es un comprador muy importante, sobre todo de carne kosher. Y Estados Unidos también demanda muchísimo. En los rankings aparecen primero China, luego Israel y Estados Unidos, y después otros países, incluyendo destinos de la Unión Europea.
Pasando al tema de importaciones, ¿qué particularidades ves al trabajar con maquinaria y bienes de capital?
La importación de maquinaria tuvo mejoras, sobre todo en facilitaciones de pago y en los plazos. Eso hizo que muchos empresarios se animaran a modernizar sus equipos productivos.
Veo mucha decisión de invertir en bienes de capital para mejorar procesos. Incluso la maquinaria usada, que antes generaba dudas, hoy se ve como una opción válida para actualizar plantas y ganar eficiencia. Y muy seguido, esa actualización termina llevando a que las empresas también empiecen a exportar.

¿Cómo viste la evolución del trabajo del despachante de aduana a lo largo de estos años?
El despachante es una figura fundamental en la cadena de servicios. Nuestro rol exige estar actualizados todo el tiempo, profesionalizarnos, saber asesorar y entender en profundidad la legislación que cambia de manera permanente.
Representamos a importadores y exportadores ante entidades públicas y privadas, así que la responsabilidad es enorme. Para que las operaciones tengan éxito, tenés que estar formado, saber interpretar normas y brindar una atención que optimice tiempos y costos. Todo eso es parte de la misma cadena logística.
¿Cuáles son los desafíos más fuertes que atraviesa hoy la profesión?
Hoy el sector está desregulado, lo que significa que ya no es necesario rendir examen ante Aduana. Pero, aun así, creo que las empresas siguen buscando alguien experimentado, que conozca la legislación y que pueda resolver situaciones complejas.
La confianza se construye con responsabilidad, con criterio y con conocimiento técnico. Y también entendiendo que esto cambia todos los días. Si no estás actualizado, quedás atrás rápidamente, porque cada intervención y cada normativa impacta en la operación y en los tiempos.
¿Qué expectativas tenés para el país en materia de comercio exterior?
Soy muy esperanzada. Creo que el 2026 va a ser un año muy positivo para importadores, exportadores y productores. La desregulación de ciertas intervenciones agilizó mucho las operaciones.
Recibo muchas consultas de empresas nuevas y de importadores que quieren traer productos novedosos, incluso para el sector agrícola. Todo ese movimiento genera trabajo y es una señal de crecimiento para toda la cadena.
¿Qué herramientas digitales están facilitando hoy las operaciones?
Hoy contamos con la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE). Es una herramienta que centraliza gestiones que antes estaban dispersas en distintos organismos.
De todas formas, siempre recomiendo consultar a un despachante de aduana. La tecnología ayuda, pero no reemplaza la interpretación profesional ni la experiencia para evitar errores que pueden ser costosos.
¿Qué reflexión te gustaría dejar sobre la profesión?
Deseo mucho crecimiento para el país y para todos los profesionales del comercio exterior. Me gustaría que cada organismo y cada actor entienda que somos células de un mismo organismo. Cuando cada uno hace su parte, todo fluye.
Y que siempre haya trabajo, porque esta profesión se sostiene con compromiso, actualización y ganas de seguir creciendo.
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